TL;DR
- Trump, con tres generaciones de inmigrantes en su familia, impulsa la política antiinmigración más dura de la historia moderna
- La ‘remigración’ se convierte en política oficial, contradiciendo los principios fundacionales de Estados Unidos
- El gobierno criminaliza sistemáticamente a los sin papeles mientras exhibe ‘crueldad programada’ en televisión
- El eslogan ‘Make America Great Again’ se transforma en un oxímoron que niega la esencia migrante del país
La paradoja que duele: tres generaciones de inmigrantes contra la inmigración
Donald Trump es nieto de un inmigrante alemán, hijo de una inmigrante escocesa y está casado con una inmigrante eslovena. Este árbol genealógico, que debería ser un testimonio vivo del sueño americano, se ha convertido en la contradicción más sangrante de su segundo mandato. Como documenta El País, la «tolerancia cero» anunciada en campaña ha dado paso a un conjunto de medidas que hacen tambalear los principios de convivencia que alguna vez definieron a Estados Unidos.
La crueldad como espectáculo: ICE en prime time
Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) no solo hacen su trabajo – lo exhiben. El gobierno ha convertido las redadas en contenido para televisión y plataformas digitales, una «exhibición programada de la crueldad» que alimenta el circo mediático del movimiento MAGA. Cuando la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, tuitea sobre «Operation Angel’s Honor» y los más de 1,000 «criminal illegal aliens» arrestados, no está informando: está actuando en un reality show político donde los inmigrantes son los villanos de cartón.
Remigración: cuando el sueño americano se convierte en pesadilla
El concepto más inquietante que ha surgido de esta administración es la «remigración». Sí, lo leíste bien: el gobierno que ocupa la Casa Blanca tiene como propósito oficial hacer retroceder la historia migratoria del país. Como señala El País, esta meta es «opuesta a todo lo que hizo grande a Estados Unidos». Alexis de Tocqueville, el pensador francés que estudió la democracia americana hace dos siglos, escribió que la migración contenía «el germen de una completa democracia». Hoy, ese germen está siendo erradicado sistemáticamente.
Millones de fantasmas: la táctica del miedo inflado
«El presidente Trump nos ha dado poder para arrestar y expulsar a los millones de inmigrantes ilegales y criminales violentos que la Administración anterior dejó entrar», declaró Noem en vísperas de Navidad. Noten el detalle: «millones» de criminales violentos. No miles, no cientos: millones. Esta inflación numérica no es error – es táctica. Crear un problema de dimensiones apocalípticas justifica soluciones extremas. El populismo siempre necesita enemigos a la medida de su ambición.
Make America Great Again: el oxímoron que nadie quiere ver
El eslogan que llevó a Trump al poder se ha convertido en su propia negación. «Make America Great Again» ahora significa «Make America Less Immigrant». La grandeza que prometen recuperar es, curiosamente, una que nunca existió: una América sin inmigrantes, sin esa mezcla de culturas que la hizo única. Tocqueville tenía razón cuando observó que «no son por cierto los más felices y poderosos quienes se destierran, y la pobreza, así como la desgracia, son las mejores garantías de igualdad que se conocen entre los hombres». Hoy, esa igualdad se persigue con redadas y deportaciones.
La criminalización sistemática: de individuo a colectivo
El argumento es viejo y cansado en ambas orillas del Atlántico: el inmigrante es peligro para la seguridad y la economía. Nadie niega que entre los sin papeles hay criminales que deben ser perseguidos. Pero usar esas excepciones para criminalizar a todo un colectivo es tan engañoso como negar su existencia. Y eso es justo lo que hace este gobierno: convierte la anécdota en regla, el caso aislado en norma general.
Lo más irónico es que esta guerra contra los inmigrantes ocurre mientras Nueva York estrena un alcalde que promete exactamente lo contrario. Zohran Kwame Mamdani tuitea: «New York belongs to all who live in it» – Nueva York pertenece a todos los que viven en ella. Dos visiones de América chocan en tiempo real: una que quiere expulsar, otra que quiere incluir.
La pregunta incómoda que queda flotando es simple: ¿cómo puede un país fundado por inmigrantes declararle la guerra a los inmigrantes? ¿Cómo puede el nieto de Friedrich Trump, que llegó de Alemania buscando oportunidad, firmar órdenes que le hubieran negado la entrada a su propio abuelo? La respuesta duele: cuando la política deja de ser sobre principios y se convierte en espectáculo, cualquier contradicción es posible. Incluso que América luche contra lo que la hizo América.


