TL;DR
- Rusia llegó a Abu Dabi con la «fórmula Anchorage», un supuesto acuerdo de Trump y Putin que nadie más confirma
- Moscú exige las regiones completas de Donetsk y Lugansk, mientras Ucrania insiste en que Rusia debe retirarse
- Las conversaciones «productivas» siguen este sábado, pero el secretismo y las versiones contradictorias pintan un panorama sombrío
- Ucrania resiste en el frente mientras Rusia no logra tomar Pokrovsk, su principal objetivo militar actual
El pacto fantasma que nadie vio pero todos discuten
Si alguien te dice que tiene un acuerdo secreto que firmaron dos presidentes pero que nadie más conoce, y que además pretende usarlo para reclamar territorio ajeno, probablemente pensarías que está loco. Pues eso es exactamente lo que Rusia lleva a la mesa de negociaciones en Abu Dabi. Según El País, Moscú llegó con la llamada «fórmula Anchorage», un supuesto entendimiento entre Donald Trump y Vladímir Putin en su cumbre de Alaska del año pasado. El problema: nadie más parece haber visto ese acuerdo, y las relaciones entre Washington y el Kremlin se han enfriado justo después de esa misma reunión. ¿Conveniente, no?
Las exigencias que no ceden y las bajas que siguen sumando
Mientras Rusia juega a las cartas invisibles, sus exigencias territoriales son bien concretas: las fuerzas ucranias deben abandonar Donbás. Dmitri Peskov, portavoz de Putin, lo dejó claro: «Esta es una condición muy importante». Pero aquí viene lo absurdo: exigen la retirada ucrania de territorios que, según ellos mismos, ya controlan. La realidad en el frente, sin embargo, pinta diferente. En estos casi cinco meses, Rusia ha mantenido la iniciativa pero no ha logrado ocupar su principal objetivo: Pokrovsk, ciudad de Donetsk que ha dado por conquistada varias veces. Y aún le quedaría un largo avance para tomar el 20% restante de una región que Kiev ha fortificado hasta los dientes.
El teatro de las negociaciones «productivas»
Las conversaciones en Abu Dabi se desarrollan bajo un estricto secretismo. Nadie sabe exactamente dónde se celebran, ningún medio ha sido testigo directo, y la Casa Blanca se limita a calificarlas de «productivas». ¿Productivas para quién? Porque mientras Zelenski declara que el futuro de Donbás «es la clave», Rusia se aferra a su pacto fantasma. Lo único concreto es que las conversaciones seguirán este sábado, con la incorporación del jefe del Estado Mayor ucranio, Andrii Hnatov. Rustem Umerov, secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania, explica que la reunión «estuvo enfocada en los parámetros del final de la guerra y la lógica del proceso posterior de negociación». Traducción: estamos discutiendo cómo discutir.
La desconexión entre mesa de negociación y campo de batalla
Aquí está lo que realmente debería indignar: mientras en Abu Dabi hablan de fórmulas mágicas y acuerdos secretos, en el frente siguen muriendo soldados. Rusia avanza lentamente «a costa de miles de bajas», según documenta El País. Ucrania resiste «pese al enorme daño provocado». Y en medio de esta carnicería, la delegación rusa insiste en que Trump y Putin llegaron a un acuerdo donde Ucrania entregaría las regiones completas de Donetsk y Lugansk, y el conflicto se congelaría en Jersón y Zaporiyia. La administración Trump elaboró un primer borrador basado en esas demandas rusas, pero luego consensuó una hoja de ruta con Kiev que Moscú rechaza porque garantizaría la futura independencia ucrania. ¿Ven el patrón? Rusia quiere todo, Ucrania quiere sobrevivir, y Estados Unidos parece navegar entre ambos sin rumbo claro.
El frío que viene después del supuesto calor de Alaska
Lo más revelador de esta historia es lo que pasó después de la supuesta cumbre histórica. Según la cobertura, «las relaciones entre la Casa Blanca y el Kremlin se han enfriado después de aquella cita de Alaska». El nuevo Gobierno estadounidense sancionó a las dos mayores petroleras rusas. Estos desencuentros se tradujeron en una reunión sin avances entre Putin y el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, en diciembre. O sea: primero dicen que hubo un gran acuerdo, luego se enfrían las relaciones, después imponen sanciones, y ahora vuelven a la mesa con el mismo supuesto acuerdo como bandera. Alguien debería explicar la lógica, porque a simple vista parece puro teatro.
La pregunta incómoda que nadie quiere hacer
Si realmente existiera esa «fórmula Anchorage» tan beneficiosa para Rusia, ¿por qué las relaciones se enfriaron justo después? ¿Por qué Washington sancionó a las petroleras rusas? ¿Por qué hubo una reunión sin avances en diciembre? Y la más importante: ¿por qué Ucrania, el país supuestamente repartido en ese acuerdo secreto, no fue consultado? La respuesta probablemente sea que la «fórmula Anchorage» es más un deseo ruso que una realidad diplomática. Un fantasma conveniente que Moscú saca cuando necesita presión, pero que se desvanece cuando se le piden pruebas.
Mientras tanto, las negociaciones siguen este sábado. Secretas, «productivas», y con el mismo escollo de siempre: Rusia quiere territorio, Ucrania quiere soberanía, y en medio hay miles de muertos que ya no pueden esperar fórmulas mágicas.


