Lo que debes de saber
- España tiene 55,077 puntos de recarga pública, pero 17,073 están apagados.
- El crecimiento del despliegue se ralentizó al 3.8% en el primer trimestre de 2026.
- El 15% de los nuevos puntos son de muy alta potencia, un avance clave para viajes largos.
- El indicador de electromovilidad del país es de solo 22.9 sobre 100, lejos de la media europea.

El récord que nadie puede usar
España acaba de superar la barrera de los 55,077 puntos de recarga de acceso público. Suena a noticia para celebrar, ¿no? Pues no tan rápido. Porque si te paras a ver el panorama completo, la cosa huele más a triunfalismo vacío que a avance real. Según el último Barómetro de Electromovilidad de ANFAC, del que se hace eco ABC, uno de cada cuatro de esos cargadores está apagado. Sí, leíste bien: el 24% de la infraestructura instalada es puro adorno. Son los llamados ‘cargadores fantasma’, que están ahí, ocupando espacio en calles y estaciones, pero que no suministran ni un voltio porque están averiados, en mal estado o, lo que es más común y más triste, esperando a que la burocracia les dé luz verde. Imagínate construir un hospital y que no puedas conectar los quirófanos. Pues eso, pero con enchufes para coches. La cifra total de puntos inoperativos asciende a 17,073. Si todos funcionaran, la red española daría un salto de gigante hasta los 72,150 puntos, como señala Híbridos y Eléctricos. Pero ahí están, mudos, mientras el país presume de números que en la práctica son un espejismo para el conductor que necesita recargar.

La desaceleración que nadie esperaba (pero todos vieron venir)
El primer trimestre de 2026 dejó un crecimiento del 3.8% en la red, con 2,005 nuevos puntos operativos. Suena a algo, hasta que lo comparas con el ritmo de los dos años anteriores y te das cuenta de que el despliegue se está frenando. No es una percepción, es un dato duro: el avance es más lento que en periodos previos. El Output ya había documentado esta tendencia desde 2025, cuando el ritmo de instalación pasó de más de 7,600 puntos en un trimestre a apenas 1,500 en el siguiente. La pregunta obvia es: ¿por qué? La respuesta es un cóctel de problemas técnicos y, sobre todo, un mar de trámites administrativos que pueden tardar meses, incluso años, en resolverse. No es solo poner un poste; es conseguir permisos, conexiones a la red y supervisión. Un lío que ahoga la innovación y la eficiencia. El barómetro de ANFAC es claro: el crecimiento podría ser mucho mayor si se resolvieran los problemas que mantienen a miles de puntos fuera de servicio. Es como si un equipo de fútbol fichara a 10 jugadores estrella pero a la mitad no les dieran la camiseta para jugar. De qué sirve el fichaje, entonces.
«Estos ‘cargadores fantasma’ están físicamente implantados en calles, parkings o estaciones de servicio, pero que no suministran energía por estar averiados, en mal estado o, en la mayoría de los casos, a la espera de una conexión definitiva a la red eléctrica o de la obtención de los permisos administrativos necesarios.» – ABC
La luz al final del túnel (que es de muy alta potencia)
No todo es pesimismo en este panorama. Hay un dato que brilla con fuerza propia y es la calidad de la nueva infraestructura. De esos 2,005 puntos nuevos instalados en el trimestre, un 15% son de muy alta potencia, superando los 250 kW. Esto no es un detalle menor. Según Híbridos y Eléctricos, este incremento es significativo, ya que equivale a casi la mitad de todos los cargadores de esta potencia instalados durante todo 2025. Este tipo de infraestructura es la clave para los viajes de larga distancia y, algo crucial, para electrificar el transporte pesado. Es la diferencia entre parar 30 minutos o 8 horas a recargar. Es lo que realmente puede convencer al usuario indeciso que aún ve la autonomía como un obstáculo insalvable. Sin embargo, este avance en calidad choca frontalmente con el estancamiento en cantidad y operatividad. Podemos tener los enchufes más rápidos del mundo, pero si no hay suficientes o si una cuarta parte no funciona, el usuario final sigue teniendo una experiencia frustrante. Es como tener un Ferrari pero sin gasolina en la gasolinera.
El objetivo europeo: una meta que se aleja
Mientras España se debate entre cargadores fantasma y un despliegue que pierde fuelle, el contexto europeo no espera. El país ha cumplido el 62% del objetivo fijado para 2026, lo que suena bien sobre el papel. Pero el diablo está en los detalles. Hay 12 provincias que ni siquiera han alcanzado el 50% de su meta, lo que revela una desigualdad territorial brutal. Y luego está el indicador global de electromovilidad, que combina la penetración del vehículo eléctrico con el desarrollo de la infraestructura. España se sitúa en 22.9 puntos sobre 100. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que suspende. Estamos lejos, muy lejos, de la media europea. MSN resume bien el sentimiento: España impulsa, pero no alcanza. El reloj corre en contra. La transición energética no es un sprint, es una maratón, y España parece haber empezado con el pie equivocado y ahora se le están acumulando las agujetas. La industria automotriz, a través de ANFAC, deja claro que este ‘agujero negro’ de la operatividad es el principal escollo para convencer al consumidor. Al final, de nada sirven los discursos verdes y las metas grandilocuentes si el ciudadano no puede confiar en que va a encontrar un enchufe que funcione cuando lo necesite. La credibilidad de toda la transición se juega en esos postes apagados.


