TL;DR
- Sismo de 4.1 en Guerrero con epicentro a 16 km de San Marcos
- Profundidad de 22 km – lo suficientemente superficial para sentirse fuerte
- Cobertura mediática enfocada en datos técnicos, no en impacto real
- La pregunta incómoda: ¿por qué nadie reporta daños o afectaciones?
El temblor que todos sintieron y nadie documentó
Este sábado 6 de diciembre, mientras muchos preparaban el fin de semana, la tierra se movió en Guerrero. No fue el «big one» que todos tememos, pero tampoco fue un simple suspiro telúrico. Infobae reporta un sismo de magnitud 4.1 localizado a apenas 16 kilómetros al sureste de San Marcos, con una profundidad de 22 kilómetros. Ahí está el primer dato que debería hacer saltar las alarmas: 22 km de profundidad no es nada para un sismo. Es como si la tierra estuviera tosiendo justo debajo de nuestros pies.
La matemática sísmica que nadie quiere hacer
Magnitud 4.1 + profundidad 22 km = un chingadazo local. No es teoría, es física básica. Los sismos superficiales se sienten más fuerte en áreas cercanas al epicentro. San Marcos, Guerrero no es una zona deshabitada – estamos hablando de comunidades, casas, infraestructura. Pero aquí viene lo curioso: toda la cobertura se enfoca en los números fríos. Latitud 16.72, longitud -99.26, hora 16:28:05. Datos precisos, técnicos, estériles. ¿Y la gente? ¿Las casas? ¿Los caminos? Eso parece no importar en el reporte.
El otro sismo que nadie menciona
Mientras Infobae menciona de pasada otro sismo de 4.0 en Chiapas (a 151 km de profundidad, ahí sí más tranquilo), el foco debería estar en Guerrero. Porque aquí hay una diferencia abismal: 22 km vs 151 km de profundidad. El de Guerrero fue 7 veces más superficial. La energía se disipa diferente, se siente diferente, puede causar daños diferentes. Pero en el titular y en el desarrollo, ambos sismos aparecen como si fueran iguales. Como si un golpe en la piel fuera igual que uno en el hueso.
La geografía que nos condena (y que ignoramos)
«México está ubicado en una zona sísmica» – esa frase que todos conocemos y que aparece como justificación en cada reporte. Cinco placas tectónicas jugando al dominó debajo de nuestros pies: Caribe, Norteamérica, Pacífico, Rivera y Cocos. Pero saber eso no nos hace más preparados. Lo que debería indignar es que, con toda esa información técnica que manejamos, seguimos sin tener reportes decentes sobre el impacto real de sismos «menores». Un 4.1 en zona rural puede ser más devastador que un 6.0 en zona urbana con buena construcción. Pero esa ecuación no aparece en ningún lado.
La pregunta incómoda que nadie hace
¿Cuántos destrozos dejó? Ahí está el vacío informativo más grande. El reporte tiene coordenadas precisas al metro, hora al segundo, magnitud con decimales… pero cero información sobre afectaciones. ¿Se cayó algún muro? ¿Se rajó alguna casa? ¿Hubo susto en las escuelas? ¿Alguien revisó las construcciones viejas? En un país donde el 60% de las viviendas en zonas rurales son de autoconstrucción sin supervisión, un sismo de 4.1 superficial debería generar al menos una revisión. Pero no, el ciclo informativo es: sismo → datos técnicos → siguiente noticia.
El verdadero temblor que debería preocuparnos
No es el de la tierra, es el de la indiferencia informativa. Tenemos tecnología para medir sismos al centímetro, pero no tenemos protocolos para medir su impacto real en comunidades vulnerables. Guerrero no es la CDMX – no hay alarmas sísmicas en cada esquina, no hay brigadas de revisión automática, no hay cultura de reporte ciudadano organizado. Un sismo en San Marcos se reporta como dato estadístico, no como evento social. Y ahí está el verdadero peligro: normalizar que los «sismos pequeños» no importan. Cuando la historia nos ha enseñado que a veces los precursores son modestos, y el grande llega después.
Lo que el Sismológico dice (y lo que calla)
El reporte oficial del Sismológico Nacional, citado por Infobae, es impecable en lo técnico. Pero su función debería ir más allá de dar coordenadas. En un país sísmico, cada movimiento debería generar una pregunta automática: «¿Está bien la gente en la zona epicentral?» No como protocolo de prensa, sino como política pública. Porque lo que hoy es un 4.1 sin daños reportados, mañana podría ser el aviso de algo más serio. Y para entonces, ya será tarde preguntar por los destrozos.


