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domingo, enero 11, 2026

Los Chinchorro: cerebros chiquitos en el desierto más árido

Un estudio revela que las momias más antiguas del mundo tenían cerebros 12% más pequeños por desnutrición, no por evolución

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TL;DR

  • Las momias Chinchorro son 2,000 años más antiguas que las egipcias pero nadie las conoce igual
  • Tenían cerebros 12% más pequeños que los chilenos actuales por pura desnutrición infantil
  • Vivían en el desierto de Atacama, el más árido del mundo, donde el mar era su única salvación
  • El estudio analizó 68 cráneos y encontró que el siglo XX fue el punto de inflexión en tamaño cerebral

Las momias que nadie recuerda

Si te preguntan por momias, seguro piensas en Egipto, en faraones y pirámides. Pero resulta que en Chile hay unas que les ganan por 2,000 años de antigüedad y nadie les hace caso. Las momias Chinchorro, esa cultura de cazadores-recolectores que vivió en el desierto de Atacama hace 7,500 años, acaban de revelar un secreto incómodo: tenían cerebros más chicos que nosotros. No por ser menos inteligentes, sino porque el hambre en el desierto más árido del mundo no perdona. Dw reporta que un estudio en Scientific Reports encontró que su volumen intracraneal era hasta 12% menor que el de los chilenos modernos. Y aquí viene lo interesante: no es evolución, es desnutrición pura y dura.

El desierto que te encoge el cerebro

Imagínate vivir en el Atacama hace 7,500 años. Temperaturas extremas, poca vegetación, menos animales. Tu única opción: el océano. Los Chinchorro probablemente eran pescadores-recolectores que dependían del mar para no morirse de hambre. Pero según el estudio que analizó 68 cráneos de momias Chinchorro, nueve de agricultores prehispánicos y 83 chilenos modernos, esa dieta limitada tuvo consecuencias cerebrales. Los investigadores no se andan con rodeos: «La malnutrición en las primeras etapas de la vida se ha asociado sistemáticamente con una reducción del volumen cerebral y con deficiencias cognitivas». O sea, si de chiquito no comes bien, tu cerebro no crece como debería. Punto.

La altura también cuenta

Pero no solo el cerebro salió perdiendo. Los hombres Chinchorro eran 8.4 centímetros más bajos que los chilenos actuales, y las mujeres 4.6 centímetros menos. Aquí hay un dato que duele: entre 1860 y 1990, las mujeres chilenas pasaron de medir 1.56 a 1.61 metros. ¿La razón? Según el estudio, «mejoras en la nutrición, en particular con un mayor consumo de lácteos y proteínas animales, así como con avances más generales en materia de salud pública, saneamiento y educación». Básicamente, cuando comes mejor, creces más. Suena obvio, pero verlo en números de 7,500 años de diferencia le da otro peso.

El siglo XX: cuando todo cambió

Aquí está la parte más reveladora del estudio: «Aunque las transiciones en las estrategias de subsistencia prehistóricas no produjeron cambios significativos ni en la estatura ni en el volumen intracraneal, el siglo XX marcó un punto de inflexión». Traducción: por miles de años, da igual si eras cazador-recolector o agricultor, tu cerebro seguía siendo más o menos del mismo tamaño. Pero en el siglo pasado, con la industrialización, la medicina moderna y la comida más accesible, la cosa cambió de verdad. Es como si la humanidad hubiera estado estancada cerebralmente hasta que llegó la modernidad con sus supermercados y sus hospitales.

La paradoja Chinchorro

Piensa en esto: los Chinchorro desarrollaron técnicas de momificación sofisticadas 2,000 años antes que los egipcios. Encontraron cómo preservar cuerpos en un desierto implacable. Eso requiere conocimiento, observación, técnica. Pero al mismo tiempo, su cerebro era más pequeño por la falta de comida. ¿Cómo resolvemos esa contradicción? Tal vez la inteligencia no depende solo del tamaño del cerebro, sino de cómo lo usas. O tal vez, si hubieran comido mejor, habrían creado una civilización que hoy estudiaríamos como estudiamos a los egipcios. Nunca lo sabremos, porque desaparecieron hace unos 3,500 años.

Lo que realmente importa

Este estudio debería servirnos como espejo. Los Chinchorro no tenían cerebros más pequeños por ser «primitivos», sino porque el ambiente en que vivían era brutal. Hoy, en pleno siglo XXI, todavía hay niños con desnutrición que afecta su desarrollo cerebral. La diferencia es que ahora no tenemos la excusa del desierto más árido del mundo. Tenemos supermercados, programas sociales, ciencia nutricional. Y aún así, el hambre infantil existe. Los Chinchorro nos muestran que el tamaño del cerebro puede ser un termómetro de qué tan bien trata una sociedad a sus más pequeños. 7,500 años después, seguimos sin aprender la lección.


Fuentes consultadas:

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