TL;DR
- Trump se salta la Super Bowl 2026 alegando que California está muy lejos
- Declara ser ‘anti’ Bad Bunny y Green Day, artistas que lo critican abiertamente
- El año pasado sí fue cuando el viaje era más corto y no había artistas ‘problemáticos’
- La ausencia evita un choque en un país polarizado y en un estado que no lo quiere
La excusa del kilometraje y el odio musical
Donald Trump tiene un problema de geografía y de gustos musicales. O al menos eso quiere hacernos creer. Según El País, el expresidente anunció que no asistirá a la Super Bowl de este año porque «el estadio está demasiado lejos de la Casa Blanca» y además «no le gustan ni Green Day ni Bad Bunny». Suena razonable, ¿no? Hasta que revisas los detalles y te das cuenta de que la historia huele más raro que un hot dog del tercer cuarto.
El año pasado sí, este año no: la diferencia no son las millas
Aquí está el dato que no cuadra: en 2025, Trump sí fue a la Super Bowl. Voló hasta Nueva Orleans, un viaje de dos horas y media desde Washington. Este año, el partido es en Santa Clara, California, a seis horas de vuelo con tres husos horarios de diferencia. ¿Seis horas es mucho? Para un tipo que se mueve más que político en año electoral, suena a excusa barata. La verdadera diferencia no está en el kilometraje, sino en el lineup musical y la ubicación geopolítica.
California: el estado donde no tiene propiedades (ni simpatizantes)
El País apunta algo clave: Trump «no es un habitual de la Oeste (mucho más progresista y demócrata)». Y la CNN añade que en esa zona no tiene propiedades donde alojarse, prefiriendo siempre dormir en sus propias casas. California no es solo lejos geográficamente, es lejos ideológicamente. Un estado que votó masivamente en contra de él, donde sus políticas migratorias han generado protestas masivas como las de Minnesota que dejaron dos muertos. Ir a California sería como ir a predicar el veganismo a un asador argentino.
Bad Bunny y Green Day: los artistas que no callan
Trump dice ser «anti ellos» y que Bad Bunny «siembra odio». Pero lo que realmente siembra Bad Bunny, puertorriqueño y ciudadano estadounidense, son críticas a las políticas del ICE. Y Green Day no se queda atrás: su líder Billie Joe Armstrong calificó al gobierno de Trump como «fascista» y dijo claramente «no soy parte de la agenda MAGA». Estos no son artistas que canten «God Bless America» sin cuestionar nada. Son voces que usan su plataforma para señalar lo que consideran injusticias, y Trump lo sabe. Asistir a un evento donde estos tipos son las estrellas sería como ir a tu propio funeral y aplaudir a los que cargan el ataúd.
La polarización como telón de fondo
La ausencia de Trump «quizá ayude a no inflamar el evento deportivo en un país muy polarizado», señala El País. Y tiene razón. Imagina la escena: Trump en el palco, Bad Bunny en el escenario cantando sobre los derechos de los inmigrantes, la mitad del estadio vitoreando y la otra mitad abucheando. Sería el reality show político-musical más incómodo desde que Ozzy Osbourne mordió la cabeza de un murciélago. Trump, maestro del espectáculo, sabe que algunos escenarios son mejor evitarlos.
El verdadero motivo: control de narrativa
Trump no se salta la Super Bowl por las seis horas de vuelo. Se la salta porque no controla la narrativa. En 2025 fue el presidente en el evento deportivo más visto del país. Este año sería el expresidente incómodo en un estado que lo detesta, con artistas que lo critican abiertamente. Prefiere inventarse una excusa sobre la distancia y declararse «anti» los artistas, manteniendo la ilusión de que es él quien decide. La realidad es que probablemente ni Bad Bunny ni Green Day lo extrañarían. Como dijo Armstrong: «No soy parte de la agenda republicana». Y Trump, al quedarse en casa, confirma que tampoco es parte de la agenda cultural de la América progresista.
Al final, la historia no es sobre un viaje largo o malos gustos musicales. Es sobre un hombre que prefiere inventar excusas geográficas antes que enfrentar un escenario donde no es el protagonista absoluto. Y eso dice más sobre su psicología política que cualquier discurso de campaña.


