TL;DR
- Joan García hizo seis paradas decisivas para mantener el arco en cero
- El portero cambió del Espanyol al Barcelona en 2025, convirtiéndose en villano para los blanquiazules
- El Barça ganó 0-2 con goles de Olmo y Lewandowski en los últimos minutos
- Flick resguardó a Pedri y Olmo pensando en la Supercopa de Arabia
El villano que se convirtió en héroe (y viceversa)
Nunca un cartel de derbi estuvo tan justificado como el de anoche en el RCDE Stadium. Joan García, el portero que el año pasado vestía la camiseta blanquiazul y ahora defiende la azulgrana, fue el protagonista absoluto de principio a fin. Según El País, el arquero «afirmó al Barça y negó al Espanyol» en un ejercicio de serenidad que incluyó seis paradas decisivas. La ironía es tan gruesa que duele: el mismo tipo que los aficionados del Espanyol abucheaban cada vez que tocaba el balón terminó siendo la razón por la que su ex-equipo no pudo marcar ni un solo gol.
Seis paradas y una traición que paga dividendos
Joan García mantuvo el control emocional ante un Espanyol «excitado y embalado», que llegaba con cinco triunfos consecutivos y sueños europeos. El portero no solo detuvo los remates, sino que administró la presión psicológica de jugar en el estadio donde hasta hace meses era ídolo. A los 20 minutos, cuando Roberto Fernández se coló a espaldas de la defensa azulgrana, fue García quien salvó lo que parecía gol seguro. El reporte de El País documenta cómo el arquero «sostuvo a su equipo» hasta que Dani Olmo (minuto 85) y Robert Lewandowski (minuto 89) marcaron las diferencias en el tramo final.
El Barça que casi se cae por soberbio
Aquí es donde la historia se pone interesante. Hansi Flick, el técnico azulgrana, decidió «resguardar a Pedri y Olmo, ambos recién salidos de una lesión», pensando en la Supercopa de Arabia. La jugada le salió bien, pero por los pelos. El equipo jugó con un solo centrocampista puro (Frenkie de Jong), obligando a Eric García a ejercer de medio centro, mientras Raphinha ocupaba el tercer volante. El problema, según El País, es que «Raphinha no favorece precisamente la combinación, la fluidez, la precisión y la velocidad de balón necesarias». Traducción: el Barça jugó mal, pero ganó porque tenía a un portero inspirado y dos delanteros de lujo que resolvieron en cinco minutos lo que no pudieron en 85.
El Espanyol que mereció más pero se quedó con nada
Manolo González, el técnico blanquiazul, debe estar masticando vidrio. Su equipo, definido por El País como «intenso y solidario», gestionó bien el campo, presionó sin desmayo y confió su suerte a jugadas de estrategia y transiciones rápidas. El problema es que se toparon con la versión inspirada de su ex-portero y con la frialdad goleadora de un Barça que administra el talento como quien cuenta billetes. El Espanyol fue «víctima un año más de la fatalidad cada vez que recibe al Barcelona en su hogar». Algo que suena a maldición, pero que en realidad es la cruda realidad de enfrentar a un equipo que puede ganar jugando mal.
La pregunta incómoda: ¿valió la pena el cambio?
Joan García pasó de ser ídolo en Cornellà-El Prat a villano, y anoche de villano a héroe… pero para el equipo equivocado. El portero justificó con guantes lo que muchos consideraron una traición. Mientras los aficionados del Espanyol lo abucheaban, él respondía con paradas. Mientras los del Barcelona dudaban de su fichaje, él demostraba por qué el club pagó por él. La ironía final: el Barça suma su novena victoria consecutiva desde que cayó en el Bernabéu, y lo hace gracias a un portero que hasta hace meses defendía la portería contraria. En el fútbol, como en la vida, los héroes y villanos a menudo son la misma persona, solo vista desde ángulos diferentes.


