TL;DR
- El veganismo coreano llega con fuerza gracias al fenómeno cultural Hallyu
- Vietnam se presenta como el próximo descubrimiento culinario con 445 recetas tradicionales
- La cocina callejera asiática busca reivindicarse frente a la comida rápida occidentalizada
- Los libros en inglés dominan el mercado mientras las traducciones se hacen esperar
Corea no solo vende K-pop: ahora quiere conquistar tu cocina vegana
Si pensabas que el Hallyu se iba a quedar en el K-pop y los dramas, te equivocaste. Según Elpais, el 2026 llega con «The Korean Vegan cookbook» de Joanne Lee Molinaro, un libro que promete llevar los noodles con salsa negra de soja y el curry de tteokbokki a las cocinas occidentales. Lo interesante aquí no es solo la adaptación vegana de platos tradicionales, sino cómo la ola coreana sigue expandiéndose a territorios inesperados. Cuando una cultura domina la música, el cine y la moda, era cuestión de tiempo que llegara a los fogones.
Vietnam: 445 recetas para demostrar que no todo es pho
Mientras Corea se moderniza, Vietnam se aferra a sus raíces. El libro «Vietnam» de Anaïs Ca Dao van Manen promete 445 recetas que buscan capturar «la tradición, las costumbres, las técnicas y los productos base» según documenta Elpais. Aquí hay un dato revelador: después de años de simplificar la cocina vietnamita a unos cuantos platos emblemáticos, alguien finalmente se tomó el trabajo de recorrer el país entero. El resultado es un mamotreto de 445 recetas que probablemente nadie cocinará completo, pero que sirve como declaración de principios: esta cocina tiene más profundidad de la que creíamos.
La paradoja de la cocina callejera: auténtica pero incomprendida
Marcelle Ratafia, autor de «Cultura Street Food», pone el dedo en la llaga: «No hay que confundir cocina callejera con cocina rápida». Según Elpais, el libro argumenta que la cocina callejera apareció en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial y genera confusión con «comida basura universalizada». La ironía es palpable: mientras los food trucks se multiplican en ciudades occidentales vendiendo versiones edulcoradas de tacos y banh mi, los libros intentan rescatar la esencia original. Como si necesitáramos que un autor nos recordara que lo auténtico no siempre es lo más comercial.
China: el gigante que enseña técnicas, no solo recetas
Handa Cheng, autor de «El Gran libro de la cocina china», tiene un enfoque diferente: «Es un libro para familiarizarse con los ingredientes y las técnicas básicas del país». Según Elpais, el libro incluye más de 100 recetas pero se presenta como «un manual para cocineros». Aquí hay una lección importante: mientras otros venden exotismo, China vende conocimiento. La diferencia es abismal: aprender a hacer fideos fritos con salsa de sésamo es una cosa; entender por qué funcionan esas combinaciones es otra. El mensaje implícito es claro: esta cocina merece respeto, no solo curiosidad turística.
El problema del idioma: ¿quién puede realmente cocinar esto?
Aquí está el detalle que nadie menciona abiertamente: tanto el libro coreano como el vietnamita están «por ahora solo en inglés», según Elpais. Mientras las editoriales apuestan por mercados angloparlantes, el resto del mundo espera traducciones. La paradoja es deliciosa: prometen acercarnos culturas lejanas, pero primero necesitamos dominar el inglés. Como si la barrera lingüística fuera solo un detalle menor en este viaje culinario globalizado.
¿Buscamos raíces o solo nuevas fotos para Instagram?
El artículo de Elpais habla de «la búsqueda del origen, de la raíz, la necesidad de encontrar en aquello que comemos el retorno a un hogar». Pero la pregunta incómoda persigue: ¿realmente queremos conectar con tradiciones milenarias o solo buscamos platos fotogénicos para nuestras redes sociales? Los libros prometen autenticidad, pero llegan empaquetados en ediciones cuidadas con fotografía que «ayuda a abrir el apetito». No es coincidencia: en la era del food porn, incluso la tradición necesita buen diseño.
La verdadera tendencia: cocinar como acto de resistencia
Lo que estos libros realmente anuncian no es solo qué ingredientes usaremos en 2026, sino una postura frente a la comida. Cuando Manuel Vázquez Montalbán hablaba de «la memoria comestible de los pueblos», no se refería a recetas exóticas para ocasiones especiales, sino a la comida que define comunidades. El verdadero desafío será si estas tendencias bibliográficas se traducen en cambios reales en nuestras cocinas, o si terminan como libros bonitos en estanterías de diseñador. Porque al final, como dice Handa Cheng, «Comer bien hace sentirse mejor». La pregunta es: ¿mejor de qué manera?


