TL;DR
- La reunión entre Sheinbaum y Steinmeier se presenta como histórico símbolo de confianza internacional en Quintana Roo
- Mientras tanto, defensores de la bahía de Ohuira viajan a Alemania para denunciar proyecto contaminante financiado por bancos alemanes
- La gobernadora Lezama afirma reducción del 69.3% en delitos y niega desapariciones de menores en Cancún
- El presidente alemán critica política exterior de EU en visita que incluye temas de comercio, educación y cooperación
El doble juego diplomático: Cancún festeja mientras Ohuira sufre
Mientras la gobernadora Mara Lezama celebraba en «La Voz del Pueblo» que Cancún se convierte en «epicentro internacional» con la visita de Claudia Sheinbaum y el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, una comisión de defensores de la bahía de Ohuira en Sinaloa iniciaba precisamente hoy una agenda de trabajo en Europa. La ironía duele: mientras aquí se habla de amistad y cooperación, allá denuncian que el gobierno federal «ha abandonado inequívocamente» a las comunidades indígenas frente a un proyecto «de muerte» de la trasnacional suiza-alemana Proman AG.
Steinmeier llega con críticas a EU y promesas de diálogo
El presidente alemán no llega con las manos vacías de polémica. Según Reforma, Steinmeier criticó abiertamente la política exterior estadounidense: «La actual Administración estadounidense no sólo tiene demandas duras para con nosotros, sino que también tiene otra visión del mundo». Curioso timing para un encuentro que, según la narrativa oficial, busca fortalecer lazos de amistad, cultura, educación y comercio. Pero la pregunta incómoda queda flotando: ¿qué visión del mundo defiende Alemania cuando sus bancos financian proyectos que comunidades mexicanas califican como «tóxicos»?
La narrativa oficial vs la realidad incómoda
Lezama pintó un cuadro idílico: reducción del 69.3% en incidencia delictiva, más de seis mil delitos menos, y la negación rotunda de desapariciones de menores en Cancún. Según su versión, las 20 Alertas Amber activadas del 6 al 13 de marzo fueron todas «situaciones particulares» y todos los menores fueron localizados «salvos y en buen estado de salud». Mientras tanto, Julio Hernández López documenta en La Jornada cómo las comunidades yoremes de Ohuira llevan años siendo ignoradas por autoridades federales, incluyendo a la propia Sheinbaum, quien en mayo de 2025 prometió atención que nunca llegó.
La promesa incumplida de Sheinbaum
Aquí está el dato que debería escandalizar: el 16 de mayo de 2025, en plena conferencia mañanera, Sheinbaum recibió la relatoría de irregularidades e ilegalidades del proyecto en Ohuira. Su respuesta fue instruir «al Instituto Nacional de Pueblos Indígenas y a Alicia (Bárcena, titular de Semarnat) que se acerquen a estas comunidades». Preguntada si Bárcena podría ir a dialogar, respondió: «Sí, ella podría visitar, no hay ningún problema». Han pasado diez meses. Bárcena no ha ido. Las comunidades viajan a Alemania porque aquí nadie las escucha.
El banco alemán que financia el conflicto
La comisión de Ohuira no viaja a Alemania por turismo. Van directamente a la sede del Banco de Crédito para la Reconstrucción (KfW), financiador de la planta de amoniaco que, según denuncian, viola los propios códigos del banco respecto a derechos humanos y medio ambiente. El comunicado de los defensores es claro: «Hacemos un llamado respetuoso a las autoridades, a las empresas involucradas y a sus representantes legales, para que se conduzcan con estricto apego a la ley». Traducción: están siendo amenazados y el gobierno federal, en lugar de protegerlos, litiga contra ellos.
¿Qué se celebra realmente en Cancún?
La agenda de Sheinbaum en Quintana Roo es intensa: inauguración de la 89ª Convención Bancaria (con más de 50 instituciones financieras mundiales), supervisión del puente Nichupté, entrega de certificado Maya Ka’an, asamblea de Mujeres del Bienestar. Todo suena bien en el papel. Pero mientras se habla de «transformación digital» y «acceso a créditos» en salones con aire acondicionado, en Sinaloa se juegan vidas, territorios y culturas milenarias. La pregunta que nadie hace en Cancún es simple: ¿cómo se reconcilia esta diplomacia de salón con el abandono de comunidades indígenas?
La contradicción que duele
Steinmeier llega a hablar de cooperación mientras bancos alemanes financian lo que comunidades llaman «proyecto de muerte». Sheinbaum promete diálogo que nunca cumple. Lezama celebra seguridad mientras defensores del territorio temen por su integridad física. Y en medio, la 89ª Convención Bancaria reúne a quienes posiblemente financian los próximos conflictos socioambientales. El verdadero «epicentro internacional» no está en los salones de Cancún, sino en la lucha silenciada de Ohuira que ahora busca justicia en el extranjero porque en casa solo encuentra sordera.


