TL;DR
- La 38ª edición premió a leyendas como Rudy Fernández y Silvia Domínguez, pero también reveló patrones interesantes
- El Real Madrid dominó las categorías principales con Campazzo y Hezonja, mientras el Valencia fue reconocido como club gigante
- La selección campeona del mundo 2006 recibió homenaje 20 años después, un guiño nostálgico a la generación dorada
- Las categorías femeninas muestran crecimiento pero aún reflejan la brecha de visibilidad en el baloncesto español
La nostalgia como premio y el presente como asignatura
Cuando la revista Gigantes celebra su 38ª edición de premios, algo más que una simple ceremonia de galardones se pone sobre la mesa. Según Elpais, el evento reunió a «un elenco de grandes nombres de la canasta» pero, si rascamos un poco, lo que realmente vemos es un termómetro de cómo el baloncesto español se valora a sí mismo. Rudy Fernández como Gigante Leyenda Masculino, Silvia Domínguez y Anna Cruz como Gigante Leyenda Femenino, y Sasha Djordjevic como Leyenda Internacional. No está mal, pero uno se pregunta: ¿es esto un reconocimiento al presente o un homenaje al pasado?
El Madrid manda, pero el Valencia respira en la nuca
Los números no mienten: Facundo Campazzo como Gigante del Año Masculino, Mario Hezonja como Gigante Liga Endesa. Dos jugadores del Real Madrid llevándose los premios más jugosos de la temporada. Pero aquí viene lo interesante: el Valencia Basket se lleva el título de Club Gigante Masculino y Luis Arbalejo el de Mejor Dirección Deportiva. El mensaje es claro: mientras el Madrid gana títulos individuales, el Valencia construye proyectos. Y en medio, el Unicaja Málaga con el premio a Mejor Afición, porque al final del día, sin gente en las gradas, esto no es más que un juego de canasta vacía.
2006: el año que nunca deja de premiarse
Veinte años después, la selección campeona del mundo en Saitama sigue recibiendo homenajes. Pepu Hernández en el escenario junto a Mumbrú, Cabezas, Berni Rodríguez, Felipe Reyes, Sergio Rodríguez, Garbajosa y Rudy. La nostalgia es un negocio redondo, pero también una pregunta incómoda: ¿por qué esa generación sigue siendo el referente dos décadas después? ¿Es que no hemos producido nada igual desde entonces? O peor aún: ¿es que nos cuesta tanto reconocer el presente que necesitamos refugiarnos en el pasado?
El básquet femenino: creciendo pero aún en segunda división
Silvia Domínguez y Anna Cruz como Leyendas Femeninas, Aina Ayuso como Gigante del Año Femenino, Leticia Romero como Gigante Liga Femenina Endesa. Las categorías existen, los premios se entregan, pero la sensación es que el baloncesto femenino sigue siendo la hermana pequeña que recibe sus galardones en una ceremonia compartida. Lo más revelador: las selecciones femeninas FEB ganan por «3 oros U16, U18 y U20 y Plata absoluta». O sea, las categorías de formación arrasan, pero la absoluta se conforma con plata. El mensaje subliminal: el futuro es prometedor, pero el presente aún no llega a la cima.
Los premios que nadie ve pero que importan
Mientras todos miran a Rudy y Campazzo, hay categorías que dicen más de la salud real del baloncesto español. Diego Ocampo como Mejor Entrenador (BAXI Manresa), Melwin Pantzar como Mayor Progresión Masculino (Surne Bilbao), Iyana Martín como Mayor Progresión Femenino (Perfumerías Avenida). Estos no son nombres que llenen portadas, pero son la sangre que mantiene vivo el sistema. El BAXI Ferrol como Club Gigante Femenino, el CB Canarias reconocido en trayectoria directiva. Esto es lo que no se ve en la tele pero que sostiene la canasta cuando los focos se apagan.
La pregunta incómoda: ¿premios o autobombo?
Al final del día, los Premios Gigantes son organizados por una revista especializada. No hay nada malo en eso, pero uno no puede evitar preguntarse: ¿estamos premiando lo que realmente importa o lo que conviene al relato? Cuando el mismo medio que cubre el baloncesto también lo premia, hay un conflicto de interés que huele a kilómetros. No digo que los galardonados no lo merezcan -Rudy es una leyenda viva, Domínguez una referencia histórica-, pero la ceremonia tiene un tufillo a círculo cerrado que no termina de convencer.
Lo más revelador quizás sea el premio Gigante de Oro a la Selección España 3×3 masculino y a las selecciones BSR masculina y femenina. Deportes que no tienen la visibilidad del básquet convencional, pero que arrasan internacionalmente. Como diciendo: «miren, también existimos». Y ahí está la clave: en una ceremonia de 38 ediciones, todavía hay que recordar que el baloncesto es más que ACB y Euroliga. Que hay canastas que se anotan en silla de ruedas, en medio juego 3×3, en categorías de formación. Que el gigante, al final, tiene muchos brazos y algunos todavía esperan su reconocimiento.


