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miércoles, febrero 18, 2026

La moneda que no vale: el mundial que México no está preparando

Mientras el Congreso aprueba monedas conmemorativas, la infraestructura para el Mundial 2026 sigue en el aire

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TL;DR

  • Gibrán Ramírez Reyes fue el único diputado que votó contra las monedas conmemorativas del Mundial 2026
  • Critica que el gobierno actúa como si la infraestructura se pudiera improvisar
  • México dio a la FIFA trato fiscal especial: cero impuestos, algo que ni EU ni Canadá hicieron
  • En 1986, tras el sismo, se construyeron 40,000 viviendas; hoy apenas van mil de 27,000 prometidas

El voto solitario que grita más fuerte

En el Congreso mexicano, donde las votaciones unánimes son más comunes que un día sin corrupción, un diputado se atrevió a romper el molde. Gibrán Ramírez Reyes, de Movimiento Ciudadano, fue el único en votar en contra de las monedas conmemorativas del Mundial 2026. No es que odie el fútbol o le falte patriotismo – su crítica apunta a algo más profundo: la hipocresía de celebrar con monedas lo que no se está construyendo con hechos.

El mundial de la improvisación

Según Elpais, Ramírez Reyes describe una realidad incómoda: «en nuestra política se actuó como si la infraestructura pudiera improvisarse, como si los puentes, las vialidades, los sistemas de transporte y los servicios públicos respondieran a la lógica de la inmediatez». Y aquí está el meollo: organizar un Mundial no es ponerle banderitas a la ciudad. Implica reorganización urbana que toma años, inversión sostenida y coordinación entre gobiernos. De todo eso, según el diputado, no hay ni rastro.

La FIFA que no paga impuestos (y eso sí lo discutieron)

Lo más cercano a una «política de Estado» que ha visto esta legislatura es el «vergonzoso trato» que nuestra Ley de Ingresos da a la FIFA: cero impuestos. Ni Estados Unidos ni Canadá se atrevieron a tanto, pero México, con su eterno complejo de buen anfitrión, regala lo que otros cobran. El dato es revelador: mientras discutimos cómo honrar a la FIFA con exenciones fiscales, no hemos discutido «el lugar de México en el mundo», como señala Ramírez Reyes.

Cuando México sí sabía hacer las cosas

Aquí viene la parte que duele: no siempre fuimos así. En los mundiales de 1970 y 1986, el Estado mexicano usó el evento como palanca para transformarse. En 1986, tras el terremoto, el gobierno impulsó la construcción de alrededor de 40,000 viviendas (la meta eran 70,000). El proceso comenzó en febrero de 1986 – sí, el mismo año del Mundial. Hoy, a mitad de 2025, apenas se han construido poco más de mil viviendas de las 27,000 prometidas. La comparación no es odiosa, es simplemente triste.

La moneda que brilla en la oscuridad

Ramírez Reyes lo dice sin tapujos: «esa moneda será lo único que brille en medio del desdén del Gobierno federal y, particularmente, del Gobierno de la Ciudad de México, cuya respuesta ante el desafío mundialista ha sido opaca y mediocre». Y tiene razón: acuñar monedas es fácil, construir infraestructura no. Mientras el Congreso aprueba dictámenes que dicen que las monedas contribuyen a la «igualdad de oportunidades y prosperidad compartida», la realidad muestra que ni siquiera hemos discutido seriamente cómo recibiremos al mundo.

¿Qué estamos mostrando realmente?

Un Mundial es la vitrina más grande que puede tener un país. Millones de ojos observarán no solo los partidos, sino las calles, el transporte, los servicios. México tiene la oportunidad de mostrar lo mejor de sí, pero parece decidido a mostrar su peor cara: la de la improvisación, la falta de planeación y el entusiasmo protocolario vacío. Como dice el diputado, «el personal político confirmó que oscila entre la rutina administrativa y el entusiasmo protocolario».

La pregunta incómoda

Cuando llegue 2026 y el mundo vea nuestras monedas conmemorativas, ¿qué más verá? ¿Vialidades terminadas a medias? ¿Sistemas de transporte colapsados? ¿Obras públicas improvisadas? La crítica de Ramírez Reyes no es contra el fútbol ni contra celebrar el Mundial. Es contra la hipocresía de festejar con símbolos lo que no se construye con acciones. Y lo más preocupante: siendo el único en votar en contra, su voz solitaria parece gritar en un desierto de complacencia política donde todos aplauden las monedas, pero nadie pregunta por las obras.


Fuentes consultadas:

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