TL;DR
- Lukashenko indulta a 123 personas, 114 llegan a Ucrania
- Entre los liberados están María Kolésnikova y Viktor Babariko, líderes opositores
- Operación coordinada con inteligencia ucraniana y mediación estadounidense
- Cinco ucranianos acusados de espionaje también recuperan su libertad
El dictador que se volvió humanitario de repente
Alexandr Lukashenko, el mismo tipo que lleva 27 años en el poder tras elecciones cuestionadas, que reprimió protestas masivas en 2020 con violencia brutal, y que mantiene a cientos de presos políticos en condiciones inhumanas, ahora aparece como el gran humanitario. Según DW, el presidente bielorruso indultó a 123 personas, de las cuales 114 llegaron a Ucrania este sábado. Entre ellos, los principales líderes opositores que llevaban años pudriéndose en sus cárceles: María Kolésnikova y Viktor Babariko.
La operación que huele a lavado de imagen
Lo primero que salta a la vista: esto no es un acto de buena voluntad espontáneo. El Centro de Coordinación para Prisioneros de Guerra de Ucrania lo describe como «una operación para el retorno de 114 civiles» coordinada por inteligencia ucraniana. Volodimir Zelenski reconoce que fue el jefe de inteligencia Kirilo Budánov quien manejó los detalles. Y aquí viene lo interesante: Estados Unidos metió la cuchara con John Cole como emisario de la Casa Blanca en las negociaciones de Minsk. ¿Un dictador que de repente se vuelve compasivo? No, esto es geopolítica pura y dura.
Los nombres que Lukashenko quería olvidar
María Kolésnikova no es cualquier presa política. Esta mujer, que según las fotos de su llegada a Ucrania publicadas por DW parece haber envejecido décadas en pocos años, fue una de las caras visibles de las protestas de 2020. La metieron a la cárcel por «conspiración para tomar el poder» y «llamados a acciones que amenazan la seguridad nacional». O sea, por protestar. Viktor Babariko, por su parte, era el banquero que quería competir contra Lukashenko en las elecciones y terminó con 14 años de prisión por «soborno» y «lavado de dinero». Casualidad que los dos principales rivales del régimen estén entre los liberados.
Los cinco ucranianos que nadie mencionaba
Mientras todos hablan de Kolésnikova y Babariko, casi nadie menciona a los cinco ucranianos que también recuperaron su libertad. Acusados de espionaje, pasaron quién sabe cuánto tiempo en cárceles bielorrusas sin que su caso tuviera la misma cobertura mediática. Zelenski los menciona de pasada en su Telegram: «cinco ciudadanos ucranianos» entre los liberados. Pero ¿quiénes son? ¿Qué hacían en Bielorrusia? ¿Fueron realmente espías o víctimas de acusaciones fabricadas? Esas preguntas quedan flotando en el aire.
El timing perfecto (para Lukashenko)
Analicemos el calendario: consultas en Minsk durante dos días, emisario estadounidense de por medio, y de repente -¡sorpresa!- Lukashenko aparece como el tipo razonable que libera presos. Esto ocurre cuando el régimen bielorruso está más aislado que nunca, con sanciones occidentales que ahogan su economía, y cuando necesita desesperadamente algún tipo de legitimidad internacional. ¿Coincidencia? En política internacional, las coincidencias son tan comunes como los unicornios en el Metro.
Lo que no liberaron: el sistema represivo
Aquí está el detalle que nadie quiere ver: Lukashenko libera a 114 personas, pero el sistema que las encarceló sigue intacto. Las leyes represivas siguen vigentes. Los jueces que dictaron sentencias absurdas siguen en sus puestos. Los servicios de seguridad que torturaron a detenidos siguen operando. Y lo más importante: Lukashenko sigue en el poder. Esto no es un cambio de sistema, es un gesto cosmético. Como si un narco liberara a unos cuantos secuestrados pero siguiera traficando.
La pregunta incómoda: ¿y los otros presos?
DW reporta 123 indultados, 114 llegaron a Ucrania. ¿Y los otros 9? ¿Dónde están? ¿Quiénes son? ¿Por qué no cruzaron la frontera? Más importante aún: organizaciones como Viasna documentan que hay cientos, quizá miles, de presos políticos en Bielorrusia. ¿Qué pasa con ellos? Esta operación mediática deja fuera a la inmensa mayoría de quienes sufren la represión del régimen. Es como sacar un cubetazo de agua del mar y decir que resolviste la contaminación oceánica.
El juego geopolítico de tres bandas
Estados Unidos gana puntos como mediador humanitario. Ucrania muestra que puede negociar con su vecino problemático. Y Lukashenko… bueno, Lukashenko consigue que por unos días los medios hablen de su «gesto humanitario» en lugar de sus violaciones a derechos humanos. Todos ganan algo, excepto quizá los bielorrusos que siguen viviendo bajo una dictadura. La periodista Marina Zolótova, también liberada según DW, probablemente podría contar mejor esta historia. Si es que la dejan hablar.
El verdadero precio de la libertad
Al final del día, 114 personas respiran aire libre después de años de infierno. Eso es innegablemente positivo. Pero la liberación viene con un sabor amargo: refuerza la narrativa de que los derechos humanos son moneda de cambio en la geopolítica, no principios universales. Muestra que incluso los regímenes más brutales pueden comprar algo de legitimidad con gestos calculados. Y deja claro que mientras celebramos a los liberados, miles siguen atrapados en el mismo sistema que los encarceló. La pregunta que queda flotando es: ¿cuántos presos políticos vale un respiro mediático para un dictador?


