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martes, febrero 3, 2026

De las Olimpiadas al narco: la caída del snowboardista Ryan Wedding

Cómo un atleta canadiense de clase media terminó como el 'Rey de la cocaína' en México

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TL;DR

  • Snowboardista olímpico canadiense detenido y extraditado a EU por el FBI
  • Acusado de tráfico de toneladas de cocaína y decenas de asesinatos internacionales
  • Recompensa de 10-15 millones de dólares por su captura
  • Usaba criptomonedas para lavar dinero y tenía red global de apoyo

Del podio olímpico al ranking del FBI

Ryan Wedding tenía 21 años cuando compitió en eslalon gigante paralelo en Salt Lake City 2002. Hoy, a los 44, está en la lista de los 10 fugitivos más buscados por el FBI. El secretario de Seguridad mexicano Omar García Harfuch confirmó su traslado a Estados Unidos junto con otro objetivo prioritario, el estadounidense Alejandro Rosales Castillo. Según Elpais, Wedding se entregó voluntariamente en la Embajada de Estados Unidos. La pregunta que queda flotando es: ¿qué demonios pasó en esos 23 años?

La transición más extraña del deporte al crimen

Wedding venía de familia de clase media acomodada en Columbia Británica. Sus padres le financiaron la universidad en Vancouver después de las olimpiadas. Pero la aventura académica le duró solo dos años. El reportero Jesse Hyde de RollingStone, que le ha seguido la pista desde 2009, documenta cómo Wedding se metió primero como guardia de seguridad en antros de Vancouver mientras montaba una plantación de marihuana. En 2006 las autoridades le cayeron encima y tuvo que volver a empezar. Lo curioso es que no estamos hablando de alguien que creció en la pobreza o sin oportunidades – estamos frente a un atleta olímpico con educación universitaria que eligió el camino más oscuro.

Las ‘Grandes Ligas’ de la cocaína

Después de operaciones en el mercado inmobiliario local, Wedding decidió irse a lo grande. El Departamento del Tesoro estadounidense lo describe como «un criminal extremadamente violento, presunto responsable del asesinato de numerosas personas en el extranjero, incluyendo ciudadanos estadounidenses». Su organización movía toneladas de cocaína desde Colombia y México hacia Estados Unidos y Canadá. Pero aquí viene lo más moderno del asunto: usaban criptomonedas para mover y blanquear las ganancias. No estamos hablando de narcos viejos con maletas de efectivo, sino de criminales que se actualizaron al siglo XXI.

La red global que nadie vio venir

Lo que más sorprende de este caso es la sofisticación de su red de apoyo. El Tesoro sancionó a un abogado y un joyero canadienses, un exmiembro de fuerzas especiales italianas y una proxeneta colombiana que dirigía una red de prostitución en México. Wedding operaba bajo los alias «King» y «James Conrad» (por un personaje de King Kong), lo que sugiere cierta megalomanía cinematográfica. El FBI asegura que ordenó decenas de asesinatos en todo el mundo usando métodos «altamente sofisticados». La recompensa por su captura era de 10 a 15 millones de dólares – cifra que normalmente reservamos para jefes de carteles, no para exatletas.

La pregunta incómoda que nadie hace

¿Cómo es posible que alguien con el perfil de Wedding – atleta olímpico, educación universitaria, familia estable – termine en este nivel de crimen organizado? Elpais lo llama «un enigma para el colectivo de escuelas de sociología del mundo». Pero quizás el enigma no es tan misterioso: el narcotráfico internacional ofrece ganancias que ningún deporte ni carrera profesional puede igualar. Cuando el Departamento del Tesoro habla de «enormes sumas de dinero ilícito» blanqueadas con criptomonedas, estamos hablando de cantidades que hacen parecer ridículos los premios olímpicos.

Lo que esta historia dice del crimen moderno

Ryan Wedding representa una nueva generación de criminales: educados, internacionales, tecnológicamente sofisticados. No es el típico narco que viene de la pobreza extrema. Su caso muestra cómo el crimen organizado ya no solo recluta en las zonas marginadas, sino que seduce a personas con talento, educación y contactos. La justicia estadounidense lo acusa de tráfico de cocaína, asesinato, asesinato en grado de tentativa y empresa criminal continuada. Pero el verdadero crimen aquí es sistémico: un sistema económico global donde mover drogas paga más que cualquier medalla olímpica.

La entrega voluntaria de Wedding en la embajada estadounidense sugiere que sabía que el juego se había terminado. Pero mientras esté en prisión, otros como él seguirán encontrando que el lado oscuro paga mejor que cualquier podio. La pregunta que queda es: ¿cuántos más Ryan Weddings hay por ahí, esperando cambiar los esquís por el narcotráfico?


Fuentes consultadas:

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