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martes, febrero 10, 2026

Venezuela: entre amnistías prometidas y torturas reales

Familiares de presos políticos exigen libertad mientras el gobierno juega con números y esperanzas

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TL;DR

  • Decenas de familiares protestaron frente a El Helicoide exigiendo cierre de centros de tortura
  • La amnistía prometida por el gobierno genera esperanza pero también escepticismo entre los manifestantes
  • Las cifras de excarcelaciones difieren: gobierno dice 600, ONG reportan menos de 400
  • Familiares denuncian tratos crueles y tortura psicológica en la cárcel más temida de Caracas

El minuto de silencio que grita más fuerte que los discursos

Este sábado, frente a El Helicoide -esa cárcel que parece sacada de una pesadilla arquitectónica en el centro-oeste de Caracas- hubo un minuto de silencio que decía más que todas las consignas juntas. Decenas de familiares, algunos con fotos de sus seres queridos que ya no reconocerían, otros con la esperanza tan gastada que casi se les cae de las manos, atendieron el llamado del cardenal Baltazar Porras. Elpais documenta cómo entonaron «¡Libertad!» y «cierren ya los centros de tortura», pero lo más elocuente fue ese silencio colectivo, ese vacío que llena la ausencia de cientos de venezolanos.

La matemática de la represión: 600 vs 400, ¿quién lleva la cuenta?

Aquí está el primer chiste macabro: el gobierno anuncia más de 600 liberaciones en el último mes, las ONG dicen que son menos de 400. No es un error de contabilidad, es la diferencia entre la propaganda y la realidad. Mientras los funcionarios sacan pecho con cifras redondas, los familiares siguen contando los días que sus seres queridos llevan encerrados. Diego Casanova, directivo del Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela, lo dijo claro: «A pesar de ofrecer cifras de excarcelaciones que no se corresponden con la realidad… seguimos todos muy esperanzados». La esperanza, en Venezuela, se ha convertido en la moneda más devaluada.

La amnistía que llega con cuentagotas y condiciones

El proyecto de ley de amnistía impulsado por Delcy Rodríguez y su hermano Jorge en la Asamblea Nacional suena bien en el papel, pero en las calles frente a El Helicoide el escepticismo es palpable. Los manifestantes no celebran, se lamentan: del retraso, de las «medidas legales sustitutivas» que no son libertad plena, de una exposición de motivos que parece más un ejercicio de redacción que un compromiso real. ¿De qué sirve una amnistía si los centros de tortura siguen operando? ¿De qué vale excarcelar a algunos si el sistema que los encarceló injustamente sigue intacto?

«Fe de vida, Gedeón»: el grito más desesperado

Entre los manifestantes estaban los familiares de los presos de la Operación Gedeón, esa fallida incursión de 2020 que buscaba derrocar a Maduro. Su exigencia era básica, primitiva, desgarradora: no piden mejor trato, no piden medicinas, no piden visitas. Piden confirmar si sus familiares están vivos. «Fe de vida, Gedeón», clamaban. Cuando lo único que puedes pedir es saber si tu ser querido respira todavía, has llegado al fondo del pozo de la dignidad humana.

La tortura tiene nombre: Nélida Sánchez

Estefany Alvarez estaba allí por su amiga Nélida Sánchez, dos años presa en El Helicoide. Su testimonio en Elpais es un catálogo de horror: «No la ha podido ver, no sabemos cómo está, no le reciben las medicinas. La hostigan. Es tortura psicológica y física». Esto no ocurre en las sombras de un régimen clandestino, ocurre en pleno Caracas, en un edificio que todos conocen, con policías que graban las protestas con sus teléfonos como si fueran turistas en un espectáculo.

Los números bailan, los presos no se mueven

Mientras el gobierno anuncia amnistías y excarcelaciones masivas, los policías en El Helicoide siguen grabando a los manifestantes con sus celulares. Esa imagen lo resume todo: un Estado que documenta el dolor que causa, que archiva la desesperación como si fuera evidencia de algo, pero nunca de su propia culpabilidad. Los organizadores se encararon brevemente con los agentes, luego dieron un paso atrás. No por miedo, sino porque saben que este juego lleva años y las reglas las pone quien tiene las llaves de las celdas.

La esperanza como último recurso de los sin recursos

«Seguimos todos muy esperanzados en que nos van a regresar a nuestros seres queridos muy pronto», dice Casanova. Pero esa esperanza ya no es un sentimiento, es una estrategia de supervivencia. Cuando te han quitado todo -la libertad, la salud, la certeza de que tu familiar está vivo- solo te queda esperar. Y protestar. Y volver a esperar. El ciclo se repite cada sábado frente a El Helicoide, mientras dentro, tras esos muros, la tortura sigue su curso indiferente a los discursos, a las amnistías, a las cifras oficiales.

La pregunta incómoda que queda flotando después de la protesta es simple: ¿de qué sirve excarcelar a cientos si el sistema que los torturó sigue en pie? ¿No será que las amnistías son solo una forma más sofisticada de limpiar la imagen, mientras El Helicoide y sus hermanos menores siguen funcionando? Los familiares lo saben, por eso no piden solo libertad, piden que «cierren ya los centros de tortura». Porque liberar a los presos sin desmantelar el aparato que los presionó es como sacar el agua de un barco que sigue teniendo huecos. Eventualmente, se volverá a llenar.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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