TL;DR
- Los cinco cuerpos hallados en Culiacán son los turistas mexiquenses desaparecidos el 7 de febrero
- La Fiscalía confirmó las identidades mediante pruebas genéticas tras hallarlos en una camioneta robada
- Sinaloa vive el recrudecimiento de la violencia desde la ruptura del Cartel en septiembre de 2024
- El gobierno federal envió 1,600 militares pero la ola de violencia sigue creciendo
La confirmación que nadie quería escuchar
La Fiscalía de Sinaloa soltó la bomba este sábado: los cinco cuerpos encontrados el miércoles en la cajuela de un pick-up en San Pedro, ese pueblo que divide a Culiacán, son efectivamente los turistas del Estado de México que desaparecieron el 7 de febrero en Ahome. Elpais documenta que las pruebas genéticas confirmaron lo que todos temían pero nadie decía en voz alta. Los hermanos José Ángel y Juan Antonio Soto Espain, Luis Ramón Flores Cevallos y su hijo Luis Armando Flores Vallejo, y Heriberto López Díaz ya no son «desaparecidos». Ahora son estadística de la guerra que Sinaloa niega tener.
El hallazgo macabro que huele a patrón
Las autoridades encontraron los cuerpos a la entrada de San Pedro, en una camioneta robada que desprendía olor putrefacto, cubiertos por una lona. El detalle que espanta: el vehículo fue abandonado al costado de la carretera Benito Juárez «como si el conductor fuera a regresar». Ese gesto de cinismo criminal, esa normalidad macabra de dejar cinco cadáveres como quien estaciona para ir por unas tortillas, habla de la impunidad que respiran los grupos del crimen organizado. No es un error, es una firma. Una manera de decir «aquí mandamos nosotros».
La mujer que sobrevivió para contar (o no)
Elpais menciona un dato crucial que se pierde en la frialdad del comunicado oficial: los hombres viajaban con una mujer, que fue liberada tras ser presuntamente torturada. ¿Qué vio? ¿Qué escuchó? ¿Por qué la soltaron? Esas preguntas flotan en el aire como el olor de la camioneta abandonada. La sobreviviente es testigo de algo que el gobierno federal no puede controlar: la lógica de la guerra entre facciones que ya no respeta ni a turistas, ni a mineros, ni a diputados.
La guerra que empezó en septiembre y no termina
Aquí es donde el asunto deja de ser «un caso aislado» y se convierte en síntoma de un cáncer metastásico. Sinaloa vive sumido en el recrudecimiento de la violencia desde septiembre de 2024, tras la ruptura del Cartel de Sinaloa. La entrega a Washington de Ismael El Mayo Zambada por parte de Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo, desató el infierno entre Los Mayos y Los Chapitos. Lo que sigue es un recuento de horror que parece salido de una película mala: diez mineros levantados en Concordia (cinco ya aparecieron muertos), dos diputados de Movimiento Ciudadano acribillados en pleno centro de Culiacán, y cinco turistas de Ciudad de México desaparecidos en Mazatlán justo antes del Carnaval.
Los refuerzos militares que llegan tarde
El gobierno de Claudia Sheinbaum reaccionó -como siempre- después de que los cuerpos empezaron a aparecer. A finales de enero envió 1,600 militares a Mazatlán y Culiacán, y anunció un operativo especial en Mazatlán con alrededor de 3,000 agentes para el Carnaval. Las matemáticas son sencillas: más soldados, más violencia. Porque el problema no es la falta de uniformados, sino la guerra territorial entre facciones que han convertido al estado en su campo de batalla. Los turistas mexiquenses pagaron con sus vidas una cuenta que no era suya.
La pregunta incómoda que nadie hace
Si cinco turistas pueden desaparecer en Ahome, aparecer muertos en Culiacán, y todo el aparato de seguridad del estado no puede evitar ni siquiera encontrar a los responsables, ¿qué esperanza le queda al ciudadano común? La Fiscalía identifica cuerpos, el gobierno federal manda tropas, los medios reportan cifras, pero la máquina de muerte sigue funcionando. Los cinco nombres ahora confirmados no son solo víctimas: son la prueba de que en Sinaloa la guerra ya no es entre narcos y gobierno, sino entre narcos por el territorio, con la población civil atrapada en medio.
Lo más preocupante no es que hayan matado a cinco turistas. Lo verdaderamente aterrador es que esto ya parece normal. Que un sábado cualquiera la Fiscalía emita un comunicado confirmando lo obvio, que los medios lo reporten, que la gente lo lea entre el desayuno y el café, y que mañana todo siga igual. Porque en Sinaloa, la violencia ya no es noticia: es el paisaje.


