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sábado, enero 10, 2026

Perry Bamonte se fue en Navidad: la muerte silenciosa de un Cure

El guitarrista que pasó de técnico a leyenda murió justo cuando The Cure planeaba su regreso mundial

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TL;DR

  • Murió a los 65 años tras ‘una corta enfermedad durante la Navidad’, según el comunicado oficial
  • Dejó la banda en 2005 pero regresó en 2022 para la gira Shows of a Lost World
  • Había tocado más de 490 conciertos con The Cure a lo largo de 14 años como miembro oficial
  • Tenía previsto actuar en los conciertos internacionales de The Cure en 2026

La muerte que llegó entre villancicos

Perry Bamonte se fue en Navidad. No en un escenario frente a miles de fans gritando «Friday I’m in Love», sino en silencio, tras lo que El País describe como «una corta enfermedad durante el transcurso de la Navidad». El comunicado de The Cure es tan vago que duele: no fecha exacta, no causa específica, solo esa referencia etérea a las fiestas. A los 65 años, el guitarrista que ayudó a definir el sonido de los 90 de la banda murió justo cuando todo indicaba que volvía a la acción.

De cargar equipos a tocar con Robert Smith

La historia de Bamonte en The Cure es de esas que ya no se ven en la música actual. No llegó como una estrella emergente, sino como el hermano del manager de gira. Según documenta El País, se incorporó al equipo técnico en 1984, siendo asistente personal y técnico de guitarra de Robert Smith. Seis años cargando cajas, afinando instrumentos, viendo desde las bambalinas cómo se construía el mito. Hasta que en 1990, cuando el teclista Roger O’Donnell se fue, Smith le dijo: «ahora te toca a ti».

Imagínense la escena: años siendo el tipo que ajusta los amplificadores, y de repente estás en el estudio grabando «Wish», el álbum que tendría éxitos como «Friday I’m in Love». Bamonte no solo tocó guitarra, sino también bajo de seis cuerdas y teclados. El comunicado de la banda lo describe como «tranquilo, intenso, intuitivo, constante y tremendamente creativo». O sea, el antídoto perfecto al caos creativo de Smith.

Los 400 conciertos y la salida que no fue ruptura

Entre 1990 y 2004, Bamonte tocó más de 400 conciertos con The Cure. Catorce años de giras mundiales, grabaciones, momentos que definieron una era. Pero en 2005, Smith decidió reconvertir la banda en trío. En lugar del drama rockstar típico, Bamonte simplemente se fue a pescar. Literalmente. El País señala que se dedicó a la ilustración y a su pasión: la pesca en ríos con mosca.

Aquí hay algo que me llama la atención: en una industria donde las separaciones suelen terminar en demandas y declaraciones venenosas, Bamonte y Smith «quedaron como buenos amigos». ¿Cuántas bandas pueden decir eso después de que un miembro fundacional (bueno, no fundacional, pero sí clave) se va? La respuesta: casi ninguna.

El regreso que terminó en despedida

En 2022, después de 17 años, Bamonte volvió. The Cure lo necesitaba para la gira Shows of a Lost World, y él estaba listo. Tocó otros 90 conciertos, incluyendo lo que la banda llama «algunos de los mejores en la historia de la banda». El cierre fue épico: The Show of a Lost World en Londres el 1 de noviembre de 2024.

Pero aquí está el detalle que duele: según El País, Bamonte «tenía previsto actuar en los conciertos internacionales de The Cure en 2026». O sea, no era un adiós definitivo en 2024. Era un «hasta pronto, nos vemos en dos años». La muerte llegó justo cuando la banda planeaba su siguiente capítulo.

¿Por qué tan pocos detalles?

El comunicado oficial es notablemente escueto. «Ha ocurrido tras batallar una corta enfermedad durante el transcurso de la Navidad». Nada más. En la era del oversharing, donde hasta los resfriados se anuncian en Instagram, The Cure optó por el silencio casi absoluto. ¿Respeto a la familia? ¿Deseo de privacidad? ¿O simplemente el estilo de una banda que siempre ha cultivado cierto misterio?

Lo cierto es que Bamonte merecía más que un comunicado de tres párrafos. El tipo que pasó de técnico a miembro vital, que sobrevivió a los cambios de alineación más dramáticos de la banda, que se fue en buenos términos y volvió cuando lo necesitaron. Su legado está en discos como «Wish», «Wild Mood Swings» y «Bloodflowers», pero también en esos 490 conciertos donde ayudó a mantener viva la llama del post-punk gótico.

La paradoja del músico invisible

Bamonte representa una especie en extinción: el músico de sesión que se convierte en miembro oficial, el técnico que termina en el escenario, el tipo que prefiere la pesca con mosca a las fiestas de Hollywood. En una industria obsesionada con los frontmen, él fue el soporte constante detrás del icónico peinado de Robert Smith.

Murió a los 65, una edad donde muchos músicos de su generación ya son leyendas vivientes con biografías autorizadas. Bamonte se fue sin libro de memorias, sin documental, sin el reconocimiento masivo que sí tienen otros miembros de The Cure. Pero quizás eso era lo que quería: tocar, crear, pescar, y dejar que la música hablara por sí sola.

La próxima vez que escuchen «Friday I’m in Love», recuerden que ese riff alegre que contrasta con la letra melancólica tiene las huellas de Perry Bamonte. El técnico que se convirtió en guitarrista, el pescador que siempre volvía a la música, el Cure que se fue en Navidad sin hacer ruido.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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