TL;DR
- 26 países son fundadores de la Junta de Paz de Trump, incluyendo Israel, Argentina y Arabia Saudí
- Francia, España y Suecia rechazaron formar parte del proyecto estadounidense
- Trump anunció 5 mil millones de dólares para Gaza, pero la fuerza internacional genera dudas
- México participa solo como observador, junto con Italia y República Checa
El club de la paz con nombre propio
Donald Trump firmó la carta fundacional de su Junta de Paz a finales de enero en Davos, Suiza, y este jueves la cosa se puso seria. Según DW, más de 20 países asistieron a la primera reunión en el Instituto de Paz de Washington, que por cierto ya lleva el nombre del republicano. Porque claro, si vas a crear una iniciativa de paz global, lo primero es ponerle tu nombre al edificio.
Los que dijeron «sí, jefe»
La lista oficial de 26 países fundadores incluye a Israel, Argentina, El Salvador, Paraguay, Arabia Saudí y Egipto. O sea, tenemos desde el conflicto de Gaza hasta países con sus propios problemas internos. Javier Milei y Santiago Peña confirmaron que viajarían personalmente a Washington, lo que dice mucho sobre quiénes están más emocionados con el proyecto trumpista.
Pero aquí está lo interesante: mientras los presidentes de Argentina y Paraguay se suben al avión, Benjamín Netanyahu manda a su ministro de Exteriores. Israel, el país directamente involucrado en el conflicto que supuestamente es la prioridad número uno, no envía a su primer mandatario. ¿Será que Netanyahu sabe algo que los demás no?
Los que dijeron «no, gracias»
Mientras Trump armaba su fiesta de la paz, Francia, España y Suecia mandaron la invitación a la papelera. No es poca cosa: tres países europeos clave dicen que no a una iniciativa que promete «paz en todo el mundo». La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, intentó sonar optimista diciendo que «sé que hay mucho interés», pero cuando Francia y España te dan la espalda, algo huele raro.
La Unión Europea manda a la comisaria para el Mediterráneo, Dubravka Suica, pero solo como observadora. Lo mismo hace México, junto con Italia y República Checa. O sea, están ahí para ver qué pasa, pero sin comprometerse. Es como ir a una fiesta pero quedarte junto a la puerta por si hay que salir corriendo.
Los 5 mil millones y la fuerza internacional
Trump anunció en Truth Social el compromiso de más de 5.000 millones de dólares para «los esfuerzos humanitarios y de reconstrucción de Gaza». Suena bien, hasta que Leavitt agrega que la entidad también enviará a «miles de efectivos a la fuerza internacional de estabilización y a la policía local».
Aquí es donde la cosa se pone interesante: ¿quién manda a esos miles de efectivos? ¿Bajo qué reglas operan? ¿Y qué pasa cuando una «fuerza internacional de estabilización» creada por Trump llega a un territorio en conflicto? Porque la historia nos ha enseñado que las intervenciones internacionales rara vez salen como en el papel.
El problema de trabajar «con» la ONU
Este lunes, Trump dijo que la Junta de Paz trabajará con las Naciones Unidas «en algunos casos». La frase clave es «en algunos casos». O sea, cuando convenga. Cuando no, cada quien por su lado.
La pregunta incómoda es: ¿esto es un complemento al sistema internacional existente o un intento de crear una estructura paralela? Porque si ya existe la ONU, con todos sus defectos y burocracia, ¿para qué crear otra junta de paz? ¿Será que a Trump no le gusta jugar con las reglas de otros?
Los ausentes que hablan más que los presentes
La lista de confirmados incluye al mandatario indonesio, Prabowo Subianto, y los líderes de Camboya y Vietnam. Países del sudeste asiático que tradicionalmente mantienen cierta distancia de las iniciativas occidentales. Su presencia dice tanto como la ausencia de las potencias europeas.
Mientras Trump anuncia que la junta irá «más allá de Gaza», enfocándose en «la paz en todo el mundo», uno no puede evitar preguntarse: ¿y quiénes decidirán qué conflictos atender primero? ¿Con qué criterios? ¿Y qué pasa cuando los intereses de los países fundadores choquen entre sí?
La paz según Trump: ¿nuevo modelo o viejo juego?
Al final del día, lo que tenemos es una iniciativa con nombre propio, con países que dicen sí y otros que dicen no, con mucho dinero en juego y con promesas de fuerzas internacionales. La Casa Blanca dice que son más de 35 jefes de Estado y de Gobierno los que aceptaron formar parte, pero solo 26 son fundadores.
La verdadera prueba no será esta primera reunión con discursos y fotos, sino lo que pase cuando tengan que tomar decisiones difíciles. Cuando los 5 mil millones se tengan que repartir, cuando los «miles de efectivos» tengan que desplegarse, cuando haya que elegir entre los intereses de Israel y los de Arabia Saudí.
Por ahora, Trump tiene su junta, su instituto con su nombre y su lista de países. Lo que falta ver es si esto realmente lleva a la paz o solo a más reuniones en Washington.


