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domingo, enero 11, 2026

El juez de 92 años que decidirá el destino de Maduro

Alvin Hellerstein, nombrado por Clinton hace 28 años, toma el caso más explosivo del siglo

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TL;DR

  • Alvin Hellerstein, de 92 años, fue designado por Bill Clinton en 1998 y ahora presidirá el juicio contra Nicolás Maduro
  • El juez tiene experiencia en casos emblemáticos como las reclamaciones del 11-S y el proceso contra Harvey Weinstein
  • Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses mientras dormía en Caracas y trasladado a Brooklyn
  • El exgeneral venezolano Hugo ‘El Pollo’ Carvajal, ya declarado culpable, será testigo clave contra Maduro
  • El juicio podría celebrarse en el mismo tribunal donde condenaron al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández

Un nonagenario en el ojo del huracán

La justicia estadounidense tiene un sentido del humor bastante particular. Mientras el mundo esperaba quién sería el árbitro del juicio del siglo contra Nicolás Maduro, el sistema judicial sacó de la manga a Alvin Hellerstein, un juez federal de 92 años que lleva en el cargo desde que Bill Clinton era presidente. Sí, 1998. Cuando Hellerstein asumió su puesto, en Venezuela gobernaba Rafael Caldera y Maduro era un sindicalista de metro que ni soñaba con llegar a Miraflores. Elpais documenta que este juez judío ortodoxo, nacido en 1933, no solo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial sino que ahora tendrá que sobrevivir a lo que promete ser el circo mediático más grande desde el juicio a O.J. Simpson.

De dormir en Caracas a despertar en Brooklyn

La captura de Maduro tiene todos los ingredientes de una película de acción de bajo presupuesto. Según la información disponible, fuerzas del ejército estadounidense lo agarraron mientras dormía en Caracas y lo subieron a un avión rumbo al centro de detención de Brooklyn. No hubo tiroteos épicos, ni persecuciones en helicóptero, ni siquiera un «misión cumplida» digno de Hollywood. Solo un presidente dormido que despertó en una celda neoyorquina. La operación fue tan limpia que casi da pena: ni siquiera le dieron tiempo para ponerse las pantuflas.

El currículum del juez: del 11-S a Weinstein

Hellerstein no es cualquier juez retirado que sacaron del baúl de los recuerdos. Su hoja de servicios incluye casos que han definido la historia judicial reciente de Estados Unidos. Elpais señala que manejó las reclamaciones por los daños de las Torres Gemelas después del 11-S, el caso de acoso sexual contra el productor Harvey Weinstein, y hasta el proceso contra Michael Cohen, el exabogado de Donald Trump. Ahora le toca el plato fuerte: un presidente en funciones acusado de narcoterrorismo. Si esto fuera baseball, Hellerstein estaría bateando para el ciclo.

El Pollo Carvajal: el testigo que cantó como canario

La fiscalía no viene con las manos vacías. Hugo Armando «El Pollo» Carvajal, exjefe de los servicios de inteligencia chavistas, ya se declaró culpable el verano pasado por narcotráfico y narcoterrorismo en el mismo tribunal donde juzgarán a Maduro. Este exgeneral, que pasó de ser el hombre de confianza de Hugo Chávez a colaborador de la justicia gringa, será la estrella del show. Su testimonio promete ser más jugoso que una telenovela venezolana: conoce todos los secretos, todas las rutas, todos los nombres. Y lo mejor (o peor) es que ya no tiene nada que perder.

El escenario perfecto: el palacio de justicia de los famosos

El juicio probablemente se celebre en el tribunal Daniel Patrick Moynihan, el mismo donde condenaron al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández a 45 años (aunque Trump lo indultó recientemente, porque en política nada es para siempre). Este palacio de justicia ha visto desfilar a narcotraficantes, mafiosos y celebridades caídas en desgracia. Ahora le toca al primer presidente en funciones capturado por Estados Unidos desde Manuel Noriega. La diferencia es que Noriega era un dictador militar y Maduro es un presidente electo, lo que abre un debate jurídico y político que podría durar décadas.

La paradoja religiosa del juez ortodoxo

Hellerstein escribió en 2013 algo que ahora resuena con ironía: «En Estados Unidos no existe una prueba religiosa para acceder a un cargo. Judíos, cristianos, musulmanes o ateos son iguales ante la ley». Pero luego se preguntaba: «¿Cómo podemos decir entonces que la educación del juez, incluida su educación religiosa, no hace la diferencia?» El juez que cuestiona si sus creencias influyen en sus decisiones ahora tendrá que demostrar que no lo hacen en el caso más politizado del siglo. La presión no será solo legal sino histórica: cualquier error será analizado bajo el microscopio de la geopolítica.

La pregunta incómoda que nadie hace

¿Qué pasa si un juez de 92 años muere durante un juicio que podría durar años? ¿O si su salud se deteriora? Hellerstein nació cuando Franklin D. Roosevelt llevaba apenas unos meses en la presidencia y el mundo se preparaba para la Segunda Guerra Mundial. Su experiencia es invaluable, pero la biología es implacable. Mientras tanto, Maduro, con 63 años, podría ver cómo su destino depende de la salud cardiovascular de un hombre que le lleva casi tres décadas. La justicia estadounidense confía en que Hellerstein aguantará el ritmo, pero la naturaleza tiene sus propios plazos.

El precedente que nadie quiere mencionar

El caso de Juan Orlando Hernández debería servir como advertencia: 45 años de condena reducidos a cero por un indulto presidencial. ¿Qué garantía hay de que, si condenan a Maduro, un futuro presidente no lo indulte por razones políticas? Estados Unidos está jugando a la justicia selectiva con reglas que cambian según quién esté en la Casa Blanca. Hellerstein, nombrado por un demócrata, juzgará a un presidente socialista mientras un expresidente republicano (Trump) acaba de indultar a otro condenado por narcotráfico. La coherencia brilla por su ausencia.

Al final, este juicio no será solo sobre Maduro o Venezuela. Será un examen de la propia justicia estadounidense, de sus contradicciones, de su selectividad y de su capacidad para mantener la imparcialidad en medio de la tormenta geopolítica. Y en el centro de todo, un juez de 92 años que probablemente nunca imaginó que su carrera terminaría decidiendo el destino de un presidente latinoamericano capturado en pijama.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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