TL;DR
- EEUU sanciona a 3 sobrinos de Cilia Flores y 6 petroleros vinculados al régimen
- Los ‘narcosobrinos’ fueron condenados en 2016 pero liberados por Biden en 2022
- Trump anuncia incautación de un petrolero y despliegue militar en el Caribe
- Las sanciones llegan mientras Trump hace campaña para la destitución de Maduro
El circo de las sanciones que ya vimos antes
No mames, otra vez. Estados Unidos anunció este jueves nuevas sanciones contra tres sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Nicolás Maduro, y seis barcos petroleros vinculados a ellos. Según DW, la medida llega mientras Washington despliega tropas en el Caribe y Donald Trump hace campaña para «destituir» al líder venezolano. ¿De verdad alguien cree que esto es nuevo? Los mismos sobrinos, los mismos barcos, la misma retórica. Lo único que cambia es el año en el calendario.
Los narcosobrinos que ya salieron de la cárcel
Aquí está lo verdaderamente absurdo: Franqui Flores y Efraín Campo Flores, dos de los sancionados, ya tienen historial. En 2015, la DEA los agarró en Haití en una operación encubierta. En 2016, un juez estadounidense los condenó a 18 años por intentar mover cocaína por millones de dólares. Pero en 2022, la administración de Joe Biden los liberó en un canje de prisioneros. O sea, los mismos tipos que EEUU consideró tan peligrosos que merecían casi dos décadas en prisión, ahora son tan peligrosos que hay que sancionarlos de nuevo. ¿Alguien puede explicar esta lógica sin reírse?
Trump y su teatro caribeño
Mientras tanto, Trump anuncia que incautó un petrolero sancionado frente a Venezuela y que lo llevará a puerto estadounidense para confiscar el crudo. Cuatro de los barcos ahora sancionados tienen bandera de Panamá, los otros dos están registrados en las Islas Cook y Hong Kong. Según DW, son superpetroleros que recientemente cargaron crudo en Venezuela según documentos internos de PDVSA. Pero la pregunta incómoda es: ¿esto es política exterior o campaña electoral? Trump hace despliegue militar mientras habla de destituir a Maduro. ¿Coincidencia? En Washington no hay coincidencias, solo estrategias.
El tercer sobrino en la lista
Carlos Erik Malpica Flores completa el trío familiar sancionado. Lo curioso es que mientras los medios hablan de «narcosobrinos», nadie pregunta por qué si eran tan obvios los vínculos con el narcotráfico, pasaron años antes de estas sanciones. Los documentos de PDVSA que menciona DW muestran que estos barcos seguían operando normalmente. ¿Dónde estaba la inteligencia antes? ¿O acaso las sanciones solo salen cuando conviene políticamente?
El patrón que se repite
Mira el historial: 2015 arrestan a los sobrinos, 2016 los condenan, 2022 los liberan, 2025 los sancionan de nuevo. Mientras tanto, Maduro sigue en el poder, PDVSA sigue vendiendo petróleo (aunque menos), y la crisis humanitaria en Venezuela se profundiza. Las sanciones se anuncian con bombo y platillo, pero el régimen se adapta, encuentra rutas alternativas, cambia banderas de barcos. Es como jugar whac-a-mole con la economía venezolana de por medio.
¿Y la gente de Venezuela?
Aquí está lo que nadie dice en voz alta: mientras Trump y Biden juegan al gato y el ratón con los sobrinos de Maduro, los venezolanos comunes siguen viendo cómo su moneda no vale ni para papel higiénico. Las sanciones afectan la capacidad del país para exportar su principal producto, lo que significa menos divisas, lo que significa más inflación, lo que significa más miseria. Pero en Washington discuten si los barcos tienen bandera panameña o de las Islas Cook. Prioridades, ¿no?
La pregunta que nadie hace
Si estos sobrinos son tan centrales en el tráfico de drogas y petróleo del régimen, ¿por qué no los agarran de nuevo? ¿Por qué solo sanciones económicas? ¿O acaso las sanciones son más para las cámaras que para realmente desmantelar redes? DW reporta que Trump quiere la destitución de Maduro, pero las sanciones a familiares no tumban gobiernos. La historia lo ha demostrado en Cuba, en Corea del Norte, en Irán. ¿Por qué creerían que en Venezuela será diferente?
Al final del día, esto huele a más de lo mismo: teatro geopolítico donde los actores principales cambian de disfraz pero el guión sigue igual. Los sobrinos seguirán siendo sobrinos, los barcos encontrarán nuevas banderas, y los venezolanos seguirán pagando el precio de un juego que no pidieron jugar. La única diferencia es que ahora hay elecciones en EEUU, y en Washington siempre es temporada de caza de votos.


