TL;DR
- Trump capturó a Maduro sin autorización del Congreso y lo tiene detenido en Nueva York
- Venezuela se convierte en protectorado estadounidense con empresas petroleras como reinas
- La ‘cuarentena’ a petroleros venezolanos es el regreso de la diplomacia de cañoneras
- Rubio habla sin tapujos: ‘Este es nuestro hemisferio y no vamos a permitir influencias malignas’
- La Doctrina Monroe renace como ‘corolario Trump’ en la nueva estrategia de seguridad nacional
El golpe que Trump prometió no dar
Donald Trump basó toda su campaña en la promesa de no meterse en guerras extranjeras. ‘No más Irak, no más Afganistán, no más reconstrucción de países’, decía como si fuera un mantra. Pero apenas llegó al poder, el hombre empezó a bombardear como si estuviera en oferta: Yemen, Siria, Irán, Nigeria. Y ahora Venezuela. Elpais documenta que la captura de Nicolás Maduro -sí, captura, no detención diplomática- se hizo sin autorización del Congreso y al puro estilo de los golpes que Washington daba en América Latina en los 70. El mismo Trump lo anunció desde Mar-a-Lago apenas diez horas después: Venezuela ahora es cosa de ellos.
Protectorado a la carta (con petróleo incluido)
Lo que Trump llama ‘gestionar’ Venezuela suena más a ‘saquear con permiso’. El país caribeño se convierte en protectorado indefinido donde lo que se haga en Caracas se dictará desde la Casa Blanca. Y aquí viene lo bueno: las empresas petroleras norteamericanas serán las reinas. No es metáfora, es declaración de política exterior. El secretario de Estado Marco Rubio lo confirmó sin pena: los líderes locales harán lo que Estados Unidos ordene o ‘lo pagarán muy caro’. La amenaza no es sutil, es directa como balazo.
La cuarentena que no es por salud
Mientras el mundo habla de sanciones, Washington usa otro término: ‘cuarentena’. Suena más inofensivo, ¿no? Como si fuera por nuestro bien. Pero la cuarentena que aplican es a los petroleros que salen de Venezuela, con despliegue militar en el Caribe incluido. Es el regreso de la diplomacia de las cañoneras, esa que practicaba Estados Unidos hace dos siglos cuando quería que los países pequeños bailaran al ritmo que les marcaban. Trump es franco: el petróleo es una de las grandes razones. Pero Elpais señala que va más allá – es poner en práctica su visión del mundo donde Estados Unidos es la potencia hegemónica natural y nadie le discute.
Doctrina Monroe 2.0: ahora con más Trump
Lo llaman el ‘corolario Trump a la doctrina Monroe’. Suena académico, elegante. En realidad es la misma mierda con diferente envoltorio: América Latina como patio trasero de Washington. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre lo dice sin ambages, y tras capturar a Maduro ya ni se molestan en disimular. Rubio lo explicó en Face the Nation de CBS: ‘En el siglo XXI, bajo la Administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro propio hemisferio… Simplemente eso no va a existir’. La frase clave: ‘nuestro propio hemisferio’. Como si el continente fuera su propiedad.
Los derechos humanos que nadie menciona
Lo más revelador de todo este desmadre es lo que NO se menciona: los derechos humanos. En la visión trumpista del mundo, ese detalle no entra en consideración. Lo que importa es el control, el petróleo y mandar el mensaje de que aquí manda el gringo. China y Rusia, aliados de Venezuela, quedan fuera de la ecuación. ‘Este es el hemisferio occidental. Es donde vivimos’, dice Rubio como si estuviera hablando de su patio. La pregunta incómoda: ¿y los venezolanos? ¿Ellos no viven ahí también?
La contradicción que huele a hipocresía
Trump prometió no intervenir, pero intervino. Prometió respetar las reglas internacionales, pero capturó a un presidente extranjero sin autorización del Congreso. Habló de soberanía nacional, pero convierte países en protectorados. La verdad es que el nuevo orden mundial de Trump se parece demasiado al viejo orden mundial de Estados Unidos: el del poder duro, las amenazas veladas y la idea de que América Latina es su jardín privado. Lo único nuevo es que ahora lo dicen en voz alta, sin el disfraz de la diplomacia. Y eso, quizás, sea lo más peligroso de todo.


