TL;DR
- Carlos Giménez protestó por una reunión cancelada que nunca se concretó oficialmente
- La embajada mexicana tuvo que aclarar que sin agenda mutua no hay cita que cancelar
- El incidente refleja la tensión constante desde el regreso de Trump a la Casa Blanca
- México ha entregado 94 criminales a EEUU en el último año para alivianar la relación
El congresista que protestó por un fantasma
Carlos Antonio Giménez, el congresista republicano por Florida, llegó a Ciudad de México con su colega Michael McCaul de Texas y armó un escándalo en redes sociales: según él, la presidenta Claudia Sheinbaum les había cancelado una reunión. El problema es que, como documenta El País, esa cita nunca existió en los canales oficiales. La embajada mexicana en Washington tuvo que salir al paso cuatro horas después con un mensaje en X que dejaba las cosas claras: «Los compromisos diplomáticos solo se confirman una vez que las agendas son acordadas mutuamente a través de los canales oficiales. Dado que ese proceso no se completó, no hubo ninguna reunión que cancelar».
La diplomacia del teatro político
Lo interesante aquí no es solo la queja infundada, sino el timing y el contexto. Giménez viajó a México justo cuando las tensiones con la administración Trump están en su punto más álgido desde que el republicano regresó a la Casa Blanca el año pasado. El mismo Trump ha estado insinuando intervenciones militares en territorio mexicano contra los carteles, designando al CJNG y al Cartel de Sinaloa como organizaciones terroristas extranjeras. Este congresista no llegó a México para dialogar – llegó para hacer teatro político, y cuando no consiguió su foto con Sheinbaum, montó el show de la «cancelación».
Trump y la amenaza constante
El País detalla cómo la operación de Washington en Venezuela -que terminó con la captura de Nicolás Maduro- avivó las tensiones con México, que históricamente ha sido crítico del intervencionismo estadounidense en la región. Pero lo preocupante es que, días después de esa operación, la administración Trump volvió a plantear la idea de intervenir en México. No es retórica vacía: es una amenaza constante que pende sobre la relación bilateral como una espada de Damocles. Sheinbaum ha tratado de alivianar la tensión entregando criminales -94 en el último año, según el reporte-, pero parece que para algunos en Washington eso no es suficiente.
La entrega de Wedding y las versiones contradictorias
El caso más reciente es el del exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, alias «El Rey de la Cocaína», entregado a finales de enero. Aquí hay otro detalle que huele raro: según El País, «las autoridades no han detallado todavía qué ocurrió en las horas previas al envío de Wedding a Estados Unidos». Circulan versiones contradictorias sobre si se entregó voluntariamente o fue detenido por agentes estadounidenses en territorio mexicano. Cuando ni siquiera puedes aclarar cómo se capturó a uno de los objetivos prioritarios del FBI, algo está mal en la comunicación bilateral.
¿Diplomacia o guerra fría disfrazada?
Lo que este incidente revela es que la relación México-EEUU bajo Trump se ha convertido en una especie de guerra fría de baja intensidad. Por un lado, México coopera en seguridad (94 extradiciones no son poca cosa). Por otro, congresistas republicanos llegan a hacer teatro político y el presidente estadounidense amenaza con invadir cada vez que hay un pico de violencia. Giménez, después de su queja por la reunión fantasma, dijo que al menos se reunió con el embajador Ronald Johnson y «los valientes marines de Estados Unidos que sirven allí con orgullo». Curioso que mencione a los marines en territorio mexicano justo cuando su jefe habla de intervenciones militares.
El verdadero problema de fondo
El show de Giménez distrae del problema real: la administración Trump quiere tratar a México como un estado fallido que necesita intervención, no como un socio estratégico. Mientras Sheinbaum intenta manejar la relación con entregas de criminales y diálogo, del otro lado hay quienes prefieren el discurso beligerante. La pregunta incómoda es: ¿cuánto más puede aguantar México esta dinámica antes de que una de las amenazas de Trump se concrete? Porque si algo nos ha enseñado la historia, es que cuando un presidente estadounidense repite algo suficiente veces, eventualmente lo hace.


