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viernes, febrero 27, 2026

Lenacapavir: la vacuna del VIH que llega a todos menos a Latinoamérica

Mientras el mundo celebra el avance médico del siglo, nuestra región queda fuera del acuerdo de precios bajos

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TL;DR

  • Lenacapavir previene el VIH con solo dos inyecciones anuales y tiene 95% de eficacia
  • 100 países de bajos ingresos lo consiguen a 40 dólares por persona al año
  • Latinoamérica paga 28 mil dólares anuales por el mismo medicamento
  • México y Brasil tienen aumentos preocupantes de contagios mientras el fármaco no llega

El avance médico que nos excluye por ser «demasiado ricos» para ser pobres

La ironía duele más que la inyección: lenacapavir, el medicamento que El Imparcial describe como «el que podría cambiar la estrategia global contra el VIH», está disponible a precio preferencial en más de cien países. Pero hay un detalle que Gilead Sciences, la farmacéutica que lo desarrolló, parece haber considerado con lupa geopolítica: casi toda Latinoamérica no califica como «suficientemente pobre» para el descuento. Según Semana, mientras países como República Dominicana, Honduras y Bolivia pagan 40 dólares por persona al año, Colombia, México, Brasil, Perú, Argentina y Chile deben desembolsar 28 mil dólares. La matemática es obscena: 700 veces más caro.

Dos pinchazos al año vs. el estigma diario

El verdadero valor de lenacapavir no está solo en su eficacia del 95% – que ya es un número que hace llorar de emoción a cualquier epidemiólogo – sino en cómo resuelve el problema más cabrón de la prevención del VIH: la adherencia. Como documenta El Financiero, hasta ahora la profilaxis preexposición (PrEP) requería tomar una pastilla diaria. Dos inyecciones subcutáneas al año no solo evitan el olvido de dosis, sino que reducen el estigma social de tener que medicarse todos los días. Es la diferencia entre un tratamiento discreto y una rutina que te puede marcar frente a familiares, compañeros de trabajo o parejas ocasionales.

La paradoja epidemiológica: más contagios, menos acceso

Aquí es donde la cosa se pone surrealista. El Sol de México reporta aumentos preocupantes de contagios en países como México y Brasil justo cuando este medicamento debería estar llegando como agua en el desierto. Pero no, el desierto se queda sin agua porque según los criterios de Gilead, nuestras economías «en desarrollo» son demasiado desarrolladas para el precio de 40 dólares, pero demasiado subdesarrolladas para pagar 28 mil. Es el limbo perfecto: ni tan pobres para la caridad, ni tan ricos para la compra.

Los conejillos de indias latinoamericanos que ahora no pueden pagar el resultado

Francisco Rubio, Director de Advocacy de AHF para América Latina, lo dijo sin pelos en la lengua en el reporte de Semana: «Gilead debe explicar por qué ha ignorado sistemáticamente a América Latina en sus acuerdos de precios bajos, pese a que cientos de voluntarios de Brasil, México, Perú o Colombia participaron en los estudios clínicos». La ecuación es cínica: nuestros cuerpos sirven para probar la eficacia, pero nuestros bolsillos no alcanzan para comprar el resultado. Mientras, un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública de México calcula que si lenacapavir estuviera disponible a precio accesible, la región podría evitar hasta el 68% de las nuevas transmisiones antes de 2030.

El modelo que premia la enfermedad, no la prevención

Hay algo profundamente perverso en cómo funciona la industria farmacéutica: los medicamentos preventivos siempre son los hijastros de la inversión. Es más rentable tratar a alguien de por vida que evitar que se enferme. Lenacapavir rompe ese modelo porque su esquema de dos dosis anuales podría, en teoría, reducir drásticamente los contagios. Pero claro, reducir contagios significa reducir futuros pacientes, y reducir futuros pacientes significa reducir ganancias a largo plazo. No digo que sea una conspiración, pero la coincidencia es demasiado conveniente.

La campaña #InnovaciónSinExclusión y el concierto que nadie escuchó

Más de 200 organizaciones de la sociedad civil lanzaron la campaña #InnovaciónSinExclusión, con protestas en Ciudad de México y Lima. Hubo conciertos, pancartas, discursos. Pero mientras miles de personas coreaban consignas en las calles, los ejecutivos de Gilead probablemente revisaban sus balances trimestrales en oficinas con aire acondicionado. La desconexión es total: del otro lado del vidrio antibalas de las corporaciones, la gente se muere. Literalmente.

El futuro que ya llegó, pero solo para algunos

Lenacapavir es exactamente el tipo de avance científico que imaginábamos en las películas de ciencia ficción: una solución elegante, efectiva y poco invasiva para un problema que ha matado a millones. El problema es que en esa película, solo los ciudadanos de ciertos países tienen derecho al futuro. Los demás, los latinoamericanos, seguimos atrapados en el presente de los contagios crecientes, los diagnósticos tardíos y la espera eterna por una equidad que nunca llega. La pregunta incómoda queda flotando: ¿de qué sirve salvar al mundo si solo se salva una parte?


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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