TL;DR
- El formato USA vs Mundo revivió la competitividad después de una década en caída libre
- Victor Wembanyama fue la chispa del evento, no el MVP Anthony Edwards
- Silver pasó de la ironía a los elogios, pero tiene más problemas que soluciones
- Las apuestas ilegales, el ‘tanking’ y los sobresueldos siguen sin respuesta
El milagro del Intuit Dome: cuando la NBA finge que todo está bien
Adam Silver debe estar respirando aliviado. Después de una década viendo cómo su fiesta más importante se convertía en un desfile de bostezos, el comisionado de la NBA finalmente vio algo que parecía baloncesto en el All-Star Game. El País documenta que el domingo en el ostentoso Intuit Dome de Los Ángeles hubo «momentos de defensa genuina, un sinfín de tapones y varios robos de balón con picaresca». Hacía cinco años que no se sudaba tanto en la gran cita festiva del calendario. Pero aquí está el detalle: ¿de verdad creemos que un cambio de formato solucionó el problema de fondo? O estamos viendo el clásico «pan y circo» mientras los problemas reales siguen ahí, creciendo como hongos después de la lluvia.
USA vs Mundo: la fórmula que nadie pidió pero todos necesitaban
El nuevo formato Estados Unidos contra el Mundo funcionó. Y no solo funcionó, sino que reavivó una llama que parecía apagada para siempre. Los jóvenes locales, liderados por Anthony Edwards de los Timberwolves, querían «sacar pecho no solo ante sus rivales internacionales –que les han sacado los colores en las votaciones al MVP desde 2019–, sino también demostrar su valía ante los veteranos LeBron James y Kevin Durant». El resultado fue un contundente 47-21 en la gran final. Pero fíjense en el dato curioso: el verdadero protagonista no fue el MVP con «dejes ‘jordanescos'», sino Victor Wembanyama, el francés de 22 años que El País llama «la auténtica chispa de todo el tinglado y futuro rostro de la liga». O sea, el salvador del All-Star es un europeo en el equipo que perdió. La ironía es más gruesa que un centro de la NBA.
De la ironía a los elogios: el cambio de discurso de Silver
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Hace apenas dos años, Silver les decía a los jugadores con un tono que goteaba sarcasmo: «Habéis anotado más puntos que nadie. Pues bien… felicidades». Este año, después del partido, el mensaje fue completamente distinto: «Gracias por competir duro en la pista esta noche, todos lo apreciamos». El cambio es tan radical que hasta da desconfianza. Como cuando tu jefe te felicita por algo que siempre has hecho, pero justo cuando hay rumores de recortes de personal. Silver, según El País, «se quitó anoche una piedra del zapato». Un alivio relativo, porque –y esto es lo importante– «le quedan muchas por sacudirse todavía».
Las piedras que Silver no puede sacudirse
Aquí es donde el cuento feliz se desmorona. Mientras todos celebramos que por fin hubo defensa en un All-Star Game, El País nos recuerda la lista de pendientes que tiene Silver: «el escándalo de apuestas ilegales y amaños con jugadores implicados, investigado por el FBI». Ahí está el detalle. Giannis Antetokounmpo, por ejemplo, «acaba de meter dinero en una plataforma de juego». ¿No les parece raro que los jugadores inviertan en lo mismo que está siendo investigado por amaños? Pero eso no es todo. Durante su comparecencia anual en el All-Star, Silver enfrentó «un aluvión de preguntas sin respuestas convincentes»: qué hacer con el ‘tanking’ (equipos que pierden a propósito para mejorar su posición en el Draft), el escándalo por sobresueldos ilegales que afecta a los Clippers y a Kawhi Leonard, la aparición de «algunos miembros de la liga en la Lista Epstein». La lista sigue y sigue.
El verdadero partido se juega fuera de la cancha
El All-Star revivió, sí. Pero es como celebrar que arreglaron la fachada de una casa que se está cayendo a pedazos por dentro. Kevin Durant dijo que «ha sido un paso adelante en el departamento competitivo». Y tiene razón. Pero el verdadero partido no se juega en el Intuit Dome. Se juega en las oficinas del FBI investigando apuestas ilegales, en las salas de juntas donde deciden cómo lidiar con el ‘tanking’, en los despachos donde tratan de explicar por qué hay jugadores en la Lista Epstein. Silver puede estar feliz porque por fin hubo un All-Star decente, pero la liga tiene cánceres que un cambio de formato no va a curar. El juicio final llegará con las audiencias, aunque –ojo al dato– con «el asterisco de haber coincidido en el ‘prime-time’ con los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina». O sea, ni siquiera sabemos si la gente vio porque les gustó o porque no había otra cosa que ver.
¿Y ahora qué sigue? La pregunta que nadie quiere hacer
La NBA demostró que «si los jugadores quieren, el partido de las estrellas puede ser tan atractivo como lo fue en los tiempos de Magic Johnson, Michael Jordan y Kobe Bryant». Pero esa es justo la pregunta incómoda: ¿y si los jugadores no quieren? ¿Y si esto fue un respiro temporal antes de volver al desmadre de los últimos años? Silver tiene un alivio relativo, pero las piedras en el zapato siguen ahí. Las apuestas, los amaños, el ‘tanking’, los sobresueldos, las conexiones con Epstein… todo eso sigue esperando respuestas. Mientras tanto, celebramos que por fin hubo defensa en un juego de exhibición. Alguien debería preguntarle a Silver: ¿de verdad cree que con tapones y robos de balón vamos a olvidar todo lo demás?


