12.3 C
San Luis Potosí
miércoles, febrero 18, 2026

La campeona que robó a sus compañeras: el escándalo que Francia quiso tapar

Julia Simon llegó a Milán-Cortina con oro olímpico y una condena por fraude que casi nadie menciona

Destacadas

Entre Líneas
Entre Líneashttps://entrelineas.news
Noticias claras, análisis profundo. La verdad se lee Entre Líneas. #EntreLineas

TL;DR

  • Julia Simon, campeona olímpica de biatlón, fue condenada por usar tarjetas de crédito de compañeros sin permiso
  • Robó más de 2,000 euros a Justine Braisaz-Bouchet, su compañera de equipo y amiga
  • La federación francesa primero la suspendió 6 meses, luego redujo el castigo a solo 1 mes
  • En los Juegos, Simon hizo gesto de silencio a la prensa diciendo «quien quiera chisme, que se vaya a otro lado»
  • El caso muestra cómo el éxito deportivo puede opacar delitos graves

El oro olímpico que huele a fraude

Julia Simon cruzó la línea de meta en los Dolomitas con el oro olímpico colgando del cuello y un dedo índice sobre los labios. «Shhh». El gesto, capturado por todas las cámaras, no era celebración deportiva sino advertencia periodística: «Quien quiera chisme, que se vaya a buscarlo a otro lado». Lo que la biatleta francesa no mencionó es que el «chisme» incluye una condena judicial por estafar a sus propios compañeros de equipo. Según El País, Simon accedió a las contraseñas bancarias de Justine Braisaz-Bouchet, su compañera de selección, y de un técnico no identificado, para hacer compras con sus tarjetas durante meses. El monto superó los dos mil euros. Lo curioso: mientras el mundo celebraba su oro, casi nadie recordaba que la campeona llegaba a los Juegos con tres meses de prisión condicional y una multa de 15,000 euros.

La amiga que te roba mientras esquías

La historia tiene ese sabor amargo de la traición entre compañeras. Braisaz-Bouchet no era cualquier colega: compartía año y ciudad de nacimiento con Simon, habían competido juntas en relevos de Copa del Mundo, eran la dupla dorada del biatlón francés. Cuando descubrió los movimientos bancarios sospechosos, estaba embarazada de su primer hijo. Según El País, la afectada primero acudió a la federación francesa de esquí en 2022, esperando una investigación interna. Lo que obtuvo fue promesas vacías y silencio administrativo. No fue hasta verano de 2023 que, frustrada por la inacción federativa, presentó denuncia formal ante las autoridades. El sistema deportivo francés prefirió mirar para otro lado mientras una atleta robaba a otra. ¿Cuántas federaciones hacen lo mismo cuando el delincuente es una estrella?

El «no me acuerdo» que no convenció al juez

En el tribunal de Albertville, Simon probó todas las excusas del manual. Primero dijo que era víctima de robo de identidad. Cuando esa versión se desmoronó, optó por la amnesia selectiva: «No recuerdo haberlo hecho. No entiendo nada. Es como si me hubiera desmayado». El juez, que evidentemente no se tragó el cuento, la declaró culpable de hurto y fraude el 24 de octubre de 2025. Los delitos ocurrieron entre diciembre de 2021 y septiembre de 2022, coincidiendo con concentraciones de la selección en Suecia, Noruega y Francia. Lo que duele no es solo el robo, sino la premeditación: Simon aprovechó la confianza y la cercanía para acceder a información privada, luego usó ese acceso sistemáticamente durante meses. Esto no fue un «error» ni un «lapsus». Fue un patrón.

La federación que castiga… hasta que gana medallas

Aquí viene lo bueno: después de la condena judicial, la federación francesa de esquí decidió mostrar «mano dura». Multa de 30,000 euros y suspensión de seis meses de cualquier entrenamiento y competición oficial. El castigo la habría dejado fuera de Milán-Cortina. Pero oh sorpresa, días después la FFS «reconsideró» y anuló cinco de los seis meses de suspensión, además de reducir la multa a la mitad. Traducción: castigo simbólico para no perder a su estrella en los Juegos Olímpicos. Simon solo se perdió «pruebas puntuales» de la Copa del Mundo, según El País. La federación envió un mensaje claro: robar a tus compañeras está mal, pero ganar medallas está bien. Mejor dicho: robar está mal hasta que afecta nuestros resultados deportivos.

El silencio cómplice del deporte espectáculo

Lo más revelador del caso no es el fraude en sí, sino cómo el sistema lo manejó. Braisaz-Bouchet tuvo que esperar años para obtener justicia, primero enfrentándose a la burocracia federativa, luego al sistema judicial. Mientras tanto, Simon seguía compitiendo, ganando títulos, construyendo su leyenda. La prensa deportiva internacional apenas mencionó el escándalo durante los Juegos. Los comentaristas hablaban de su técnica de tiro, de su resistencia en esquí de fondo, de su mentalidad ganadora. Nadie preguntó: «¿Qué clase de mentalidad necesita una atleta para robarle a su amiga embarazada?» El deporte de alto rendimiento tiene esta capacidad asombrosa para separar al atleta de la persona, como si los logros deportivos fueran un borrador mágico que limpia cualquier mancha ética.

La pregunta incómoda que nadie hace

Si Julia Simon fuera una atleta de segunda fila, sin diez oros mundiales, ¿la federación habría sido igual de «comprensiva»? ¿Habría reducido su suspensión de seis a un mes? ¿La habría llevado a los Juegos Olímpicos? La respuesta duele porque la conocemos. El deporte profesional funciona con una doble moral tan evidente que ya ni siquiera la disimula. Los delitos se perdonan según el ranking, las suspensiones se acortan según el calendario de competencias importantes, las multas se reducen según el potencial medallero. Simon no es la primera y no será la última. Solo es la más reciente en demostrar que, en el deporte de élite, el éxito justifica casi todo. Incluyendo robarle a quien te tiende la mano.

Mientras Simon celebraba su oro en Italia, Braisaz-Bouchet competía en la misma justa olímpica. Dos ex amigas, dos compañeras de equipo, una con medalla y condena, la otra con la cuenta bancaria saqueada y la confianza rota. El sistema deportivo francés las puso a ambas en la misma pista, como si nada hubiera pasado. Como si robar 2,000 euros a un compañero fuera solo un «detalle» que se supera con un buen tiempo en los 15 kilómetros. El verdadero récord que estableció Julia Simon no está en el biatlón, sino en la hipocresía institucional: demostró que puedes ser delincuente y héroe nacional al mismo tiempo. Siempre que dispares bien a la diana.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

    Noticias claras, análisis profundo. La verdad se lee Entre Líneas. #EntreLineas

- Publicidad -spot_img

Más noticias

- Publicidad -spot_img

Últimas Noticias