TL;DR
- Rusia usó misiles Kinzhal contra infraestructura energética ucraniana
- Moscú lo llama «represalia», Kiev lo califica de «terrorismo contra civiles»
- Más de 450 drones y 30 misiles en un solo ataque masivo
- Zelenski pide más defensa aérea mientras miles quedan sin luz
La excusa perfecta: cuando «represalia» suena a pretexto gastado
Moscú dice que fue una «respuesta a los ataques terroristas de Ucrania contra objetivos civiles en Rusia». Suena bien, ¿no? El problema es que esta narrativa ya la hemos escuchado antes, y cada vez suena más como el disco rayado de una guerra que no sabe cómo terminar. Según DW, el Ministerio de Defensa ruso habla de «bombardeo masivo» como represalia, pero lo curioso es que el blanco principal fue, otra vez, el sector energético ucraniano. ¿Desde cuándo las centrales eléctricas son objetivos militares legítimos?
Los números que no cuadran: terrorismo con etiqueta diplomática
Volodimir Zelenski no se anda con rodeos: «más de 450 drones de ataque y 30 misiles de distintos tipos». No es un ataque quirúrgico, es una lluvia de fuego que deja a miles sin electricidad en siete regiones. El presidente ucraniano lo dice claro: «Es importante que todos vean ahora lo que hace Rusia (…) pues, claramente, no se trata de poner fin a la guerra». Aquí hay algo que huele raro: si realmente fuera represalia por ataques a civiles rusos, ¿por qué el blanco son instalaciones que dejan sin luz a familias ucranianas? La lógica bélica se desmorona cuando la excusa no coincide con el objetivo.
El Kinzhal: el juguete nuevo de Putin que ya no asusta tanto
Rusia sacó a pasear sus misiles hipersónicos Kinzhal, esas armas que hace unos años nos vendían como invencibles. Pero aquí está el detalle: si realmente fueran tan efectivos, ¿por qué necesitan acompañarlos con 450 drones? Parece más una demostración de fuerza que una operación militar eficiente. El golpe principal, según DW, fue contra el sector energético, especialmente en el sur y la región de Odesa. Más de una decena de instalaciones civiles dañadas. Cuando tu arma estrella se usa para dejar ancianos sin calefacción en invierno, quizás deberías replantearte tu estrategia de comunicación.
La paradoja de Zelenski: pide ayuda mientras Rusia se justifica
Mientras Moscú habla de «represalia legítima», Zelenski está en Berlín pidiendo a sus socios europeos lo de siempre: más defensa aérea, más misiles de largo alcance, más presión sobre Rusia. El círculo vicioso es perfecto: Rusia ataca, Ucrania pide ayuda, Occidente duda, Rusia ataca de nuevo. El presidente ucraniano quiere que «todos nuestros esfuerzos diplomáticos den resultados», pero ¿qué resultados puede dar la diplomacia cuando una parte usa misiles hipersónicos contra centrales eléctricas?
El invierno como arma: cuando apagar la luz es más efectivo que ganar territorio
Aquí está el verdadero juego: no se trata de tomar Kiev, se trata de hacer la vida imposible a los ucranianos. Miles sin electricidad en pleno diciembre no es un daño colateral, es el objetivo. Rusia aprendió que es más barato y efectivo congelar a la población que enfrentarse a tanques en el campo de batalla. El problema es que esta estrategia tiene un nombre feo: terrorismo. Y cuando lo disfrazas de «represalia», solo consigues que más países miren para otro lado.
La pregunta incómoda que nadie quiere hacer
Si realmente Ucrania está atacando objetivos civiles en Rusia (y DW no menciona evidencia concreta de esto en su reporte), ¿por qué no hay imágenes, testimonios, datos específicos? Moscú habla en generalidades mientras muestra videos precisos de sus misiles Kinzhal despegando. La asimetría informativa es parte de la guerra, pero cuando una parte tiene que justificar el uso de armas hipersónicos contra centrales eléctricas con un «confía en mí, bro», algo no está funcionando en el departamento de credibilidad.
Lo que viene: más de lo mismo, pero con misiles más caros
Zelenski seguirá pidiendo ayuda, Rusia seguirá hablando de represalias, y la gente seguirá sin luz. El patrón está claro: cada vez que Occidente duda en enviar más armas, Moscú prueba hasta dónde puede llegar. Los Kinzhal son solo la versión premium de una estrategia vieja: hacer daño hasta que el otro se canse. El problema es que Ucrania no se puede dar el lujo de cansarse, y Rusia parece tener misiles para rato. La verdadera pregunta no es quién ganará, sino cuánto sufrimiento estamos dispuestos a normalizar antes de decir «ya basta».


