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martes, febrero 10, 2026

Sinaloa: minero identificado en fosa, pero el caso sigue en la niebla

Cinco días tardaron las autoridades en reconocer el secuestro masivo de trabajadores

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TL;DR

  • La familia identificó los restos de José Ángel Hernández, uno de los 10 mineros secuestrados el 23 de enero
  • Las autoridades de Sinaloa reconocieron el caso cinco días después del secuestro
  • Un comando armado entró al campamento Clementinas de la minera canadiense Vizsla Silver
  • La Fiscalía encontró el cuerpo en una fosa en Concordia, pero no ha confirmado oficialmente la identidad
  • El caso evidencia la crisis de violencia que azota Sinaloa por la guerra entre facciones del cartel

La noticia que nadie quería recibir

«Hoy nos despertamos con una noticia muy triste. No te encontraron como todos hubiéramos querido, pero ya descansas en paz». Con esas palabras, Gaby González confirmó lo que toda familia de desaparecidos teme: que el cuerpo hallado en una fosa clandestina en Concordia, Sinaloa, era efectivamente el de José Ángel Hernández, uno de los 10 mineros secuestrados el 23 de enero. Elpais documenta este momento de dolor que llega después de semanas de incertidumbre, pero que no trae consigo las respuestas que realmente importan.

El secuestro que tardó cinco días en existir oficialmente

Aquí está el primer dato que debería hacer saltar las alarmas: el secuestro masivo ocurrió el 23 de enero, pero las autoridades de Sinaloa reconocieron el caso hasta el 28 de enero. Cinco días completos en los que 10 familias vivieron en la angustia total sin que el Estado moviera un dedo oficialmente. ¿Qué pasó durante esos cinco días? ¿Por qué un secuestro de esta magnitud no activó protocolos inmediatos? El silencio inicial huele a negligencia institucional o, peor aún, a complicidad por omisión.

El campamento que se convirtió en trampa

Elpais detalla cómo alrededor de las 7:30 de la mañana del 23 de enero, un convoy armado entró al campamento Clementinas en Concordia, donde la minera canadiense Vizsla Silver tiene su zona de explotación de plata. «Lo único que dijo el jefe de seguridad fue que llegaron personas armadas y se los llevaron», contó la esposa de uno de los mineros al medio. Lo más preocupante: «No tengo idea si preguntaban por nombre o cómo o por qué se llevaron a los que se llevaron». Es decir, ni siquiera los testigos más cercanos tienen claro el patrón o el motivo.

La Fiscalía que confirma sin confirmar

La Fiscalía General de la República informó el viernes que un cuerpo hallado en una fosa en Concordia correspondía a uno de los empleados desaparecidos. Pero aquí viene el segundo absurdo: al momento de la publicación de Elpais, la Fiscalía todavía no había confirmado oficialmente que se trataba de José Ángel Hernández. La familia ya lo sabía, lo había identificado, pero el aparato estatal seguía en su burocracia mortuoria. ¿De qué sirve un sistema de justicia que va más lento que el dolor de las familias?

Los nombres que no deben olvidarse

Además de Hernández, los otros nueve trabajadores secuestrados son: Ignacio Salazar Flores, José Manuel Castañeda, Antonio de la O Valdez, Antonio Jiménez, Javier Vargas, Antonio Esparza, Javier Valdez, Saúl Ochoa y Miguel Tapia. Diez nombres, diez historias, diez familias destrozadas. Elpais los enumera, pero en Sinaloa parecen ser solo estadísticas más en la guerra entre facciones del Cartel de Sinaloa que tiene al estado sitiado.

La violencia que se come a los trabajadores

El caso, como señala Elpais, ha avivado la crisis de violencia e inseguridad que Sinaloa ha vivido en los últimos años. Pero aquí hay que ser claros: no es que «avive» la crisis, es que la crisis ya está tan normalizada que secuestrar a 10 trabajadores en plena luz del día parece parte del paisaje. Cuando la violencia se come a los mineros, a los campesinos, a los transportistas, a los estudiantes, ya no es «crisis» – es el estado normal de las cosas.

Las preguntas que siguen sin respuesta

¿Por qué esos 10 mineros específicamente? ¿Fue un secuestro por extorsión que salió mal? ¿Fueron confundidos con alguien más? ¿O es parte de la estrategia de terror para controlar territorios mineros? La esposa de uno de los desaparecidos fue clara: «No hemos tenido llamadas de nada. Ni llamadas de rescate ni nada». Esto descarta la teoría del secuestro convencional por dinero. Entonces, ¿cuál fue el motivo? El silencio de los perpetradores es tan aterrador como el silencio inicial de las autoridades.

El patrón que se repite

Sinaloa lleva años siendo escenario de esta violencia, pero hay algo particularmente siniestro en atacar a trabajadores en su lugar de empleo. No es un ajuste de cuentas en un bar, no es una balacera en la calle. Es ir directamente al campamento minero, a la fuente de sustento de decenas de familias, y llevarse a 10 hombres como si fueran mercancía. Este nivel de descaro solo puede existir donde la impunidad es casi total.

Lo que viene después del duelo

La familia de José Ángel Hernández al menos tiene un cuerpo para llorar. Las otras nueve familias siguen en la incertidumbre absoluta. Y mientras tanto, la minera canadiense Vizsla Silver sigue operando, las autoridades siguen «investigando», y los grupos criminales siguen actuando con la misma impunidad. El verdadero crimen no es solo el secuestro y asesinato, sino el sistema que permite que esto ocurra una y otra vez sin consecuencias reales para los responsables.


Fuentes consultadas:

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