Lo que debes de saber
- Un ciudadano estadounidense, una francesa y un español dieron positivo al hantavirus tras regresar del crucero MV Hondius.
- La OMS descarta un brote mayor, pero advierte que podrían aparecer más casos por el largo periodo de incubación del virus.
- Tres pasajeros murieron a bordo del crucero, que partió de Argentina y tuvo que atracar en Tenerife para una evacuación sin precedentes.
- El rastreo de contactos abarca 23 países y se extiende a pasajeros que desembarcaron antes de que se detectara el brote.
- La transmisión de la cepa andina del hantavirus entre humanos es posible, lo que complica el control del brote.

El virus no se quedó en el barco
Cuando el MV Hondius fondeó en Tenerife el 10 de mayo, la esperanza era que el brote de hantavirus se quedara confinado a ese crucero de lujo. Pero la realidad, como suele pasar, resultó más tozuda. Según reporta BBC Mundo, tres pasajeros que ya habían regresado a sus países —un estadounidense, una francesa y un español— dieron positivo al virus después de desembarcar. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los planes de repatriación que, con bombos y platillos, habían sido calificados como «sin precedentes» por la ministra de Sanidad de España.
El dato que más preocupa no es solo que haya nuevos casos, sino dónde aparecieron. Estos pasajeros no estaban en cuarentena en Tenerife: ya estaban en sus casas, en sus países, conviviendo con otras personas. La francesa, por ejemplo, tiene 22 contactos rastreados y su salud, según la ministra de Salud de Francia, «está deteriorándose». El español, que viajaba entre los 14 connacionales que fueron sometidos a pruebas PCR, empezó a desarrollar síntomas la noche del miércoles. El virus, pues, no respetó fronteras ni protocolos de repatriación.
«No hay ningún indicio que apunte a que vaya a haber un brote mayor», dijo el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una rueda de prensa en Madrid. Pero acto seguido matizó: «Nuestro trabajo no ha terminado».

Una operación que parecía controlada
La evacuación del MV Hondius fue, sin duda, un despliegue logístico impresionante. Como documenta BBC desde Tenerife, el barco llegó antes del amanecer pero no se le permitió atracar: se le impuso un perímetro de seguridad de una milla náutica. Embarcaciones de la Guardia Civil rodearon el buque mientras los equipos sanitarios entraban para evaluar a los pasajeros asintomáticos. La idea era clara: aislar el virus en el mar y repatriar a todos sin que el mal se filtrara a tierra firme. Pero el plan tenía un agujero: el periodo de incubación del hantavirus puede extenderse hasta seis semanas, y muchos pasajeros ya habían desembarcado antes de que se detectara el brote.
De hecho, como reporta BBC en otro artículo, las autoridades sanitarias de todo el mundo trabajan a contrarreloj para rastrear a decenas de personas que se bajaron del crucero en la isla de Santa Elena el 24 de abril, mucho antes de que se confirmaran los primeros casos. La OMS se mantiene en contacto con al menos 12 países que están haciendo seguimiento a sus ciudadanos. Pero, seamos honestos: rastrear a personas que ya están en sus casas, que ya convivieron con familiares y amigos, es como tratar de atrapar el humo con las manos.
La cepa andina: el factor que cambia todo
Lo que hace que este brote sea particularmente inquietante es que la cepa de hantavirus involucrada —la llamada «cepa andina»— no se comporta como el hantavirus clásico. Normalmente, este virus se transmite por roedores: las personas se infectan al inhalar aire contaminado con partículas virales de la orina, excrementos o saliva de estos animales. Pero la cepa andina, según la OMS, puede transmitirse entre humanos a través del «contacto estrecho e íntimo». Eso significa que el riesgo no se limita a quienes estuvieron en el crucero, sino que se extiende a sus contactos cercanos. Y eso, en términos de salud pública, es un dolor de cabeza mayúsculo.
La confirmación de los tres nuevos casos —con el dato escalofriante de que el estadounidense viajó de regreso en una «unidad de biocontención»— deja claro que las autoridades no estaban preparadas para una eventualidad así. El Departamento de Salud de Estados Unidos informó que un segundo ciudadano a bordo del vuelo de repatriación también presentó síntomas leves. Es decir, el virus no solo viajó con ellos: viajó en el mismo avión.

El clamor de los pasajeros: «Somos personas, no solo noticia»
En medio de la tormenta mediática y sanitaria, hay una voz que a menudo se pierde: la de los propios pasajeros. BBC recogió el testimonio de quienes estuvieron atrapados en el crucero mientras el mundo debatía si debían desembarcar o no. «Somos personas, no solo noticia», clamaron, mientras las autoridades locales —empezando por el presidente de Canarias— se negaban a recibirlos. El gobierno español tuvo que recordarles que, según las normas sanitarias internacionales, estaban obligados a aceptar el barco. Pero el mensaje ya había calado: el miedo al contagio pesaba más que la solidaridad.
Y ese miedo, hay que decirlo, no es infundado. El brote ya ha cobrado tres vidas: una pareja neerlandesa y una mujer alemana. Dos de ellos tenían confirmación del virus. El crucero, que partió de Ushuaia, Argentina, el 1 de abril, se convirtió en una trampa flotante donde el virus se propagó silenciosamente durante semanas. Cuando los primeros síntomas aparecieron, ya era demasiado tarde para contenerlo en el barco.
¿Qué sigue?
La OMS insiste en que esto no es el inicio de una pandemia como la del covid-19. Y probablemente tengan razón: el hantavirus no se transmite por el aire como el SARS-CoV-2, y su capacidad de propagación es mucho más limitada. Pero el problema no es la escala global, sino la escala humana. Cada nuevo caso es una persona que enfrenta una enfermedad con una tasa de mortalidad que puede superar el 30% en algunas cepas. Y cada nuevo caso es también una prueba de que los protocolos de contención, por más meticulosos que sean, tienen límites.
Mientras los 23 países involucrados en la repatriación siguen rastreando contactos y haciendo pruebas, la pregunta que queda flotando es incómoda: ¿cuántos pasajeros más darán positivo en los próximos días? El periodo de incubación del hantavirus —hasta seis semanas— significa que aún no hemos visto el final de esta historia. Y lo peor es que, como ya se vio, el virus no necesita un barco para viajar: le basta con un pasajero que regresa a casa.
Fuentes consultadas:
- Bbc – Confirman tres nuevos casos de hantavirus en los pasajeros que viajaban en el crucero afectado
- Bbc – Brote de hantavirus: Cómo se preparan los médicos de Tenerife para la evacuación del crucero
- Acento Com Do – Confirman tres nuevos casos de hantavirus en los pasajeros que viajaban en el crucero afectado y regresaron a sus países
- Bbc – «Somos personas, no solo noticia»: el clamor de los pasajeros atrapados en el crucero afectado por el hantavirus
- Bbc – Brote de hantavirus: La carrera internacional para rastrear a los pasajeros que se bajaron antes de que se descubrieran los contagios


