TL;DR
- El agresor tenía orden de alejamiento vigente cuando atacó a su expareja en Sant Antoni de Portmany
- La víctima principal, de 31 años, está en estado crítico con traumatismo craneal en la UCI
- Contrario a información inicial, las otras heridas son la madre (57) y hermana (27) de la víctima, no sus hijas
- En lo que va de 2026 ya son seis mujeres asesinadas por violencia machista en España
El papel no aguanta navajazos
Una orden de alejamiento debería ser un escudo, no un trozo de papel decorativo. Pero este domingo en Sant Antoni de Portmany, Ibiza, la realidad demostró que las prohibiciones judiciales valen menos que el tóner con que se imprimen. Según El País, un hombre con orden de alejamiento vigente atacó a su expareja dejándola en estado crítico, y de paso agredió a su madre y hermana. La Guardia Civil lo detuvo en el lugar de los hechos, pero esa detención llegó después de que el daño ya estaba hecho. ¿De qué sirve que te prohíban acercarte si igual lo hacen?
La confusión que revela el desmadre
Lo más revelador de este caso no es solo la agresión, sino cómo se manejó la información. Primero el Instituto Balear de la Mujer (IbDona) reportó que el hombre había herido también a sus dos hijas. Horas después, la corrección: las otras dos heridas eran la madre de 57 años y la hermana de 27. ¿Error de comunicación o reflejo de lo común que se ha vuelto que los hijos terminen en medio de estas tragedias? El dato corregido no quita gravedad: tres generaciones de una misma familia hospitalizadas porque un tipo decidió ignorar que un juez le dijo «no te acerques».
El estado crítico de la protección
La víctima principal, española de 31 años, ingresó a la UCI del Hospital Can Misses a las 11:18 horas con traumatismo craneal. Para las 15:15 ya la estaban trasladando a la Policlínica Nuestra Señora del Rosario. Esa ventana de cuatro horas resume toda la tragedia: el tiempo que pasa entre el ataque, la atención médica y la transferencia es el mismo tiempo en que el sistema falló en prevenir. Marga Prohens, presidenta del Govern, salió a condenar «amb la màxima contundència» la agresión en redes sociales. Bonitas palabras, pero la víctima sigue en estado crítico mientras los tuits se acumulan.
Las cifras que no paran de sangrar
El País documenta que en lo que va de 2026, seis mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Desde 2003, cuando arrancó la estadística oficial, van 1,349. Mil trescientas cuarenta y nueve. El número suena abstracto hasta que piensas que cada una tenía nombre, familia, planes. Y ahora hay que sumar a esta mujer de 31 años que lucha en la UCI, más su madre y hermana con contusiones. Las órdenes de alejamiento se multiplican, los teléfonos de ayuda (016, 112, 091, 062) se promocionan, las apps como ALERTCOPS se desarrollan, pero los agresores siguen encontrando la forma.
¿Tolerancia cero o papel mojado?
Prohens habla de «tolerancia zero davant qualsevol forma de violència contra les dones». Suena bien en catalán y en español. Suena bien en los discursos y en los comunicados de prensa. Pero en Sant Antoni de Portmany, una mujer con orden de protección terminó con traumatismo craneal. Su agresor estaba supuestamente alejado por orden judicial. ¿Dónde está esa tolerancia cero cuando el papel de la orden no detiene los golpes? El IbDona dice que está atendiendo el caso «amb tots els recursos necessaris». Excelente. ¿Y los recursos para prevenir que llegue a esto?
Lo más preocupante es la normalización. La noticia viene con todos los teléfonos de emergencia, las recomendaciones de borrar el historial de llamadas, las opciones de WhatsApp y correo. Como si fuera un manual de instrucciones que ya todos deberíamos saber de memoria. Como si la solución fuera que las víctimas memoricen mejor los protocolos, en lugar de que los agresores no puedan acercarse. La Guardia Civil hizo su trabajo deteniendo al tipo en el lugar. Pero la pregunta incómoda queda flotando: ¿cuántas órdenes de alejamiento más van a convertirse en papel mojado antes de que el sistema realmente proteja?


