Lo que debes de saber
- El juez federal Paul Friedman declaró inconstitucional en marzo de 2026 la política de acreditación del Pentágono por restringir el acceso de periodistas.
- En respuesta, el Departamento de Defensa publicó una política ‘provisional’ que, según el New York Times y otros medios, impone obstáculos aún mayores.
- La medida original de octubre de 2025 provocó que la gran mayoría de medios, desde el NYT hasta Fox News, renunciaran a sus credenciales en protesta.
- Solo medios afines al gobierno de Trump, como One America News y The Epoch Times, mantuvieron su acceso sin problemas.

El juez preguntó por Kafka y el Pentágono respondió con más burocracia
La escena en la corte federal de Washington este lunes 30 de marzo tenía un aire de absurdo digno de una obra de teatro del absurdo. El juez Paul Friedman, después de leer la declaración de los reporteros del New York Times que detallaba cómo su «nuevo» acceso al Pentágono los obligaba a usar pasillos específicos y un autobús lanzadera previamente restringido, soltó la pregunta que muchos se hacían: «¿Es esto Kafka? ¿Qué está pasando aquí?». La fuente de su perplejidad, reportada por Marketscreener, era clara: el Departamento de Defensa, en lugar de acatar una orden judicial de hace diez días que declaró inconstitucional su política de prensa, había respondido con una versión «revisada» que, según los periodistas, es peor. El abogado del Times, Theodore Boutrous, lo resumió sin rodeos ante el juez: «Solo han empeorado las cosas». Esto no es un error de interpretación, es una jugada calculada. Cuando una institución responde a una orden de restaurar derechos con una maraña de nuevas reglas, lo que está diciendo en realidad es que la transparencia es un estorbo y la supervisión judicial, un obstáculo a sortear.
La raíz de este desmadre se remonta a octubre de 2025, cuando el secretario de Guerra, Pete Hegseth, un excomentarista de Fox News, implementó una política que básicamente convertía el hacer preguntas en un delito potencial. Según documentan DW y Yahoo Noticias, las reglas permitían revocar credenciales a periodistas considerados «riesgos para la seguridad» por el simple hecho de solicitar información de interés público, aunque no fuera clasificada, a personal no autorizado. El mensaje era claro: preguntar sin permiso previo podía costarte el acceso. La reacción del gremio periodístico en Washington fue histórica y unánime. No fue solo el New York Times o el Washington Post. Fue una coalición que incluía a agencias como Reuters y la Associated Press, y a cadenas de televisión que van desde CNN y NBC hasta la propia Fox News, la antigua casa de Hegseth. Todos entregaron sus pases. Fue un boicot masivo y una protesta sin precedentes en la cobertura del poder militar estadounidense, dejando al Pentágono, simbólicamente, en manos de unos pocos.

La «nueva» política: escoltas, prohibiciones y un autobús a la biblioteca
Tras el fallo del juez Friedman del 20 de marzo, que ordenó la restitución inmediata de las credenciales y anuló la política por violar la Primera Enmienda y el debido proceso, se esperaba una rectificación. Lo que llegó fue lo contrario. La política «provisional» o «revisada» que el Pentágono presentó como cumplimiento es, en la práctica, un manual de obstrucción. Proceso y Pulsoslp detallan sus puntos más absurdos: los reporteros con credencial no pueden entrar al edificio sin una escolta, se establecen normas sobre cuándo pueden ofrecer anonimato a una fuente y se les prohíbe «inducir» a sabiendas a las fuentes a violar sus obligaciones. Es decir, el Pentágono no solo quiere controlar el acceso físico, sino también el proceso periodístico básico de proteger fuentes y hacer preguntas incómodas. La abogada del gobierno, Sarah Welch, argumentó ante el juez que esta política incluía «cláusulas de protección» para el trabajo rutinario. Pero la rutina de un periodista en el Pentágono no es pasear a la biblioteca; es perseguir historias, cruzar pasillos para encontrar a un coronel que hable sin script y construir confianza con fuentes que, por definición, operan en un ambiente de secreto.
«El juez subrayó que la política ‘carece de directrices precisas para garantizar que los periodistas puedan ejercer sus funciones sin riesgo de sanción’, lo que a su criterio constituye una forma de censura potencial.» – Yahoo Noticias resume el fallo original del juez Friedman.
El resultado de esta estrategia de cerrojo y candado es una prensa fracturada y un acceso a la información que depende de la lealtad editorial. Mientras la gran prensa estadounidense libra esta batalla legal desde fuera, solo un puñado de medios conservadores alineados con la narrativa del gobierno de Donald Trump mantienen sus credenciales y, presumiblemente, un acceso sin fricciones. Hablamos de operaciones como One America News (OAN), The Federalist y The Epoch Times. La imagen no puede ser más elocuente: el edificio que alberga al Departamento de Defensa más poderoso del mundo tiene, como prensa acreditada, principalmente a medios que difícilmente harán preguntas incómodas a la administración actual. No es una teoría conspirativa; es un hecho documentado por todas las fuentes. Esto crea dos realidades paralelas: una para los medios afines, con información posiblemente filtrada y acceso privilegiado, y otra para el resto, que debe conformarse con boletines y conferencias coreografiadas. El riesgo para la democracia no es abstracto: es la creación de una narrativa oficial sin contrapesos creíbles desde dentro.
Un patrón que no empezó ayer y no terminará mañana
Lo que ocurre en el Pentágono no es un incidente aislado, sino la punta de lanza de un desgaste constante contra la prensa independiente. La retórica de «noticias falsas» y la caracterización de medios críticos como «enemigos del pueblo» durante la era Trump sentaron un precedente que ahora se materializa en reglamentos y políticas burocráticas. La jugada de Hegseth es brillante en su cinismo: en lugar de una prohibición frontal, que sería fácilmente bloqueada en cortes, opta por una asfixia regulatoria. Es la muerte por mil recortes. Obligar a un periodista a ser escoltado no solo es logísticamente engorroso, es psicológicamente inhibitorio. ¿Qué fuente se acercará a un reportero que siempre va acompañado por un funcionario? La nueva política, al regular el anonimato y la «inducción», busca criminalizar las prácticas periodísticas más esenciales para destapar abusos o malas decisiones en las sombras del complejo militar-industrial. El juez Friedman aún no ha dictado un fallo sobre si esta nueva versión constituye un desacato a su orden, pero su pregunta kafkiana deja entrever poca paciencia. El problema de fondo es que cada round en la corte le da tiempo al Pentágono para operar bajo este manto de opacidad. Mientras los abogados discuten, las historias no se cuentan y la accountability se difumina. Al final, este forcejeo judicial es un síntoma de una enfermedad mayor: la normalización de que el poder, especialmente el militar, vea a la prensa libre no como un contrapeso necesario, sino como un adversario a neutralizar.
Fuentes consultadas:
- Dw – New York Times acusa a Pentágono de incumplir orden judicial
- Es Us Noticias Yahoo – New York Times denuncia al Pentágono por incumplir orden judicial sobre acceso a prensa – Yahoo Noticias
- Proceso – New York Times acusa al Pentágono de incumplir orden judicial sobre acceso a prensa
- Es Marketscreener – Un juez cuestiona al Pentágono sobre las nuevas restricciones a la prensa
- Pulsoslp –



