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miércoles, febrero 18, 2026

La derecha española se une para prohibir el burka: ¿protección o xenofobia?

PP y Vox se alían en el Congreso para vetar el velo integral mientras compiten por el voto del campo

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TL;DR

  • PP y Vox votarán juntos para prohibir el burka y niqab en espacios públicos
  • La ley incluye penas de cárcel de hasta 4 años por «imponer» estos velos
  • Multas de hasta 30.000 euros por usarlos en la vía pública
  • El debate llega justo antes de las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo

La competencia por el voto más conservador

Justo cuando parecía que PP y Vox solo compartían el odio mutuo, resulta que también comparten agenda. Según El País, la derecha tradicional y la ultraderecha española han encontrado un terreno común: prohibir el burka y el niqab en espacios públicos. Y no es casualidad que este debate se active a las puertas de las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo, donde ambos partidos se disputan el voto del campo y el más conservador. Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, lo dijo sin tapujos: «Tenemos que fijarnos en las cuestiones que nos unen [con Vox]». Parece que la dignidad de las mujeres musulmanas es la moneda de cambio perfecta para esta alianza electoral.

De la «protección» a la criminalización

La propuesta de Vox, que el PP apoyará, es un manual de cómo convertir un debate cultural en herramienta represiva. No se conforman con prohibir el uso del burka y niqab en espacios públicos -incluyendo «lugares privados con proyección a un espacio o uso público»-, sino que establecen penas de cárcel de un año y seis meses a tres años para quienes «impongan» estos velos. Y aquí viene el detalle: si la «víctima» es menor de edad, discapacitada o enferma, la pena sube a dos años y medio a cuatro años. La pregunta incómoda: ¿cómo se demuestra que alguien «impone» un velo? ¿Basta con que una mujer lo use para asumir que es víctima de coacción? El paternalismo disfrazado de feminismo tiene ese olor rancio.

Multas que duelen más que el debate

Mientras discuten la dignidad de las mujeres, Vox propone multas de hasta 600 euros por usar burka o niqab en la vía pública. Y si te atreves a reincidir, la multa puede llegar a 30.000 euros. Para ponerlo en perspectiva: es más caro usar un velo integral en España que beber alcohol en la calle o hacer pintadas. La exposición de motivos de la propuesta es un dechado de alarmismo: habla de «llegada masiva de inmigrantes de países con fuerte influencia islamista» y advierte que «una falsa noción de tolerancia podría conducir a permitir la progresiva normalización» de estos hábitos. Traducción: el problema no es la opresión de las mujeres, sino que sean visibles.

La hipocresía del velo selectivo

Aquí está la contradicción más absurda: la ley no afecta al hiyab, ese velo que solo cubre pelo y cuello y que, según los proponentes, es «seña de identidad religiosa». O sea, la dignidad de la mujer se protege prohibiendo unos velos pero permitiendo otros. La línea entre opresión y tradición parece depender más de lo que molesta a la vista occidental que de un análisis feminista serio. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ya había elogiado la propuesta de Vox como ejemplo de «respeto a la dignidad de las personas». Curioso respeto que empieza por decidir qué pueden y no pueden vestir ciertas mujeres.

El expediente de expulsión como arma política

La propuesta no se queda en multas y cárcel. También quiere modificar la ley de extranjería para que quienes cometan estas «infracciones muy graves» puedan ser expulsados de España. Imagínense: una mujer musulmana que insiste en usar niqab podría terminar no solo multada y encarcelada, sino deportada. Todo en nombre de su «protección». El PP ya había incluido el rechazo al burka y niqab en la ponencia política de su último congreso, argumentando que «ninguna tradición ni creencia puede justificar prácticas que invisibilizan u oprimen a la mujer». La ironía: ahora quieren invisibilizar a esas mismas mujeres prohibiéndoles salir a la calle.

¿Seguridad ciudadana o seguridad electoral?

El argumento de la seguridad ciudadana es el comodín perfecto. «La circulación masiva de personas con el rostro cubierto» sería, según la propuesta, «incompatible con el modo de vida de nuestra civilización». Porque claro, en una civilización donde la gente se tapa la cara con mascarillas sanitarias, bufandas en invierno o pasamontañas en manifestaciones, el verdadero peligro son unos metros de tela negra. Lo que no dicen es que en España el uso del burka y niqab es marginal, casi testimonial. Pero qué importan los datos cuando hay votos en juego.

Lo preocupante no es solo la ley en sí, sino lo que revela: cómo la derecha española ha aprendido que demonizar al diferente da réditos electorales. Primero fueron los inmigrantes, luego los musulmanes, ahora las mujeres musulmanas que visten de cierta manera. Y todo envuelto en el papel celofán del feminismo de salón. La pregunta que queda flotando es: ¿de verdad les importa la dignidad de estas mujeres, o solo les importa que dejen de ser visibles? Porque prohibir un símbolo no libera a nadie; solo convierte la opresión en ley estatal.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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