TL;DR
- El Senado aprobó en comisiones reducir la jornada de 48 a 40 horas de forma gradual hasta 2030
- La polémica está en que NO incluye dos días de descanso obligatorio, solo mantiene el actual de un día
- La oposición y hasta aliados del gobierno advierten sobre posibles simulaciones con horas extras
- La reforma beneficiaría a más de 13.5 millones de trabajadores mexicanos
Un paso histórico con pies de plomo
El martes pasado, el Senado mexicano dio un paso que parecía imposible hace solo unos años: aprobar en comisiones la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Según El País, la iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum logró algo rarísimo en la política mexicana: unanimidad. Morena, sus aliados y hasta el bloque opositor de PAN, PRI y MC votaron a favor. Pero aquí viene lo interesante: cuando todos están de acuerdo en algo, siempre hay que preguntarse qué se está dejando fuera del acuerdo.
La trampa del descanso que no descansa
El punto más espinoso, como documenta El País, es que la reforma mantiene un solo día de descanso obligatorio por semana. Sí, leíste bien: trabajas menos horas, pero sigues descansando solo un día. El senador petista Alejandro Yañez lo dijo claro: «Por obligación ética, moral y parlamentaria les tenemos que decir que en esta iniciativa y este proyecto debió de haberse expresado claramente el descanso de dos días por semana». Aquí está el meollo del asunto: ¿de qué sirve trabajar menos horas si sigues atado a la empresa seis días a la semana?
El fantasma de las horas extras
La oposición no se quedó callada. La priista Carolina Viggiano soltó una frase que debería hacer ruido en todos lados: «quitarle a los trabajadores una hora al día es una trampa porque las horas extras se van a incrementar a 12». Según El País, el PRI propuso cambios para establecer un tope de nueve horas extra por semana, pero esa propuesta quedó fuera del dictamen. La pregunta incómoda es: ¿estamos ante una reducción real de jornada o solo un cambio de nomenclatura que permitirá más horas extras?
El camino empedrado de la reforma
Lo curioso es que esta iniciativa viene desde el sexenio de López Obrador, donde se atascó por falta de consensos. Sheinbaum la recuperó como prioridad y, según El País, el trabajo de su administración se sintetizó en mesas de diálogo de ocho meses con empresarios, organizaciones sociales y sindicatos. La propuesta implica que la reducción sea gradual: dos horas menos cada año a partir de enero de 2027 hasta llegar a las 40 horas en 2030. Beneficiaría a más de 13.5 millones de trabajadores. Pero aquí hay que preguntarse: ¿por qué tanto tiempo? Si es buena idea, ¿por qué no implementarla ya?
La unanimidad que huele a compromiso
Cuando todos aplauden, siempre hay que revisar las manos. El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, defendió la propuesta diciendo que «está comprobado en otros países que la reducción de la jornada mejora la calidad de vida de los trabajadores». Tiene razón, pero en esos países también suelen tener dos días de descanso. La votación unánime en comisiones tiene matices, como señala El País, y el número de descansos marcó el ritmo del debate. Las bancadas del PAN y PRI advirtieron sobre una posible simulación si no se garantiza un descanso efectivo de dos días.
Lo que viene: el pleno y la Cámara de Diputados
El proyecto debe pasar este miércoles por el pleno del Senado y luego por la Cámara de Diputados en los próximos meses. La pregunta que nadie quiere hacer en voz alta: ¿esta reforma es realmente un avance histórico o solo un maquillaje laboral que permite al gobierno decir «cumplimos» sin cambiar realmente las condiciones de explotación? El diablo, como siempre, está en los detalles. Y el detalle más importante -los dos días de descanso- brilló por su ausencia.
Al final, la reducción de jornada sin dos días de descanso es como tener un Ferrari sin gasolina: se ve bien, pero no te lleva a ningún lado. Los trabajadores mexicanos merecen más que migajas disfrazadas de banquete. Y si la reforma no incluye lo básico -descansar realmente- entonces estamos ante otra simulación más en la larga historia de promesas laborales incumplidas en este país.


