TL;DR
- Renuevan por 5 años el mismo acuerdo de 1944 pese a sequía histórica
- México debe pagar deuda de casi mil millones de metros cúbicos acumulada
- Trump amenazó con aranceles si no se pagaba la deuda antes de enero
- El acuerdo mantiene las mismas cantidades pero ajusta plazos de entrega
La deuda que no se seca
México acaba de firmar lo que parece un cheque en blanco: renovar por cinco años más el mismo Tratado de Aguas de 1944 con Estados Unidos, comprometiéndose a seguir enviando 432 millones de metros cúbicos anuales como mínimo. La noticia, reportada por El País, llega con una mochila pesada: México arrastra una deuda de casi 1.000 millones de metros cúbicos del ciclo anterior. O sea, no solo prometemos seguir dando agua, sino que además debemos casi el doble de lo que damos cada año.
La amenaza que sí funcionó
Aquí está el detalle que no es detalle: el acuerdo se publicó tres días después de que venciera el plazo que puso Trump para que México entregara 249 millones de metros cúbicos antes de fin de enero. El mismo Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, dejaron claro en su comunicado que esto viene después de «varias amenazas del presidente con imponer aranceles si México no pagaba su deuda de agua». O sea, negociamos con la pistola en la sien. Y funcionó.
Los números que no cuadran
El País documenta que el nuevo acuerdo «se compromete a las mismas cantidades del quinquenio anterior pese a las dificultades para cumplir». Ahí está el absurdo: seguimos prometiendo lo mismo cuando ni siquiera pudimos cumplir lo anterior. La SRE mexicana dice que el acuerdo «prioriza el abastecimiento para el consumo humano y la producción agrícola», pero no explica cómo vamos a dar agua a EU cuando en estados como Nuevo León la gente hace fila para llenar garrafones.
Las reuniones que no resuelven
La solución propuesta es de manual de relaciones públicas: «reuniones mensuales bilaterales para evitar futuros adeudos». Porque claro, lo que faltaba para resolver una crisis hídrica histórica son juntas de trabajo. El Departamento de Agricultura de EU dice que trabajará «codo a codo» con instituciones mexicanas para supervisar el acuerdo. Traducción: nos van a estar vigilando cada gota.
La soberanía que se evapora
Lo más cínico viene en la declaración de Rollins: «Este entendimiento entre nuestros países es resultado directo de la determinación del presidente Trump de lograr acuerdos justos y prácticos». Justos y prácticos… para quién. Rubio celebra que el acuerdo asegure «el compromiso de México de cumplir con sus obligaciones». Nunca el lenguaje diplomático sonó tanto a contrato de deuda impagable.
Lo que no dice el comunicado
El País señala lo obvio que la SRE omitió: el comunicado «no indica qué cantidad de la deuda ha conseguido saldar el Gobierno mexicano hasta ahora ni cómo garantizará cumplir con el acuerdo para los próximos cinco años». O sea, firmamos sin saber cuánto debemos exactamente ni cómo vamos a pagar. La única novedad técnica es que ajustan «el monto mínimo por año y no por quinquenio». Pequeño cambio administrativo para un problema monumental.
La pregunta incómoda
¿Por qué renovar exactamente lo mismo cuando lo mismo no funcionó? ¿Por qué no renegociar cantidades considerando que el norte de México vive una de las peores sequías de su historia? ¿O es que cuando Trump amenaza con aranceles, la soberanía hídrica se vuelve negociable? El tratado de 1944 se escribió cuando éramos países diferentes, con climas diferentes, con necesidades diferentes. Renovarlo sin cambios en 2026 es como seguir usando un mapa de carreteras de los años 40: las rutas existen, pero el paisaje cambió completamente.
Lo único claro es que México sigue comprometido a enviar agua mientras sus propios ciudadanos ven cómo se secan sus presas. Y que la próxima vez que Trump amenace con aranceles, ya sabemos qué carta jugaremos: la del agua que nos sobra… aunque no nos sobre.


