TL;DR
- La UTA es tercera en Chile según Times Higher Education 2026
- Destaca en Calidad de Investigación (5°) y Ambiente de Investigación (8°)
- El rector celebra el logro como resultado de «décadas» de estrategia
- Un académico advierte que los rankings miden solo parte de la realidad universitaria
- La tensión entre excelencia global y pertinencia local queda en evidencia
Del extremo norte al top 3: cuando los números cuentan una historia incompleta
La Universidad de Tarapacá, con sedes en Arica e Iquique, acaba de lograr lo que pocas universidades regionales chilenas pueden presumir: ser reconocida como la tercera mejor institución del país según el ranking Times Higher Education (THE) 2026 para Latinoamérica. Elpais reporta que la UTA alcanzó el puesto 18° a nivel regional, pero lo más llamativo es su desempeño en indicadores específicos: quinto lugar en Calidad de Investigación y octavo en Ambiente de Investigación. No está mal para una universidad que, según su propio rector, «proyecta su quehacer desde el extremo norte de Chile».
La paradoja de la excelencia: ¿investigación de frontera o para la frontera?
El Dr. Emilio Rodríguez, rector de la UTA, no disimula su orgullo: «Este resultado es la expresión de un sistema de direccionamiento estratégico desarrollado por décadas». Y tiene razón para celebrar – competir con universidades metropolitanas que tienen presupuestos astronómicos y acceso a redes internacionales desde Arica no es poca cosa. Pero aquí viene el primer choque de realidad: Francisco Ganga, académico del doctorado en Educación de la misma universidad, pone los pies en la tierra con una advertencia que debería ser obligatoria en todo comunicado de prensa sobre rankings.
Ganga, especialista en gobernanza universitaria, señala algo que el rector pasa por alto: «Para un territorio como Arica y Parinacota, la calidad universitaria no puede limitarse a indicadores bibliométricos o de reputación global. También implica desarrollar investigación pertinente a los problemas fronterizos, ofrecer oportunidades a estudiantes de primera generación y contribuir al desarrollo de una región históricamente postergada». Ahí está el meollo del asunto: ¿de qué sirve ser quinto en Calidad de Investigación si esa investigación no necesariamente responde a las necesidades de una región fronteriza que carga con décadas de abandono?
El juego de las citas: cuando publicar bien no significa impactar localmente
El ranking THE evalúa 223 instituciones de 16 países según cinco dimensiones, pero como bien apunta Ganga, «la vara principal de calidad sigue siendo la docencia y el impacto social y territorial, aspectos que el ranking THE solo recoge de manera parcial». El académico explica el ascenso de la UTA: «Metodológicamente, este indicador mide el promedio de citas normalizado por campo y elimina sesgos de áreas muy citadas, de modo que el salto implica que la UTA empieza a producir un volumen importante de artículos que son tomados como referencia por la comunidad internacional».
Traducción: la universidad está publicando más y mejor en revistas internacionales, y otros investigadores están citando esos trabajos. Excelente para el CV institucional, pero ¿qué tanto de esa investigación sobre, digamos, física cuántica o inteligencia artificial se traduce en soluciones para los problemas de agua en el altiplano, para la migración en la triple frontera, o para la educación intercultural en comunidades aymaras?
La trampa de los rankings: celebrar lo que miden, olvidar lo que no
Aquí está la contradicción más absurda: una universidad que debería ser, por definición y ubicación, profundamente local y comprometida con su territorio, celebra su éxito en métricas diseñadas para medir excelencia global. El rector habla de «una universidad de verdad» que proyecta desde el norte, pero los indicadores que celebra son los mismos que premian a Harvard, Oxford o la UNAM. No hay nada malo en aspirar a la excelencia internacional, pero cuando esa aspiración se convierte en el único parámetro de éxito, algo se pierde en el camino.
Ganga lo dice sin rodeos: estos rankings representan «un reconocimiento externo valioso», pero los aspectos realmente importantes – docencia de calidad, impacto social, pertinencia territorial – «están mejor reflejados en mecanismos como la acreditación de la Comisión Nacional de Acreditación». O sea, mientras el rector saca pecho por el puesto 18° en Latinoamérica, el académico de la misma casa recuerda que hay otras formas, quizás más significativas, de medir lo que realmente importa.
¿Quién gana realmente con este tercer lugar?
La UTA muestra que una universidad regional puede «superar sus aparentes limitaciones», como señala Ganga. Eso es innegable y merece reconocimiento. Pero también muestra la tensión permanente en la educación superior: la presión por competir globalmente versus la obligación de servir localmente. El ranking THE mide Calidad de Investigación, Docencia, Ambiente de Investigación, Proyección Internacional y Vinculación con la Industria. Nada sobre vinculación con comunidades indígenas, nada sobre retención de estudiantes de primera generación, nada sobre investigación aplicada a problemas territoriales específicos.
Así que celebremos el logro de la UTA, pero con los ojos abiertos. Ser tercera en Chile según THE es un mérito indudable, especialmente para una universidad del extremo norte. Pero también es un recordatorio de que los rankings miden lo que pueden medir, no necesariamente lo que deberían medir. Y mientras el rector se toma la foto con el tercer lugar, en Arica y Parinacota siguen esperando que esa excelencia investigativa se traduzca en algo más concreto que buenas posiciones en listados internacionales.


