TL;DR
- Irán ejecutó a Aghil Keshavarz, acusado de espiar para Israel tras ser sorprendido fotografiando instalaciones militares
- Es la persona número 16 ajusticiada por espionaje desde la Guerra de los 12 Días entre Irán e Israel en junio
- El régimen islámico es el segundo país con más ejecuciones del mundo, solo detrás de China, según Amnistía Internacional
- En octubre, Irán promulgó una ley que criminaliza incluso el uso de servicios como Starlink o colaborar con medios extranjeros
La horca como herramienta diplomática
Cuando el poder judicial iraní anunció este sábado la ejecución de Aghil Keshavarz, no estaba simplemente aplicando la ley. Estaba enviando un mensaje en mayúsculas a Tel Aviv y al mundo entero: aquí no hay espías, solo cadáveres. Según DW, Keshavarz fue presentado como «agente del Mosad» y ahorcado tras ser declarado culpable de espionaje a favor de Israel. Pero lo realmente escalofriante no es este caso aislado, sino que es el número 16 desde junio. Sí, dieciséis personas han sido ejecutadas por el mismo delito en menos de seis meses. Cuando las cifras se repiten con esta frecuencia, deja de ser justicia para convertirse en política.
El congreso científico que terminó en la horca
La historia oficial que cuenta el régimen tiene todos los elementos de una película de espías de bajo presupuesto. Keshavarz, según la versión judicial, viajó a la ciudad noroccidental de Urumía para participar en un congreso científico. Suena inocente, ¿no? Hasta que los agentes de seguridad lo sorprendieron tomando fotos del cuartel general de una división de infantería. DW documenta que al revisar su teléfono encontraron un mensaje de un número vinculado a Israel y de alguien llamado ‘Osher’. Luego vinieron más «pruebas» en el registro de su residencia y, según el poder judicial, confesiones donde admitió colaborar con inteligencia israelí para «dañar a la República Islámica». Lo que no dice el comunicado oficial es cuánto duraron esos interrogatorios, bajo qué condiciones se obtuvieron esas confesiones, o si Keshavarz tuvo acceso a una defensa real. En Irán, el proceso suele ser más rápido que el veredicto.
16 ejecuciones y contando: la matemática del terror
Aquí es donde la cosa se pone realmente turbia. DW reporta que las 16 ejecuciones por espionaje comenzaron en junio, cuando Irán e Israel mantuvieron la ya bautizada como Guerra de los 12 Días. El primero de estos ajusticiamientos ocurrió incluso antes de que terminaran los enfrentamientos. ¿Coincidencia? Difícilmente. Esto no es aplicación de justicia, es mensajería geopolítica. Cada horca es un comunicado de prensa, cada ejecución un punto en la negociación. Y mientras tanto, Irán se consolida como el segundo país con más ejecuciones del mundo, solo detrás de China, según organizaciones como Amnistía Internacional. El dato no es anecdótico: habla de un régimen que usa la muerte como herramienta de control interno y presión externa.
La ley que criminaliza hasta Starlink
Si crees que esto se trata solo de espías profesionales, piénsalo otra vez. En octubre, Irán promulgó una ley que endurece los castigos por espionaje de una manera que debería preocupar a cualquiera que valore la libertad de información. Según la cobertura de DW, la nueva legislación incluye penas de prisión por usar servicios como Starlink o por colaborar con medios de comunicación extranjeros considerados hostiles. Traducción: si eres periodista y trabajas con medios occidentales, podrías terminar en la cárcel. Si usas internet satelital para evitar la censura del régimen, también. Lo que empezó como caza de espías se está convirtiendo en una red tan amplia que podría atrapar a cualquiera que el gobierno considere inconveniente.
¿Justicia o espectáculo?
Lo más preocupante de todo este asunto es la normalización. Dieciséis ejecuciones en seis meses por el mismo delito, anunciadas con bombo y platillo por el poder judicial. Cada comunicado es una advertencia a la población: mira lo que le pasa a los que se atreven a colaborar con el enemigo. Pero también es un mensaje al exterior: somos implacables. El problema es que en este teatro macabro, la verdad suele ser la primera víctima. ¿Era Keshavarz realmente un espía profesional? ¿O simplemente alguien en el lugar equivocado en el momento más equivocado? En un país donde las confesiones televisadas son moneda corriente y los procesos judiciales son más rápidos que un tuit, la duda siempre queda flotando. Lo único claro es que Irán ha encontrado en la pena de muerte no solo un instrumento de represión interna, sino una herramienta de política exterior. Y mientras el mundo mira hacia otro lado, la cuenta sigue subiendo: 16… y contando.


