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miércoles, febrero 4, 2026

35 intoxicados en Puigcerdà: cuando el hielo se derrite en gas mortal

Un escape de monóxido de carbono en un polideportivo catalán expone las fallas que nadie ve hasta que huele a tragedia

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TL;DR

  • 35 personas intoxicadas por monóxido de carbono en un polideportivo con 200 asistentes
  • El origen estaría en la máquina que alisa la pista de hielo – tecnología que debería ser segura
  • 10 ambulancias y 5 dotaciones de bomberos movilizadas para atender una emergencia evitable
  • Un menor entre los trasladados al hospital en un incidente que huele a mantenimiento fallido

El domingo que olía a tragedia

Eran las 5:22 de la tarde del domingo cuando el 112 empezó a sonar en Puigcerdà. No era un incendio, ni un accidente de tráfico, ni siquiera una pelea en el polideportivo. Era algo más sigiloso, más traicionero: un gas invisible que se colaba entre las risas de 200 personas que solo querían patinar sobre hielo. El País documenta que 35 de esas personas terminaron intoxicadas, todas catalogadas como «leves» porque en el diccionario burocrático de las emergencias, «leve» significa «no se murió nadie». Pero pregúntale a cualquiera que haya inhalado monóxido de carbono si se siente «leve» después.

La máquina que alisa hielo y envenena gente

Aquí está el detalle que duele: el origen del escape «podría estar» – ese condicional que usan los informes cuando no quieren comprometerse – en la máquina que alisa el suelo de la pista de hielo. Piénsalo: un equipo diseñado para mantener una superficie recreativa segura se convierte en un arma química improvisada. El reporte no especifica si era falta de mantenimiento, un defecto de fabricación o simplemente el desgaste natural de equipos que alguien consideró que podían durar eternamente. Lo que sí especifica es que hubo que mover 10 ambulancias del SEM y 5 dotaciones de bomberos para contener el desmadre.

200 desalojados y una pregunta incómoda

Imagina la escena: familias con niños, adolescentes en citas, adultos que solo querían escapar del frío de enero patinando. De repente, el aire se vuelve pesado, la cabeza empieza a doler, el mareo llega. Y entonces los bomberos entran gritando «¡Todos afuera!» El País cuenta que los desalojados pasaron a una pista anexa para «valorar su estado». Valorar. Como si fueran mercancía dañada en un almacén. Entre los afectados había un menor que terminó en el Hospital Transfronterizo de La Cerdanya. Menor. La palabra que debería hacer sonar todas las alarmas en cualquier protocolo de seguridad.

Lo que no dice el informe (y debería)

Aquí es donde el periodismo de boletín se queda corto: ¿cuándo fue la última inspección de esa máquina? ¿Quién es el responsable de su mantenimiento? ¿Existen protocolos de detección de monóxido de carbono en instalaciones deportivas cerradas? La cobertura se limita a narrar los hechos, pero se olvida de preguntar por las causas estructurales. Porque los escapes de monóxido no son actos de Dios: son fallas humanas, mantenimiento postergado, recortes en seguridad que alguien firmó pensando «total, nunca pasa nada». Hasta que pasa.

Cuando «leve» es demasiado grave

35 intoxicados «leves». Suena tranquilizador, ¿no? Como si fuera un resfriado colectivo. Pero el monóxido de carbono es un asesino silencioso que se une a la hemoglobina 200 veces más que el oxígeno. Los síntomas «leves» – dolor de cabeza, mareo, náuseas – son la punta del iceberg de un envenenamiento que puede dejar secuelas neurológicas permanentes. El medio reporta que al menos cuatro personas, incluido ese menor, fueron trasladadas al hospital. ¿Cuántos más se fueron a casa pensando «solo fue un mareo» y mañana tendrán problemas de concentración, memoria o coordinación?

Puigcerdà hoy, ¿dónde mañana?

Lo más preocupante de este incidente no son los 35 intoxicados de ayer, sino los que podrían intoxicarse mañana en cualquier otro polideportivo, centro comercial o instalación cerrada con equipos de combustión. Porque si en Puigcerdà falló la máquina del hielo, ¿qué nos hace pensar que en Barcelona, Madrid o Valencia los protocolos son mejores? La noticia termina con los heridos atendidos y el lugar desalojado, pero deja sin responder la pregunta fundamental: ¿quién responde por el gas que respiraron esas 200 personas? ¿Quién garantiza que mañana, cuando vuelvan a patinar, el aire será seguro y no un veneno invisible?

Mientras tanto, en algún despacho municipal, alguien está redactando un informe que dirá «incidente controlado, todos los heridos leves, procedimiento de emergencia activado correctamente». Y la máquina que alisa el hielo, esa que casi mata a 35 personas, probablemente será reparada y volverá a funcionar. Hasta la próxima vez que alguien olvide que la seguridad no es un gasto, es una obligación. Y que los «incidentes leves» son solo tragedias que por puro milagro no terminaron en funerales.


Fuentes consultadas:

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