TL;DR
- Trump llama a los Clooney «los peores pronosticadores políticos» por hacerse ciudadanos franceses
- La pelea viene de 2016 cuando el actor dijo que Trump nunca sería presidente
- Clooney fue uno de los mayores recaudadores demócratas pero criticó a Biden en 2024
- La pareja obtuvo la nacionalidad francesa por decreto con sus dos hijos
El presidente que no olvida ni perdona
Mientras el mundo celebraba el fin de año, Donald Trump tenía otros planes. En lugar de brindar por 2026, decidió arremeter contra George Clooney y su esposa Amal por un detalle que a cualquiera le parecería personal: se hicieron ciudadanos franceses. Según El País, Trump publicó en Truth Social que era «buena noticia» porque son «dos de los peores pronosticadores políticos de todos los tiempos». No es cualquier insulto – es un cálculo político. Trump sabe que atacar a una celebridad de Hollywood genera titulares, y qué mejor momento que cuando todos están distraídos con las fiestas.
La historia que viene de lejos
Esto no empezó ayer. La enemistad viene de mayo de 2016, cuando Clooney dijo en Cannes que era imposible que Trump llegara a ser presidente «porque el miedo no es algo que sirva para manipular al país». Una semana después, Amal atacaba al entonces candidato por sus críticas a mujeres, inmigrantes y musulmanes. El actor, que ha sido uno de los grandes recaudadores de fondos del Partido Demócrata, no se mordió la lengua cuando Trump llegó al poder: «Tenemos a un demagogo en la Casa Blanca». Lo curioso es que Trump, que supuestamente representa al «hombre de negocios práctico», parece tener más rencor que un exnovio despechado. En marzo pasado ya lo había llamado «actor de segunda».
El giro demócrata que nadie esperaba
Aquí está lo jugoso: Clooney no es exactamente el soldado leal que Trump pinta. En julio de 2024, el actor publicó una carta en The New York Times pidiendo a Biden que renunciara a su segundo mandato. Y en noviembre de ese mismo año, con Trump ya en el Despacho Oval, declaró en CBS News que fue «un error» que Kamala Harris sustituyera a Biden como candidata demócrata. O sea, el tipo que Trump llama «pronosticador pésimo» también le dio en la torre a su propio equipo. Trump lo resume así: «¿Recuerdan cuando Clooney abandonó a Joe durante una recaudación de fondos, solo para pasarse al bando de otra candidata estelar, Jamala(K!)?» El detalle es que Trump omite mencionar que Clooney sigue siendo demócrata – solo que uno crítico.
Francia, el chivo expiatorio perfecto
La parte más reveladora del mensaje de Trump es cuando conecta la ciudadanía francesa con «un grave problema de delincuencia debido a su pésima gestión de la inmigración». Según El País, el presidente compara la situación francesa con «la que tuvimos con el somnoliento Joe Biden». Es el clásico movimiento trumpista: tomar un hecho personal (los Clooney se hacen franceses) y convertirlo en munición para su narrativa antiinmigración. Lo que no dice es que George, Amal y sus dos hijos obtuvieron la nacionalidad por decreto, según el Diario Oficial francés. Tampoco menciona que Amal nació en el Líbano y sus hijos en Reino Unido – estamos hablando de una familia con ciudadanías múltiples desde antes.
El actor que incomoda a todos
Trump tiene razón en algo: «Clooney recibió más publicidad por su política que por sus escasas y mediocres películas». Pero ahí se le acaba la razón. El tipo tiene dos Oscars (uno por Syriana en 2006 y otro como productor de Argo en 2012) y fue el séptimo actor mejor pagado en 2024 según Forbes. Lo que realmente le molesta a Trump es que Clooney usa su fama para algo más que vender entradas: tiene opiniones políticas y las expresa. Y peor aún, tiene el dinero para respaldarlas. Cuando Trump dice que es «simplemente un tipo normal que se queja constantemente», en realidad está admitiendo que Clooney representa exactamente lo que más odia: la élite de Hollywood que no se queda callada.
La pregunta que nadie hace
¿Por qué un presidente en funciones gasta su tiempo de fin de año atacando a un actor? La respuesta está en el manual trumpista: crear un enemigo público, desviar la atención y reforzar su base. Los Clooney son el blanco perfecto: ricos, famosos, liberales y ahora «franceses». Pero lo más irónico es que Trump, que constantemente critica a las celebridades por meterse en política, lleva una década obsesionado con lo que opina un actor. Mientras tanto, los Clooney siguen con su vida: él filmando, ella defendiendo casos de derechos humanos, y ambos criando a sus hijos de ocho años. La verdadera pregunta es: ¿quién necesita más a quién? Trump necesita enemigos para mantener su narrativa. Clooney solo necesita ignorar el teléfono.


