Lo que debes de saber
- Jensen Huang declaró que la Inteligencia General Artificial (AGI) ya es una realidad, contradiciendo a muchos expertos.
- La acción de Nvidia cayó casi un 17% en un solo día, arrastrando al sector tecnológico.
- La compañía presentó el nuevo superchip GB10, una versión ‘de escritorio’ de su tecnología más avanzada.
- El desplome se atribuye a un modelo de IA chino más barato que pone en duda la rentabilidad de las inversiones actuales.

El cuento de la AGI y la cachetada de la realidad
Jensen Huang, el CEO de Nvidia, se subió a un podcast y soltó la bomba: según él, la Inteligencia General Artificial, ese santo grial que supuestamente haría que las máquinas piensen como humanos, ya llegó. «Creo que es ahora. Creo que hemos logrado la AGI», dijo al entrevistador Lex Fridman, según reporta Tech Yahoo. La declaración es un golpe bajo para toda una legión de investigadores que llevan años advirtiendo sobre los riesgos y la lejanía de esa meta, y huele más a un movimiento de marketing que a un hallazgo científico. Lo curioso es que, en la misma conversación, Huang admitió que las posibilidades de que un agente de IA «construya Nvidia son del 0%». O sea, la AGI ya está aquí, pero no es lo suficientemente lista como para hacer lo que él hizo. La contradicción es tan grande que apenas cabe en un chip. Mientras el jefe hablaba de un futuro distópico (o utópico, depende de a quién le preguntes), la bolsa estaba a punto de darle una lección de humildad de las que duelen en el portafolio.
La fiesta se acabó: un 17% de caída en un solo día
Porque la realidad, esa tozuda compañera de piso, llegó apenas unos días después con la fuerza de un martillazo. Facebook de Yahoo Finance documenta el golpe: las acciones de Nvidia se desplomaron casi un 17% en un solo lunes, liderando una venta masiva en todo el sector de los semiconductores y el mercado en general. El detonante, según la nota, fue un nuevo modelo de IA de la empresa china DeepSeek, que puso sobre la mesa preguntas incómodas sobre la rentabilidad de las inversiones billonarias en inteligencia artificial y el auge de agentes más eficientes en costos. Traducción: el mercado empezó a pensar que quizás no hay que pagar un ojo de la cara por los chips más caros del mundo si alguien en China puede hacer algo parecido por menos. Es la pesadilla de cualquier monopolio tecnológico. La caída no fue un tropiezo, fue un derrumbe que dejó claro que la euforia infinita tiene un límite, y ese límite se llama competencia y sentido común financiero.
«Nvidia stock dropped nearly 17% Monday, leading a sell-off across chip stocks and the broader market after a new AI model from China’s DeepSeek raised questions about AI investment and the rise of more cost-efficient artificial intelligence agents.» – Yahoo Finance en Facebook.
El contexto aquí es clave. Nvidia no es cualquier empresa; se ha convertido en el proveedor indiscutible del «pico y pala» de la fiebre del oro de la IA. Sus chips son los que entrenan a los modelos de OpenAI, Google y Meta. Su valoración se disparó a niveles estratosféricos basándose en la promesa de un futuro dominado por la IA. Pero una caída del 17% en una sesión es una corrección violenta, una señal de que los inversionistas están nerviosos, que dudan del discurso del crecimiento perpetuo. Es como si, de repente, todos miraran a su alrededor y se preguntaran: «¿Y si esto es una burbuja?» La aparición de un competidor chino con un modelo más barato es la gota que derramó el vaso, pero la duda ya estaba ahí, alimentada por declaraciones cada vez más grandilocuentes y productos que prometen revolucionar todo, desde tu escritorio hasta la industria automotriz.
El nuevo juguete: un superchip para tu casa (y para tus sueños robóticos)
Porque justo en medio de este torbellino, Nvidia no dejó de vender el sueño. En el CES 2025, Huang presentó el GB10, un nuevo «superchip» de IA. LinkedIn de Yahoo Finance detalla que es una versión compacta del poderoso GB200, pensada para sentarse en tu escritorio. Lo llaman Project Digits, tendrá el tamaño de una Mac Mini y costará «sólo» 3,000 dólares cuando salga en mayo. La idea es que cualquiera pueda tener su propia central de IA en casa. Pero la ambición no se queda ahí. La compañía también mostró su plataforma Cosmos, diseñada para desarrollar sistemas de IA física, como robots humanoides y vehículos autónomos, usando modelos que simulan el mundo real. El mensaje es claro: Nvidia ya no solo vende el hardware para entrenar chatbots, quiere ser el cerebro de los robots del futuro. Es una jugada maestra para ampliar su mercado, pero también es una apuesta gigantesca que requiere que el mundo adopte robots a la misma velocidad frenética a la que adoptó el ChatGPT. Y ahí es donde el escepticismo se asoma.
¿Quién necesita un robot si la AGI ya está aquí?
Aquí es donde el relato se enreda. Por un lado, el CEO anuncia que la AGI (una inteligencia a nivel humano) ya es realidad. Por el otro, su empresa invierte millones en crear plataformas para entrenar robots que, en teoría, esa AGI debería poder controlar o incluso diseñar de manera autónoma. Si la inteligencia general ya existe, ¿para qué necesitamos complejas simulaciones y chips especializados para que un robot aprenda a no tropezarse? La lógica se resquebraja. Parece que el discurso de Huang está dirigido a dos audiencias distintas: a los medios y a los entusiastas, les vende la idea de un hito histórico ya alcanzado. A los ingenieros y a las empresas, les vende las herramientas para construir ese futuro que, según su propia declaración, ya debería estar aquí. Es una estrategia de comunicación de alto riesgo, porque cuando prometes la luna y solo entregas un poderoso telescopio para verla, la decepción puede ser monumental. Y el mercado de valores, ese termómetro de la confianza colectiva, ya mostró los primeros síntomas de fiebre.
La caída brutal de las acciones es un recordatorio de que, en el capitalismo, las narrativas por sí solas no sostienen valoraciones de tres billones de dólares por mucho tiempo. Necesitan traducirse en ganancias sostenibles y en una ventaja competitiva a prueba de balas. La amenaza de DeepSeek, respaldada por el músculo tecnológico y la determinación de China, es real. Sugiere que el camino hacia la dominación de la IA podría no ser un desfile triunfal para Nvidia, sino una carrera de obstáculos con competidores dispuestos a ofrecer soluciones más baratas. Mientras Huang hablaba en podcasts y en ferias, el piso se movía bajo sus pies. La historia de la tecnología está llena de gigantes que declararon victoria demasiado pronto, solo para ver cómo un cambio inesperado de rumbo los dejaba fuera de juego. Nvidia tiene una posición envidiable, pero el lunes negro del 28 de enero quedará como una advertencia: hasta el rey del chip puede tambalearse cuando el cuento deja de convencer a los que ponen el dinero.


