TL;DR
- Turquía tiene menos del 1% de cristianos y libertad religiosa limitada
- El papa visitará el lugar de la explosión en Beirut que mató a 200 personas
- Expertos ven un mensaje de «poder blando» frente a gobiernos que usan la religión
- La visita coincide con festividades ortodoxas en un gesto ecuménico
El debut que nadie esperaba
Cuando un papa elige su primer destino internacional, el mundo entero lee entre líneas. Y León XIV acaba de lanzar un mensaje que resuena desde el Vaticano hasta Estambul: su debut mundial será en Turquía y Líbano, dos países donde el cristianismo pasó de ser mayoría a casi desaparecer. Según DW, el pontífice viajará del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2025, casi siete meses después de su elección. No es cualquier elección: mientras en Turquía los cristianos son menos del 1% de la población, en Líbano apenas llegan al 30%. Hace cien años, la historia era completamente distinta.
Turquía: donde la libertad religiosa es «limitada»
El historiador eclesiástico Jörg Ernesti lo dice sin rodeos: la libertad religiosa en Turquía es, en el mejor de los casos, limitada. Y no es palabrería. La Iglesia ortodoxa griega ha sido «significativamente diezmada» desde la expulsión de los griegos de Constantinopla hace más de un siglo. El patriarca Bartolomé I, que aún reside en Estambul, opera con las manos atadas por restricciones estatales. Lo más revelador: ni siquiera la Iglesia católica puede trabajar libremente en territorio turco. ¿Entonces por qué elegir precisamente este país para el debut papal? La respuesta podría estar en el calendario: el 30 de noviembre es la festividad del apóstol Andrés, tan importante para la ortodoxia como Pedro para los católicos. Un gesto ecuménico calculado al milímetro.
El «poder blando» contra sistemas injustos
Felix Körner, jesuita y uno de los principales eruditos islámicos de la Iglesia, ve algo más profundo en esta elección. Según DW, Körner cree que «muchas personas en el mundo islámico, especialmente en Turquía, se sienten honradas de que su primer viaje al extranjero sea a ellos». Pero hay un dato que duele: una generación de jóvenes musulmanes está creciendo consciente de que sus líderes políticos usan la religión, «para mantener el poder, incluso brutalmente, como medio para apoyar sistemas injustos». Frente a esto, León XIV representa una «forma alternativa de presencia religiosa» – lo que Körner llama «poder blando». Es decir, influencia a través de conducta ejemplar, no de violencia estatal.
Líbano: el silencio que habla más fuerte
Si Turquía es el mensaje político, Líbano es el gesto humano. Al final de su viaje, el papa hará una pausa para orar en silencio en el puerto de Beirut. En el mismo lugar donde, en el verano de 2020, una explosión de fertilizantes y explosivos destruyó barrios enteros y mató a unas 200 personas. No es casualidad. Mientras recorre pequeños lugares de peregrinación en el norte del país, esa pausa silenciosa en el epicentro de la tragedia libanesa podría ser el momento más elocuente de todo el viaje. Un recordatorio de que, más allá de las diplomacias y los protocolos, hay dolor que necesita ser reconocido.
¿Por qué ahora? ¿Por qué ahí?
La pregunta que queda flotando es simple pero incómoda: ¿por qué un papa elige como primer destino países donde su propia iglesia tiene restricciones para operar? La respuesta de Körner es reveladora: el diálogo cristiano-islámico ha adquirido «una dinámica nueva y emocionante». Pero quizás la verdadera respuesta esté en los números. Hace cien años, los cristianos constituían una parte significativa de la población en ambos países. Hoy, en Turquía son menos del 1%. En Líbano, el 30% que queda lucha por no desaparecer. Visitar estos lugares no es solo un gesto de diálogo interreligioso; es un acto de memoria histórica. Un recordatorio de que donde hoy hay minorías cristianas, antes había comunidades florecientes. Y que la historia puede repetirse si no se aprende de ella.


