TL;DR
- Anuncia pausa tras 25 años de carrera justo cuando arde polémica por chistes sobre tragedia ferroviaria
- Reconoce que «lo acontecido en las últimas horas precipita una decisión» que ya venía considerando
- Niega faltar al respeto a víctimas pero pide disculpas si molestó con su humor
- La polémica se viralizó con clip donde parodiaba al periodista Nacho Abad hablando del accidente
- Deja «el mejor programa que he hecho nunca», Hora Veintipico, en medio de la tormenta
El timing perfecto que nadie se cree
No mames, qué casualidad tan sospechosa. Héctor de Miguel, el humorista español conocido como Quequé, anuncia su retiro temporal justo cuando arde la polémica por sus chistes sobre la tragedia ferroviaria de Adamuz. Según El País, el comunicado llega este domingo con una frase que debería estar en el diccionario bajo «eufemismo profesional»: «Lo acontecido en las últimas horas precipita una decisión que -quien me sufrió lo sabe- llevaba tiempo barruntando». O sea, llevaba pensándolo, pero la presión mediática de esta semana le dio el empujoncito final. Qué conveniente.
45 muertos y un clip que se volvió viral
Aquí está el meollo del asunto: 45 personas fallecidas en Adamuz, entre ellas un policía nacional, y Quequé haciendo comedia sobre el tema. El clip que prendió la mecha muestra al humorista parodiando al periodista Nacho Abad hablando del accidente. En redes, la cuenta @jusapol lo resumió con crudeza: «45 personas fallecidas… y este ‘locutor’ realizando una parodia lamentable». La polémica no es nueva -ya el 20 de enero, en pleno luto nacional, volvió al tema- pero esta vez la bola de nieve se convirtió en avalancha.
Las disculpas que no son disculpas
Lo interesante es cómo maneja el asunto. Por un lado pide perdón: «Si he molestado lo que hemos hecho estos días —o cualquier otro día— mis más sinceras disculpas». Pero inmediatamente añade la coletilla que todo humorista polémico conoce: «quien sostenga que faltamos al respeto a las víctimas de los accidentes ferroviarios simplemente está mintiendo». O sea, «perdón si te ofendiste, pero no hice nada malo». Estrategia clásica en el manual de relaciones públicas: admites el impacto emocional pero niegas la mala intención. El problema es que con 45 muertos de por medio, la línea entre humor negro e insensibilidad se vuelve más fina que el filo de una navaja.
25 años y el mejor programa de su vida
Quequé no llega a esto de la nada. Son 25 años de carrera, desde La Vida Moderna y La Lengua Moderna hasta lo que él mismo califica como «el mejor programa que he hecho nunca»: Hora Veintipico. Justo el programa del que ahora se baja. En su carta agradece a la Cadena SER el apoyo y recuerda con cariño su trayectoria, pero también deja claro que no tiene «madera de héroe, ni me apetece ser mártir». Frase reveladora: sugiere que continuar sería convertirse en símbolo de algo, y prefiere bajarse antes que cargar con esa cruz.
El cuerpo pide, la mente disimula
«El cuerpo me lo pedía y la mente disimulaba», confiesa. Aquí hay dos lecturas posibles: la oficial (cansancio real tras 25 años en el ring mediático) y la oficiosa (el desgaste de lidiar con polémicas constantes). El humor político y social siempre camina sobre la cuerda floja, pero cuando la cuerda está sobre 45 tumbas frescas, el equilibrio se vuelve casi imposible. Quequé reconoce que la última semana fue «difícil» y que decidieron «sacar adelante unos programas de los que estoy muy orgulloso». Orgulloso de hacer comedia «con lo que había alrededor de la desgracia». Ahí está el debate: ¿dónde termina la libertad de expresión y empieza la falta de tacto?
El muchacho de Salamanca que cumplió su sueño
Lo más humano de todo viene al final: «Lograsteis que un muchacho de Salamanca sin estudios ni padrinos cumpliera su sueño de trabajar poco y madrugar lo menos posible». Esa autodefinición irónica, ese reconocimiento de que llegó lejos sin pedigrí académico ni contactos, es quizás lo más sincero de todo el comunicado. Pero también plantea una pregunta incómoda: ¿ese «muchacho de Salamanca» que triunfó con humor ácido ahora se quema con su propio fuego?
¿Pausa creativa o retirada estratégica?
Aquí está lo que realmente importa: ¿volverá? Las «retiradas temporales» en el mundo del espectáculo tienen historial variado. Algunos regresan renovados, otros desaparecen para siempre, y unos cuantos vuelven cuando la polémica se enfría. Quequé deja la puerta entreabierta, pero en medio de una tormenta perfecta: presión social, redes encendidas, y el fantasma de 45 familias dolientes. Su decisión de parar ahora puede leerse como sabiduría (reconocer cuándo el costo personal es demasiado alto) o como rendición (ceder ante la presión de los ofendidos). La verdad probablemente esté en algún punto intermedio: el cansancio era real, la polémica fue la gota que derramó el vaso, y la pausa es tanto necesidad personal como cálculo profesional. El tiempo dirá si este descarrilamiento mediático fue solo una estación o el final del trayecto.


