Venezuela pide negociar Esequibo en la CIJ: ¿diplomacia o teatro?

Caracas insiste en la negociación política pero rechaza la jurisdicción de la Corte. Una estrategia que huele más a táct

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Lo que debes de saber

  • Delcy Rodríguez afirmó ante la CIJ que negociar con Guyana es «inevitable e indispensable», pero Venezuela insiste en no reconocer la competencia del tribunal.
  • La disputa por el Esequibo se intensificó desde 2015, cuando ExxonMobil descubrió enormes yacimientos petrolíferos en alta mar.
  • Venezuela apela a un acuerdo de 1966 que anulaba el laudo de 1899, mientras Guyana pide a la CIJ que confirme el trazado colonial.
  • Rodríguez viajó a La Haya pese a estar sancionada por la UE desde 2018, en su primer viaje a Europa desde que asumió la presidencia tras la captura de Maduro.
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Tomado de: Dw

El baile de la negociación forzada

El lunes 11 de mayo de 2026, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se paró frente a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya y soltó una frase que, en cualquier otro contexto, sería una declaración de buena fe: «negociar con Guyana por la controversia territorial sobre el Esequibo es inevitable e indispensable». Vestida de blanco, como si fuera a una boda, la exnúmero dos de Nicolás Maduro —hoy presidenta tras la captura del líder chavista por Estados Unidos en enero— intentó vender la idea de que Venezuela busca una solución pacífica y diplomática. Pero el discurso se desmorona cuando se revisa la letra chiquita: Dw reporta que los representantes venezolanos reafirmaron su «posición histórica» y negaron reconocer la competencia de la CIJ en materia de soberanía. Es decir, van al tribunal a pedir que se negocie, pero le dicen al juez: «usted no manda aquí». Una contradicción tan evidente que hasta el más distraído levanta la ceja.

«Ninguna sentencia de esta Corte sobre la controversia territorial brindará una solución definitiva aceptable para ambas partes», argumentó Rodríguez ante la CIJ, según Dw.

La declaración es un acto de equilibrio imposible: por un lado, Venezuela acude al máximo órgano judicial de la ONU —lo que ya es un reconocimiento tácito de su relevancia— pero, por el otro, insiste en que la única vía válida es la negociación política bilateral. Es como ir al médico a pedir un diagnóstico, pero advertirle que no vas a tomar ningún medicamento que te recete. La estrategia, más que diplomática, parece un intento por ganar tiempo mientras el petróleo del Esequibo sigue fluyendo hacia las arcas de Guyana y ExxonMobil.

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Tomado de: Cnnespanol Cnn

El petróleo: la madre de todas las disputas

Para entender por qué este conflicto se ha vuelto tan álgido, hay que mirar el subsuelo. La controversia territorial se intensificó a partir de 2015, cuando ExxonMobil descubrió enormes yacimientos petrolíferos en alta mar frente a las costas del Esequibo. Ese hallazgo convirtió a Guyana en el país con mayores reservas mundiales de crudo per cápita, según Unitel Bo. De repente, un territorio de 160.000 kilómetros cuadrados —que abarca más de dos tercios de Guyana— dejó de ser una disputa de manual de historia para convertirse en una lucha por miles de millones de dólares. Venezuela reclama esa franja desde el siglo XIX, basándose en un acuerdo de 1966 que anulaba el Laudo Arbitral de 1899, el cual otorgó la soberanía al Reino Unido, la potencia colonial de entonces. Guyana, por su parte, sostiene que el trazado de su frontera fue ratificado por ese laudo y pide a la CIJ que lo confirme.

El problema es que, mientras los abogados discuten en La Haya, la realidad en el terreno ya cambió. Guyana ya está explotando el petróleo, ya firmó contratos, ya construyó infraestructura. Venezuela, sumida en una crisis económica y política que la ha dejado sin capacidad de proyectar poder más allá de sus fronteras, llega a la mesa de negociación con las manos vacías. La ironía es que el país que presume tener las reservas de crudo más grandes del mundo —Venezuela— ahora ve cómo su vecino, que hasta hace una década era uno de los más pobres de Sudamérica, se convierte en un productor petrolero de primer nivel gracias a un territorio que Caracas considera suyo.

Delcy Rodríguez: la sancionada que viaja

Otro detalle que no pasa desapercibido es el perfil de la enviada venezolana. Delcy Rodríguez está incluida desde 2018 en la lista de funcionarios venezolanos sancionados por la Unión Europea, lo que en principio le impide ingresar al bloque comunitario. Sin embargo, como CNN en Español documenta, ya había representado a Venezuela en una cumbre en Bruselas en 2023 y en una audiencia previa en la CIJ. Esta vez, además, lució un broche dorado con el mapa de Venezuela que incluía el territorio en disputa, un gesto que ya había provocado indignación en Guyana durante su viaje a Granada. La imagen de una funcionaria sancionada por la UE defendiendo la soberanía venezolana en el corazón de Europa es, cuando menos, paradójica. Pero en el mundo del chavismo tardío, donde la realidad supera cualquier guión de telenovela, esto parece ser lo de menos.

Lo que sí importa es que este viaje marca el primero de Rodríguez a Europa desde que asumió la presidencia, y solo el tercero al extranjero —los anteriores fueron a Granada y Barbados, países caribeños vecinos. La elección de La Haya como destino no es casual: es el escenario donde Venezuela intenta demostrar que sigue siendo un actor relevante en la arena internacional, aunque su peso real se haya reducido a una fracción de lo que fue.

¿Negociación o dilación?

Al final del día, la pregunta que queda flotando es si la postura venezolana es una genuina apuesta por la diplomacia o una táctica dilatoria para evitar una sentencia adversa. La CIJ programó cuatro audiencias —los días 4, 6, 8 y 11 de mayo— y ambas partes ya presentaron sus argumentos. Pero mientras Guyana pide una resolución clara que confirme el laudo de 1899, Venezuela insiste en que el único camino es la negociación bilateral, fuera del marco judicial. Es una estrategia de alto riesgo: si la Corte falla en contra de Venezuela, Caracas quedará en una posición aún más débil, con una sentencia internacional que respalde la posición guyanesa. Si, por el contrario, logra que el caso se resuelva por la vía política, habrá ganado tiempo, pero no necesariamente territorio.

Mientras tanto, el Esequibo sigue siendo un territorio rico en recursos que Guyana controla de facto, y el petróleo sigue fluyendo. La historia, como siempre, la escriben los que tienen el poder de hacerlo. Y en esta disputa, por ahora, Venezuela parece estar perdiendo no solo el juicio, sino también la oportunidad de sentarse a negociar en serio.


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