TL;DR
- El gobierno de Gallardo celebra ser el tercer estado con menos homicidios en febrero
- Pero 3 muertes violentas en un mes siguen siendo 3 tragedias familiares
- Las cifras de feminicidios colocan al estado en el lugar 21 nacional
- La estrategia ‘integral’ se anuncia mientras otros delitos podrían estar invisibilizados
El triunfalismo de las estadísticas sangrientas
Imagina esta escena: el secretario general de Gobierno de San Luis Potosí, J. Guadalupe Torres Sánchez, anuncia con orgullo que en febrero el estado registró «únicamente» tres homicidios dolosos. La cifra, según Razon, coloca a la entidad como la tercera con menor incidencia a nivel nacional. El gobierno de Ricardo Gallardo Cardona se frota las manos: su estrategia integral de seguridad está «dando buenos resultados». Pero aquí viene lo incómodo: ¿de verdad podemos celebrar que solo mataron a tres personas en un mes?
Cuando «solo tres» sigue siendo demasiado
El discurso oficial se llena de porcentajes y lugares en el ranking nacional. «Tercer lugar con menos homicidios», «por debajo de la media nacional», «tendencia a la baja». Todo suena bien en el PowerPoint de la conferencia de prensa. Pero detrás de cada uno de esos tres homicidios hay una familia destrozada, amigos que lloran, comunidades que temen. La frialdad de las estadísticas nos hace olvidar que estamos hablando de vidas humanas, no de puntos en una gráfica. Y sí, tres es mejor que treinta, pero sigue siendo tres de más.
Los feminicidios: el ranking que nadie quiere ganar
Aquí la cosa se pone más turbia. Según los mismos datos que cita Razon, San Luis Potosí registró un feminicidio en enero y se ubicó en el lugar 21 nacional. En el rubro de mujeres víctimas de homicidio doloso, la entidad ocupó el lugar 19 con dos víctimas. Ahora piénsalo: estar en el puesto 21 de feminicidios significa que hay 20 estados con menos casos. ¿Eso es motivo de celebración? El gobierno destaca que están «por debajo de la media nacional», pero la media en un país con niveles epidémicos de violencia de género no es exactamente un estándar de excelencia.
La estrategia «integral» y lo que no se dice
Torres Sánchez atribuye los resultados a «la coordinación entre los tres niveles de gobierno». Suena bien, huele a trabajo en equipo. Pero aquí hay que preguntar: ¿qué pasa con los delitos que no son de «alto impacto»? ¿Los robos, las extorsiones, la violencia familiar? Porque una estrategia de seguridad que solo se mide por homicidios y feminicidios es como un médico que solo revisa la fiebre pero ignora el cáncer. La reducción en crímenes violentos es importante, claro, pero no cuenta toda la historia de la inseguridad que vive la gente día a día.
El peligro de las cifras sin contexto
Febrero tiene 28 días (o 29 en año bisiesto). Tres homicidios en 28 días da un promedio de un homicidio cada 9.3 días. ¿Es eso realmente excepcional? Depende con qué lo compares. Si lo comparas con los peores años de la guerra contra el narco, sí. Si lo comparas con países donde la violencia no es endémica, no tanto. El problema con estos anuncios triunfalistas es que crean una falsa sensación de seguridad. La gente empieza a pensar «ya se arregló el problema» cuando la realidad es más compleja.
¿Y si marzo trae diez homicidios?
Aquí está el verdadero test para la estrategia de Gallardo: la consistencia. Cualquier estado puede tener un mes «bueno» por pura casualidad estadística. Lo que importa es mantener la tendencia a la baja durante trimestres, no meses. Y ahí es donde muchos gobiernos estatales han fracasado: anuncian reducciones espectaculares en un periodo corto, pero cuando se mira el año completo, la cifra sigue siendo alarmante. La verdadera prueba llegará cuando tengamos los datos de todo 2026, no solo de febrero.
La pacificación que huele a campaña
No es casualidad que estas cifras se anuncien con bombo y platillo. Estamos en 2026, año electoral en muchos estados. Una reducción dramática en homicidios es el mejor spot de campaña que puede pedir un gobernador. Pero la seguridad no debería ser moneda de cambio político, sino un derecho constante. La pregunta incómoda es: ¿esta «pacificación de las cuatro regiones» es sostenible o solo un esfuerzo concentrado para la foto del informe de gobierno?
Lo que realmente debería indignarnos
Mientras el gobierno celebra su tercer lugar nacional en menos homicidios, hay algo que debería ponernos los pelos de punta: hemos normalizado tanto la violencia que tres asesinatos en un mes nos parecen «buenas noticias». Hemos bajado tanto la barra que cualquier cosa que no sea una masacre diaria se siente como progreso. Y eso, más que cualquier cifra, muestra lo profundo que está el problema. San Luis Potosí puede estar mejor que otros estados, pero sigue siendo parte de un país donde la violencia es el pan de cada día. Celebrar eso es como celebrar que solo te rompieron una pierna en lugar de las dos.


