TL;DR
- Falleció a los 96 años en Starnberg, Alemania, confirmado por su editorial Suhrkamp
- Teórico clave de la Escuela de Fráncfort y autor de ‘Teoría de la acción comunicativa’
- Defendió hasta el final un proyecto europeo federal que hoy enfrenta crisis nacionalistas
- Crítico del ‘fascismo de izquierda’ y de la reunificación alemana guiada por el mercado
- Murió cuando el espacio público que teorizó ha sido sustituido por infraestructuras digitales propietarias
El intelectual que llegó tarde a su propio funeral
Jürgen Habermas murió este sábado a los 96 años en Starnberg, Alemania, según confirmó su editorial Suhrkamp a DW. Pero aquí está el detalle que duele: el filósofo que dedicó su vida a defender la razón como herramienta de entendimiento murió en un momento donde su proyecto intelectual parece más utópico que nunca. El País lo dice sin anestesia: «Habermas muere en un momento poco hospitalario para la empresa a la que dedicó su obra».
De las Juventudes Hitlerianas a la teoría crítica
Nacido en 1929 en Düsseldorf, Habermas fue incorporado a las Juventudes Hitlerianas, aunque era demasiado joven para participar activamente en la guerra, documenta DW. Esa experiencia marcó su obsesión por entender cómo la razón podía degenerar en barbarie. Se doctoró en 1961 con «La transformación estructural de la esfera pública» y en 1964 asumió la cátedra de Filosofía y Sociología de Max Horkheimer en la Universidad de Fráncfort, según La Jornada. Su gran obra, «Teoría de la acción comunicativa», publicada en 1981, fue un intento monumental de rescatar la razón del pesimismo de sus maestros Adorno y Horkheimer.
La apuesta que hoy parece ciencia ficción
Habermas creía que cuando los seres humanos hablan para entenderse —no para manipular ni para vencer— activan una forma de racionalidad distinta a la del mercado o la burocracia. El País lo explica con claridad: «Fundó su legitimidad no en el poder de quien habla sino en la fuerza del mejor argumento». De ahí sacó una teoría de la democracia y una defensa del proyecto europeo como «el experimento político más avanzado de la historia: la apuesta de que es posible construir orden sin soberano y legitimidad sin espada».
El crítico incómodo que nunca se calló
Aquí está lo interesante: Habermas no fue un teórico de gabinete. Fue un intelectual público que se metió en todos los debates calientes. En los 60 fue voz de la protesta estudiantil, pero después denunció los riesgos de un «fascismo de izquierda» para el Estado de derecho, según DW. En 1989 criticó las modalidades de la reunificación alemana, guiadas principalmente por las exigencias del mercado. Se enfrentó a Foucault y a los posmodernos, criticó la intervención en Irak y se posicionó sobre Ucrania cuando ya tenía más de noventa años.
Premio Príncipe de Asturias y pensador global
Aristegui Noticias y El Universal coinciden en destacar que Habermas fue Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003 y formó parte de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort. Timon Gremmels, ministro de Ciencia del estado de Hesse, lamentó que Alemania pierda «a uno de los filósofos y teóricos sociales más destacados de nuestro tiempo». El Universal cita al Frankfurter Rundschau destacando que Habermas era un «intelectual global, al que se conocía tanto en Brasil como en Japón».
El espacio público que ya no existe
Aquí está la ironía más brutal: Habermas construyó toda su obra sobre el supuesto de que existe un espacio público donde los argumentos pueden competir en condiciones de igualdad. Pero como señala El País, «el espacio público habermasiano donde debía nacer el entendimiento ha sido reemplazado por una infraestructura propietaria donde el debate no se distorsiona desde fuera sino que se diseña desde dentro». En otras palabras: teorizó sobre un campo de juego que ya fue comprado por las grandes tecnológicas y rediseñado para maximizar engagement, no entendimiento.
La Europa que se le fue de las manos
En sus últimos años, Habermas dedicó su tiempo a promover un proyecto federal europeo, con el fin de evitar que el Viejo Continente cayera nuevamente en rivalidades nacionalistas, según DW. Pero hoy, cuando sus dirigentes hablan con naturalidad de abandonar la pretensión normativa que definió el proyecto europeo, su muerte adquiere un significado que no es biográfico sino político. Murió viendo cómo el nacionalismo que tanto temía regresa con fuerza en toda Europa.
El legado de un optimista obstinado
Habermas fue el filósofo que se negó a rendirse ante el pesimismo. Tomó el diagnóstico sombrío de sus maestros —que habían visto en la razón moderna el germen de Auschwitz— y lo sometió a una corrección radical: si la razón había contribuido a la catástrofe, no era porque estuviera condenada, sino porque había sido reducida a un instrumento. Había que repensarla de otro modo. El problema es que hoy, en la era de los algoritmos, las cámaras de eco y la posverdad, su apuesta por la razón comunicativa suena más a nostalgia que a programa político. Murió creyendo que convencer era posible, justo cuando el mundo demostraba que manipular es más rentable.
Fuentes consultadas:
- Dw – Filósofo alemán Jürgen Habermas muere a los 96 años
- Jornada – Murió Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán
- Elpais – Habermas: el filósofo que creyó que convencer era posible
- Aristeguinoticias – Muere el filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años
- Eluniversal – Muere el reconocido filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años


