TL;DR
- En la UE, una cuarta parte de la población ya tiene 65 años o más y la tendencia empeora
- Alemania destina más de 100 mil millones de euros del erario público solo para tapar huecos en pensiones
- Italia gasta el 16% de su PIB en pensiones, pero cualquier recorte es «políticamente inviable»
- Suecia y los países bálticos optaron por ajustar pensiones a la baja, lo que disparó la pobreza entre adultos mayores
La matemática que no cuadra: menos trabajadores, más jubilados
Imagina que en tu casa, de repente, los que trabajan son cada vez menos pero los que comen son cada vez más. Así está Europa. Según DW, en muchos países de la UE una cuarta parte de la población ya tiene 65 años o más. La Unión Europea proyecta que, aun con migración estable, la población total bajará de 451 millones a 432 millones en 2070. Pero aquí está el detalle: mientras la población total disminuye, la de adultos mayores crece con rapidez. Es como si el Titanic se estuviera hundiendo, pero en lugar de evacuar, todos se subieran al mismo lado del barco.
El sistema de reparto: cuando la piñata se queda sin dulces
El viejo sistema de reparto, donde las contribuciones de los trabajadores financian directamente las pensiones de los jubilados, llegó a su límite. En Alemania y varios países europeos, poco más de dos aportantes sostienen a un jubilado. Y la tendencia empeora. La OCDE calcula que el nivel neto de reemplazo para un trabajador europeo promedio ronda el 61%. Traducción: cuando te jubiles, tu ingreso será más de un tercio menor que cuando trabajabas. ¿Te imaginas vivir con el 61% de lo que ganas hoy? Ahora imagina que además los precios siguen subiendo.
El Estado como cajero automático infinito (que se está quedando sin billetes)
Para cubrir las pensiones actuales, los gobiernos ya están llenando los huecos con recursos fiscales. En Alemania, el aporte del Estado superó este año los 100.000 millones de euros y podría sobrepasar los 150.000 millones en 2040. Eso implica entre 6% y 7% del PIB. Italia destina casi 16% de su PIB a pensiones – Alemania ronda el 10% -. Pero aquí viene lo interesante: en Italia las jubilaciones funcionan muchas veces como una red de contención para familias enteras, lo que hace que cualquier recorte sea políticamente inviable. O sea, no es solo que los abuelitos necesiten su dinero, es que sin esas pensiones, familias enteras se van al hoyo.
España: el próximo paciente grave de la UCI previsional
España es el país donde el déficit previsional podría crecer con mayor fuerza: tiene una de las tasas de natalidad más bajas de Europa. El riesgo es que supere a Italia como el sistema más costoso. Mientras tanto, Austria acepta políticamente los altos subsidios estatales porque la sociedad valora su nivel de pensiones, uno de los más elevados del continente. Cada país encontró su propia forma de lidiar con el problema: unos pagan lo que pueden, otros pagan lo que prometieron aunque no tengan.
La solución sueca: eficiencia financiera a costa de pobreza
Suecia y los países bálticos optaron por otro camino: allí rige una regla simple. Solo se paga lo que ingresa. Si la recaudación baja por razones demográficas, la pensión se ajusta a la baja. Financieramente funciona, pero tiene costos sociales. Los países bálticos lideran las tasas de pobreza relativa entre personas mayores, porque las pensiones no siguen el ritmo de salarios y precios. Suecia, antes considerada un modelo, tuvo que aumentar la pensión garantizada y el subsidio habitacional para frenar el avance de la pobreza en la vejez. La sostenibilidad financiera, en esos modelos, implica una mayor inseguridad individual. O sea, o quebrás al sistema o quebrás a los jubilados.
La jubilación a los 70: cuando trabajar hasta morir deja de ser chiste
Nueve países de la UE ya vinculan la edad de jubilación a la expectativa de vida – entre ellos Dinamarca, Países Bajos, Estonia y Eslovaquia -. En Portugal, desde 2014, por cada año que aumenta la expectativa de vida, la vida laboral se extiende unos ocho meses. En la práctica, la edad de jubilación subió a 66 años y siete meses. Durante la pandemia, como la expectativa de vida cayó, la edad también bajó levemente. La OCDE calcula que, con estos mecanismos, la edad legal de retiro podría llegar a 70 años. ¿La ironía? Vivimos más, pero trabajamos más años para pagar por vivir más.
La verdad incómoda que nadie quiere decir en voz alta
El dilema europeo de las pensiones expone una verdad brutal: prometimos algo que no podemos pagar. Los sistemas se diseñaron cuando la pirámide poblacional era ancha abajo y angosta arriba. Ahora es al revés, y nadie quiere admitir que la fiesta se acabó. Las empresas ya lo saben: el sistema previsional y el monto de las contribuciones se han vuelto un factor clave a la hora de decidir dónde instalarse. Costos sociales elevados pueden restar competitividad. Pero a la vez, buenos servicios de salud y una vejez económicamente segura pueden atraer profesionales. Europa está atrapada entre ser competitiva y ser solidaria, entre mantener promesas y mantener las finanzas a flote. Y mientras tanto, el reloj demográfico sigue corriendo.


