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domingo, enero 11, 2026

El periodismo que paga con cárcel

La historia de José Rubén Zamora y lo que nos dice sobre el periodismo en América Latina

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TL;DR

  • José Rubén Zamora, fundador de Siglo Veintiuno y El Periódico, lleva años preso en Guatemala
  • Su ‘delito’: investigar corrupción entre funcionarios y oligarcas con un periodismo de denuncia
  • El caso muestra cómo el poder usa el sistema judicial para silenciar periodistas incómodos
  • Su historia paralela con medios mexicanos revela caminos similares con finales distintos

Cuando investigar corrupción es el delito

Imagina esto: vendes un cuadro para pagar la nómina de tu periódico. La transacción es de 25,000 dólares. Por eso, te acusan de lavado de dinero, te meten a la cárcel seis años, cierran tu medio y empiezan a perseguir a tu familia. Suena a guión de película distópica, pero es la vida real de José Rubén Zamora en Guatemala. Según Elpais, este periodista lleva años pagando el precio de hacer periodismo de investigación en un país donde los poderosos no perdonan.

Dos Siglos, un mismo propósito

Lo curioso -y trágico- es que Zamora no estaba solo en esta batalla. Jorge Zepeda Patterson cuenta en Elpais que hace 33 años conoció al guatemalteco en una reunión de directores de diarios latinoamericanos. Los dos habían fundado medios llamados «Siglo Veintiuno» -uno en Guatemala, otro en Guadalajara- con meses de diferencia. Ambos buscaban lo mismo: remover el anquilosamiento de la prensa tradicional con periodismo de denuncia e investigación hecho por jóvenes profesionales. Ambos «irritaron a los poderosos», ambos terminaron perdiendo el nombre por diferencias editoriales con accionistas. Pero ahí se acabaron las similitudes.

La venganza judicial como arma política

Mientras en México algunos periodistas enfrentan amenazas y violencia, en Guatemala perfeccionaron el arte de usar el sistema judicial como herramienta de represión. El juicio contra Zamora estuvo «plagado de irregularidades», según documenta Elpais. Pero lo más escalofriante viene después: una vez encarcelado, convirtieron su vida en un calvario documentado por organizaciones de derechos humanos. Privación de sueño, confinamiento, infestación deliberada de bichos en su celda. «Tenía gusanos recorriendo el interior de mis brazos», reportó el periodista.

No basta con encarcelar, hay que humillar

La llamada Fundación contra el Terrorismo -formada por políticos, empresarios y militares- presionó para que su esposa e hijos fueran inculpados con algún delito. La estrategia era clara: obligar al detenido a negociar la libertad de sus familiares aceptando culpas, desdiciéndose de sus investigaciones y «confesando» que habían sido inventadas. No solo querían acabar profesionalmente con él, también limpiar el desprestigio internacional que generaba su persecución. La familia tuvo que huir del país para no ser usada como moneda de cambio.

Un espejo incómodo para México

La historia de Zamora debería sonarnos familiar, aunque con distintos niveles de intensidad. En México también hemos visto cómo el poder económico y político busca silenciar periodistas incómodos. A veces con balas, a veces con demandas millonarias, a veces con campañas de desprestigio. Lo de Guatemala es la versión extrema del manual: si no puedes comprarlos o intimidarlos, usa el sistema judicial para encarcelarlos con cargos fabricados.

¿Y si hubiera pasado aquí?

Pensemos en los paralelismos: Zamora fundó Siglo Veintiuno en 1990 para hacer periodismo de investigación. En México, en esos mismos años, surgían medios que buscaban lo mismo. Ambos proyectos crearon nuevos lectores e irritaron a los poderosos. Pero mientras en Guatemala terminaron encarcelando al director, aquí las presiones tomaron otras formas. La pregunta incómoda es: ¿qué tan lejos estamos de que casos como el de Zamora se repitan en México? ¿O ya están pasando, solo que con métodos más sutiles?

La esperanza que llega y se va

Con la llegada de Bernardo Arévalo a la presidencia de Guatemala en 2023, la situación de Zamora mejoró… temporalmente. Consiguió «casa por cárcel» en octubre, pero un juzgado revirtió esa decisión en marzo de 2024. El sistema judicial sigue en manos de grupos conservadores que incluso han puesto contra la pared al nuevo gobierno con litigios. Pero al menos la gestión de las cárceles es responsabilidad del Ejecutivo, lo que ha permitido mejores condiciones para el periodista. Pequeños avances en un mar de retrocesos.

Lo que no se dice cuando se habla de libertad de prensa

Cuando en México discutimos sobre libertad de prensa, normalmente hablamos de amenazas, asesinatos, autocensura. El caso de Zamora nos recuerda que hay otra forma de silenciar periodistas: el lawfare, la guerra jurídica. Usar las leyes -o más bien, torcerlas- para convertir a investigadores en delincuentes. Es más limpio que una bala, más «civilizado» que una amenaza anónima. Pero el resultado es el mismo: un periodista callado, un medio cerrado, una investigación enterrada.

La pregunta que duele

Zepeda Patterson termina su texto en Elpais con una reflexión que duele: «a la postre, la historia terminó muy diferente, para desgracia del periodismo guatemalteco». Mientras él siguió su camino periodístico en México, su colega guatemalteco lleva años entre rejas. Dos proyectos que empezaron igual, con la misma ambición de cambiar la prensa en sus países. Uno sigue contando historias, el otro es la historia. Y la pregunta que queda flotando es: ¿cuántos Zamora más habrá en América Latina antes de que entendamos que encarcelar periodistas no resuelve los problemas que denuncian, solo los esconde?


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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