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jueves, febrero 12, 2026

Seahawks ganan con defensa, pero el MVP se lo lleva el corredor

La paradoja del Super Bowl LX: el equipo que dominó con su defensa premia a un jugador ofensivo

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TL;DR

  • Los Seahawks ganan su segundo Super Bowl con una defensa que maniató a Drake Maye
  • Kenneth Walker III es MVP pese a que la defensa fue la dominadora del partido
  • Bad Bunny rinde homenaje a Puerto Rico en un espectáculo histórico de medio tiempo
  • Sam Darnold juega discreto pero seguro, mientras Maye sufre seis sacks

La defensa que ganó el partido, el corredor que ganó el premio

No mames, esto sí tiene chiste. Los Seattle Seahawks se coronan campeones del Super Bowl LX gracias a una defensa que, según El País, fue «la mejor de la liga en cuanto a puntos permitidos» y que «maniató al quarterback rival, Drake Maye». Pero cuando llega la hora de repartir premios, ¿quién se lleva el MVP? Kenneth Walker III, el running back. ¿Alguien más ve la contradicción aquí? El medio documenta que «el funcionamiento del MVP genera algo paradójico como que no recaiga en la defensa, la auténtica dominadora del encuentro». O sea, el equipo gana por su defensa feroz, pero el premio individual se lo lleva un jugador ofensivo. ¿Es tradición, es marketing, o simplemente no sabemos premiar lo que realmente importa?

Maye en la pesadilla, Darnold en la sombra

Mientras Drake Maye, el mariscal de campo de los Patriots, vivía lo que El País llama «un Super Bowl de pesadilla» con seis sacks y dos intercepciones, Sam Darnold jugaba el partido más discreto de su vida. 19 de 38 pases completos, 202 yardas, un touchdown. Números que no impresionan, pero que según el medio fueron suficientes porque «evitó cometer entregas de balón». Aquí la lección es clara: a veces en el Super Bowl no se trata de ser héroe, sino de no ser el villano. Darnold no ganó el partido, pero tampoco lo perdió. Maye, en cambio, sintió en carne propia por qué esa defensa de Seattle era la mejor de la liga.

Walker: el pegamento invisible

Kenneth Walker III se convierte en el primer running back en 28 años en ganar el MVP del Super Bowl. El País lo describe como «el pegamento de un ataque que gana yardas de la forma más segura posible, con el juego terrestre». 135 yardas en 27 carreras, la más larga de 30. Números sólidos, sin duda. Pero aquí está el detalle: cuando el medio explica por qué el MVP no fue para la defensa, dice que «no haya habido un solo artífice, sino varios». O sea, la defensa fue tan colectiva que ningún jugador destacó individualmente. ¿Entonces premiar a Walker es reconocer que al menos alguien en ataque hizo su trabajo? Suena a consuelo más que a justicia deportiva.

Bad Bunny y las azoteas de Puerto Rico

Mientras en el campo se decidía un campeonato, en el medio tiempo Bad Bunny montaba un espectáculo que según El País era «el más esperado en mucho tiempo». El artista saltó al escenario «montado en el centro del campo acompañado de bailarines vestidos de arbustos tropicales y una escenografía que simulaba azoteas de dos edificios del Morro del Viejo San Juan y La Casita». No es solo un show, es una declaración política y cultural en el evento más gringo del año. Mientras los Seahawks ganaban su segundo anillo para Seattle, Bad Bunny reclamaba espacio para Puerto Rico en el imaginario estadounidense. Dos victorias distintas en el mismo estadio.

La paradoja del campeón defensivo

Al final del día, Seattle tiene su segundo Super Bowl y la defensa tiene la satisfacción de saber que fueron ellos los que lo ganaron. El País lo resume así: «Los Seahawks hacen válidos los pronósticos y se coronan campeones del trofeo Vince Lombardi. Impulsados por su defensa…». Pero esa misma fuente documenta la ironía: el MVP va para un jugador ofensivo porque «como es habitual, el premio recae en un jugador ofensivo». Ahí está el meollo: «como es habitual». Tres palabras que explican por qué seguimos premiando individualidades en deportes colectivos, por qué seguimos celebrando lo que brilla aunque no sea lo que realmente gana partidos. Los Seahawks ganaron con defensa, Walker ganó el MVP, y la NFL sigue atrapada en sus propias tradiciones. ¿Cuándo cambiaremos la forma de ver lo que realmente importa?


Fuentes consultadas:

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