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jueves, febrero 12, 2026

El patinaje español: un éxito con acento internacional

Dos parejas clasifican a la final olímpica, pero ¿qué tan españolas son realmente?

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TL;DR

  • España clasifica dos parejas a la final olímpica de danza sobre hielo por primera vez
  • La ‘tradición española’ está formada por atletas de Inglaterra, Alemania y Rusia
  • El éxito viene de entrenadores canadienses y escuelas en Montreal y Madrid
  • El sistema de nacionalización deportiva funciona, pero cuestiona la identidad nacional

El éxito con asterisco

Anoche en los Juegos Olímpicos de Invierno, España celebró algo histórico: dos parejas clasificaron a la final de danza sobre hielo. Según El País, es un logro «sorprendente, alentador y muy esperanzador». Pero si te pones a ver quiénes son estos «españoles», la cosa se pone interesante. Olivia Smart es inglesa de Sheffield, Tim Dieck es un exsoldado alemán de Dortmund, Sofía Val es madrileña (ahí sí), y Asaf Kazimov nació en San Petersburgo. O sea, tenemos una ensalada de nacionalidades que solo se unen bajo la bandera española por «carta de naturaleza», como dice elegantemente el medio. No es que esté mal, pero cuando hablamos de «tradición española», quizás deberíamos ponerle comillas.

El circo del patinaje global

La historia de Olivia Smart es de película: después de ser octava en Pekín con Adrián Díaz, se fue al circo. Literalmente. Se enroló en un circo después de los Juegos, hasta que llegó Tim Dieck, este alemán que se hizo patinador en Rusia, y la sedujo para volver al hielo. ¿Qué clase de telenovela deportiva es esta? Mientras tanto, la pareja debutante de Sofía Val y Asaf Kazimov representa lo que El País llama «el germen de la que puede ser la gran tradición española». Curioso germen: se entrenan en Madrid en la escuela que fundó la pareja Sara Hurtado-Kirill Jalyavin después de retirarse. Otra pareja mixta, otro entrenamiento internacional.

El entrenador que mueve los hilos

Aquí viene lo más jugoso: todas estas parejas «españolas» comparten algo más que la bandera. Comparten al mismo entrenador canadiense, Romain Haguenauer. El tipo es el cerebro detrás de los franceses Laurence-Fournier-Guillaume Cizeron (que anoche hicieron un voguing con música de Madonna que robó el show), de los norteamericanos Madison Chock y Evan Bates, y de nuestras parejas españolas. Haguenauer es como el productor musical que tiene éxitos en varios países con diferentes artistas. Smart-Dieck se entrenan en Montreal, mientras Val-Kazimov lo hacen en Madrid, pero el director de orquesta es el mismo. ¿Estamos ante un caso de franquicia deportiva más que de desarrollo nacional?

La música que los une (y los separa)

El reglamento obligaba a todas las parejas a usar música pop de los 90. Los franceses eligieron Madonna, los norteamericanos Lenny Kravitz, y nuestros «españoles»… George Michael y Robbie Williams por un lado, Ricky Martin por el otro. Aquí hay algo que me hace ruido: Ricky Martin es puertorriqueño, George Michael británico, Robbie Williams también británico. ¿Dónde quedó la música española de los 90? ¿Nadie pensó en Alejandro Sanz, Mecano o incluso el flamenco fusión que ya existía? Parece que incluso en la selección musical, el componente español es más decorativo que sustancial.

¿Qué significa ser español en el deporte?

El éxito es innegable: décimo lugar para Smart-Dieck y una clasificación «sorprendente» para Val-Kazimov. Pero esto abre una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo una tradición deportiva o simplemente importando talento? El sistema de nacionalización funciona -mira el éxito de España en baloncesto con jugadores naturalizados- pero en deportes de invierno, donde la base nacional es mínima, la estrategia parece ser «compra internacional y ponle bandera». No digo que esté mal, pero llamarlo «tradición española» cuando los atletas vienen de Sheffield, Dortmund y San Petersburgo… pues suena raro.

El futuro: ¿escuela o importación?

La parte más esperanzadora, según El País, es que Val y Kazimov se entrenan en Madrid, en una escuela creada por patinadores retirados. Eso sí huele a desarrollo local. Pero la otra pareja está en Montreal, con el entrenador canadiense que trabaja con media docena de países. La pregunta que nadie hace: ¿invertimos en desarrollar patinadores españoles desde niños, o seguimos el modelo de «trae talento extranjero y dale papeles»? Porque lo primero tarda años, lo segundo da resultados inmediatos. Y en el deporte moderno, los resultados mandan.

La paradoja del éxito

Celebramos el logro, claro. Dos parejas en la final olímpica es histórico para España en patinaje artístico. Pero detrás del triunfo hay una realidad globalizada que cuestiona lo que significa el éxito nacional. Cuando tu «tradición española» está dirigida por un canadiense, entrenada en Montreal y ejecutada por atletas de medio mundo… ¿de qué tradición hablamos? Quizás la verdadera victoria no sea clasificar a la final, sino construir un sistema que produzca patinadores españoles de verdad, no solo de pasaporte. Mientras tanto, seguiremos aplaudiendo a nuestros «españoles» con acento inglés, alemán y ruso.


Fuentes consultadas:

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