TL;DR
- Maduro está preso, pero Delcy Rodríguez heredó el poder chavista intacto
- María Corina Machado tiene el Nobel de la Paz pero no el control del país
- Trump habla de «gobernar Venezuela» mientras las petroleras no quieren invertir
- Los venezolanos siguen apoyando a González Urrutia, pero nadie los deja gobernar
El dictador cayó, pero la dictadura sigue de pie
La madrugada del 3 de enero de 2026, las fuerzas especiales metieron a Nicolás Maduro en una celda. Fin de la historia, ¿no? Pues no. Según Elpais, lo que parecía el final del chavismo resultó ser solo un cambio de actores. Delcy Rodríguez, la mano derecha del régimen, tomó el mando como si nada. Y ahí está el primer absurdo: capturan al jefe, pero la estructura de poder -ejército, seguridad, justicia, gobernaciones- sigue intacta y en manos de los mismos de siempre.
El Nobel que no alcanza para gobernar
María Corina Machado tiene el premio Nobel de la Paz, el reconocimiento mundial y el apoyo mayoritario de los venezolanos que votaron por ella y Edmundo González Urrutia en 2024. Pero lo que no tiene es una silla en la mesa donde se reparte el poder real. Elpais documenta que Machado habla de «una nueva era», pero la Administración Trump todavía no termina de reconocerla como interlocutora válida. Marco Rubio le tira flores en voz baja, pero el resto del gobierno estadounidense parece más interesado en negociar con Delcy Rodríguez que en respetar la voluntad popular venezolana.
Trump y su fantasía de «gobernar Venezuela»
El presidente estadounidense declaró que EEUU «gobernará el país», pero según Elpais, «no se lo creen ni ellos mismos». La realidad es más complicada: las petroleras americanas no están dispuestas a invertir en un país donde no hay garantías judiciales mínimas y donde ya vivieron la experiencia de las expropiaciones de Chávez. Trump quiere el petróleo, pero las empresas que deberían extraerlo tienen memoria histórica y no se van a arriesgar a otro descalabro.
Los dos escenarios: ambos malos para la democracia
El análisis de Elpais presenta dos caminos posibles, y ninguno es optimista para las fuerzas democráticas. El primero: negociar con Delcy Rodríguez, lo que significaría dejar fuera a los líderes electos por los venezolanos. El segundo: una «segunda oleada» militar que rompa lo que queda del chavismo, pero que obligaría a Trump a entenderse con Machado y González Urrutia. El problema es que el control chavista del aparato estatal es total, y enderezar ese barco va a ser más difícil que sacar a Maduro de su bunker.
La paradoja venezolana: ganaron las elecciones pero perdieron el poder
Aquí está el meollo del asunto: en 2024, los venezolanos votaron masivamente por la oposición democrática. Dos años después, con el dictador preso en Nueva York, siguen sin poder gobernar. Elpais señala que incluso con toda su dirigencia «en prisión, clandestina o exiliada», los venezolanos no han dejado de apoyar a González Urrutia y Machado. Pero ese apoyo popular no se traduce en poder real. Delcy Rodríguez tendrá que ceder en algunos puntos -liberar presos políticos, convocar elecciones-, pero el núcleo duro del chavismo sigue controlando las palancas del Estado.
¿Y ahora qué sigue?
La captura de Maduro cambió el tablero, pero no las reglas del juego. Las fuerzas democráticas tienen la legitimidad electoral, el reconocimiento internacional y el apoyo popular. Lo que no tienen es control sobre el ejército, la policía, los tribunales o las gobernaciones. Trump quiere el petróleo, pero no quiere el lío de reconstruir un país destrozado. Las petroleras quieren ganancias, pero no riesgos. Y los venezolanos… los venezolanos siguen esperando que alguien respete el voto que emitieron hace dos años. La pregunta incómoda que nadie quiere responder: ¿de qué sirve capturar al dictador si la dictadura sobrevive sin él?


