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martes, febrero 3, 2026

La victoria migrante que nadie vio venir

Cómo 700,000 firmas y una pandemia cambiaron las reglas del juego en España

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TL;DR

  • El movimiento Regularización Ya juntó 700,000 firmas en plena pandemia
  • 840,000 personas siguen en situación irregular según las últimas estimaciones
  • La victoria es de la organización comunitaria, no de los partidos políticos
  • El borrador del decreto podría dejar fuera a miles por condiciones innecesarias
  • El éxito español contrasta con la distopía migratoria global

Cuando la calle escribe las leyes

Imagina organizar una campaña de recolección de firmas en medio de una pandemia, cuando el mundo se encerraba y el miedo era la moneda corriente. Ahora imagina juntar más de 700,000 rúbricas de españoles que dicen «sí» a los derechos de quienes viven entre sombras. Eso no lo hizo ningún partido político, ningún gobierno iluminado. Lo hizo el movimiento Regularización Ya, una coalición de migrantes organizados que decidieron que ya era suficiente. Elpais documenta cómo esta iniciativa legislativa popular (ILP) se convirtió en un terremoto político que nadie en el poder vio venir.

Los números que duelen

840,000. No es un código postal, no es el número de la lotería. Son mujeres, hombres y niños que viven en España sin papeles, según la estimación más reciente que cita Elpais. Piensa en eso: casi un millón de personas que trabajan, que pagan impuestos (sí, aunque no lo creas), que mandan a sus hijos a la escuela, pero que viven con el miedo constante a una deportación. La irregularidad no es solo un estatus migratorio – es una condena a la precariedad perpetua. El Estado pierde fortunas cada año en contribuciones fiscales y sociales que no se realizan, mientras nuestra economía renuncia al talento que necesita desesperadamente. Aquí no hay ganadores, solo perdedores.

El juego político del «sí, pero…»

Lo más cínico de esta historia es que durante buena parte de la tramitación parlamentaria, la ILP contó con el apoyo de un centro-derecha que luego se «distrajo» con lo que Elpais llama «el inane juego de reproches» de la política española. Traducción: cuando vieron que la cosa pintaba bien para el gobierno, se echaron para atrás. La memoria selectiva de los partidos es un deporte nacional. Pero el verdadero triunfo aquí no es de la clase política – es de esa coalición histórica de cerca de un millar de organizaciones de todo el espectro social e ideológico que respaldaron el esfuerzo. Cuando la sociedad civil se organiza, los políticos solo pueden seguir o quedar como lo que son: espectadores.

La letra chiquita que nadie quiere leer

Aquí viene el pero, porque en España siempre hay un pero. Los primeros análisis del borrador del Real Decreto sugieren que un número innecesario de personas sin papeles podrían quedar fuera de la medida por condiciones demasiado restrictivas. O sea, ganamos la batalla pero perdemos la guerra si al final solo regularizan a unos cuantos. El análisis de Elpais señala que esto debe corregirse en la tramitación de la norma, porque de lo contrario seguiremos con la misma política migratoria «miedosa y de puerta estrecha» que alimenta la irregularidad. Es como si te dieran una llave pero te cambiaran la cerradura.

El odio que se retransmite en directo

Mientras en España se celebra esta victoria, en lugares como Minneapolis (Estados Unidos) las consecuencias del odio migratorio se retransmiten en directo. Elpais no se anda con rodeos: esta decisión va a despertar un rechazo visceral por parte de un sector minoritario pero ruidoso de la sociedad que hoy se siente autorizado para odiar en público. España nada a contracorriente en medio de una distopía global donde la xenofobia se ha normalizado. El ejemplo español -el de una sociedad que ha sabido ver en sus vecinos, colegas de trabajo y compañeros de clase a seres humanos como nosotros- podría iluminar a un mundo cada vez más oscuro. O al menos, eso esperamos.

Lo que realmente cambió

La verdadera victoria no está en un decreto, por histórico que sea. Está en que por primera vez, la comunidad migrante organizada demostró que puede cambiar las reglas del juego desde abajo. Que 700,000 firmas recogidas en las condiciones más adversas valen más que mil discursos políticos. Que cuando te organizas, el poder tiene que escuchar. El camino no ha terminado – de hecho, apenas comienza. Pero algo fundamental cambió: ya no son «ellos» contra «nosotros». Son nuestros vecinos, nuestros colegas, los padres de los amigos de nuestros hijos. No más, pero tampoco menos. Y eso, en un mundo que se empeña en dividir, es la victoria más importante de todas.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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