TL;DR
- 25 alumnas secuestradas en Kebbi, noroeste de Nigeria
- La policía llegó cuando los atacantes ya habían escalado la valla
- Un profesor y un guardia murieron durante el asalto
- Es el segundo secuestro masivo en Kebbi en solo 4 años
- Las autoridades prometen «determinación inamovible» mientras la historia se repite
La llegada tardía que ya conocemos
Las 4:00 de la mañana en Danko Wasagu, estado de Kebbi. Hombres armados con «armas sofisticadas» entran disparando a una escuela secundaria femenina. Cuando la policía llega, según Cnnespanol, los atacantes «ya habían saltado la valla de la escuela y secuestrado a 25 estudiantes de su residencia». El subdirector muerto por disparos, un guardia herido. Y las autoridades prometiendo lo de siempre.
El guión que no cambia
Nafiu Abubakar Kotarkoshi, portavoz de la Policía de Kebbi, declaró a Proceso que las fuerzas de seguridad fueron desplegadas tras el asalto, lo que derivó en un tiroteo. Pero aquí está el detalle: los bandidos «ya habían escalado la valla». De nuevo, la respuesta llega cuando el daño está hecho. De nuevo, las estudiantes «están en paradero desconocido». De nuevo, las autoridades envían refuerzos para «inspeccionar las rutas de los bandidos».
Kebbi: el nuevo epicentro del horror
Este es el segundo secuestro masivo en una escuela de Kebbi en solo cuatro años. En junio de 2021, bandidos se llevaron a más de 100 estudiantes y miembros del personal de una escuela pública. Según Cnnespanol, los estudiantes fueron liberados por grupos a lo largo de dos años, después de que los padres pagaran el rescate. Algunas de las alumnas fueron obligadas a casarse y regresaron con bebés. El patrón se repite: secuestro, negociación, rescate, trauma.
La expansión silenciosa de la inseguridad
Mientras Proceso señala que el noreste de Nigeria es el epicentro de Boko Haram y Estado Islámico en África Occidental, la inseguridad se ha extendido al noroeste. Las alarmas sobre la expansión de redes criminales suenan, pero las respuestas parecen siempre llegar tarde. La policía de Kebbi ahora despliega equipos con agentes, militares y milicias civiles que «peinan minuciosamente las rutas utilizadas por los bandidos». La pregunta incómoda: ¿por qué no estaban ahí antes?
El eco de Chibok que nadie quiere escuchar
Este ataque ocurre más de una década después de que 276 niñas fueran secuestradas en Chibok, en el conflictivo estado nororiental de Borno. El lema «#BringBackOurGirls» movilizó al mundo entero. Pero aquí estamos, once años después, con el mismo horror en otro estado. Las promesas de Kotarkoshi sobre «determinación inamovible» para proteger a la población suenan a disco rayado cuando la historia se repite con precisión macabra.
La contradicción de los números
Mientras la policía confirma 25 alumnas secuestradas, Ahmed Idris, portavoz del gobernador del estado, Nasir Idris, reseña que «el número exacto de estudiantes secuestradas está aún siendo verificado». Esta discrepancia en la información oficial no es nueva. En medio del caos, las cifras bailan mientras las familias esperan noticias que nunca llegan a tiempo.
El negocio del secuestro que florece
Lo que Cnnespanol documenta sobre el secuestro de 2021 es revelador: los estudiantes fueron liberados después de que los padres pagaran rescate. Esto no es terrorismo ideológico puro – es un negocio. Las escuelas se han convertido en blancos rentables para grupos criminales que saben que las familias y el gobierno pagarán. Mientras haya dinero de por medio, el ciclo continuará.
La promesa vacía de la vigilancia
Kotarkoshi pide a la población que «permanezca en calma y vigilante» y que «apoye las operaciones policiales». Pero ¿cómo se mantiene la calma cuando la policía llega después de que los bandidos ya se fueron con tus hijas? ¿Cómo se confía en operaciones que consistentemente fallan en prevenir lo prevenible?
Veinticinco alumnas más desaparecidas. Un profesor y un guardia muertos. Un estado que repite su tragedia. Y las autoridades prometiendo lo mismo que prometieron la última vez. En Nigeria, el secuestro de estudiantes se ha normalizado tanto que ya ni siquiera sorprende. Eso es lo más aterrador de todo.


