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miércoles, febrero 18, 2026

Tamales con fentanilo: cuando la comida callejera se vuelve mortal

Siete niños intoxicados en Puebla y el juego de culpas entre autoridades

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TL;DR

  • Siete niños de 2 a 11 años intoxicados tras comer tamales en Huauchinango, Puebla
  • Una niña de 10 años dio positivo a fentanilo en pruebas toxicológicas
  • Autoridades investigan si la contaminación fue intencional
  • Gobierno de Puebla dice que la regulación de puestos callejeros es responsabilidad municipal

El desayuno que casi los mata

Imagina esto: un sábado por la mañana en Huauchinango, Puebla. Siete niños, el mayor de 11 años y el menor apenas de 2, desayunan tamales en un puesto callejero de la colonia El Potro. Lo que debería ser un momento normal se convierte en pesadilla cuando empiezan los vómitos, la deshidratación y las convulsiones. Según reporta El País, la menor de 10 años termina con fentanilo en su sistema. Sí, leíste bien: fentanilo. El opioide sintético 50 veces más potente que la heroína que está matando a miles en Estados Unidos, ahora aparece en tamales poblanos.

El juego de las sillas musicales burocráticas

Mientras los niños luchaban por recuperarse en el hospital, con una niña de 10 años todavía hospitalizada y los otros seis ya dados de alta, las autoridades empezaron su coreografía favorita: el baile de las responsabilidades. El gobierno de Puebla, en un comunicado que parece escrito por alguien que nunca ha comido en la calle, declaró que «la autorización, regulación y supervisión de los puestos ambulantes de venta de alimentos en la vía pública corresponde exclusivamente a los ayuntamientos». O sea, según ellos, este desmadre no compete a la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado. Pero eso sí, «reiteran su responsabilidad de velar por la salud de la población». ¿En qué quedamos? ¿Son responsables o no? Porque velar por la salud suena bonito hasta que tienes que hacer algo más que emitir comunicados.

La pregunta que nadie quiere responder

La Fiscalía General abrió carpeta de investigación, lo cual es lo mínimo que podían hacer después de que siete niños terminaran intoxicados. Según la información disponible, las autoridades están haciendo «estudios científicos pertinentes para establecer en qué momento los tamales resultaron contaminados y si se trató de una acción intencional». Aquí es donde la cosa se pone turbia: ¿cómo carajos termina fentanilo en tamales? No es como que se te caiga accidentalmente de la bolsa de la harina. Este no es un caso de salmonela por mala higiene o de carne en mal estado. Esto es fentanilo, una sustancia controlada que no aparece en recetas de cocina tradicional.

Los números que duelen

Diana (11 años), Teodoro (9), Raúl (8), Abigail (6), Kenia (5), Yamilet (2) y la niña de 10 años cuyo nombre no se menciona. Siete vidas que podrían haberse perdido por un desayuno. Los médicos del Hospital General activaron protocolo de emergencia cuando llegaron los menores «muy desorientados», según describe El País. La evolución fue favorable para seis de ellos, pero una sigue hospitalizada. Y aquí viene lo más preocupante: si esto fue intencional, ¿qué objetivo tenía intoxicar a niños? ¿Y si fue accidental, cómo llegó esa droga a la cocina de un puesto callejero?

Lo que no dicen los comunicados

El gobierno estatal dice que los ayuntamientos son responsables de los puestos callejeros, pero omiten mencionar que muchos municipios no tienen ni los recursos ni el personal para hacer inspecciones regulares. Tampoco hablan de la cadena de suministro: ¿de dónde salió la masa? ¿Quién proveía los ingredientes? ¿Había más puestos del mismo proveedor? Porque si esto fue contaminación intencional, podría no ser un caso aislado. Y si fue accidental, significa que hay fentanilo circulando en espacios donde se prepara comida. Cualquiera de las dos opciones es aterradora.

El tamal que nadie pidió

Lo más absurdo de todo esto es que estamos hablando de tamales. Esa comida que huele a nostalgia, a madrugadas frías, a fiestas familiares. El platillo que representa lo más básico y reconfortante de la cocina mexicana. Convertirlo en vehículo para fentanilo no es solo un crimen, es una profanación cultural. Y mientras las autoridades se pasan la pelota de quién debe regular qué, los padres de esos siete niños deben estar preguntándose si alguna vez podrán volver a confiar en la comida de la calle. Porque cuando ni un tamal es seguro, ¿qué queda?

La cuenta pendiente

La Fiscalía tiene su carpeta de investigación, el gobierno estatal tiene su comunicado lavándose las manos, y los niños tienen sus recuerdos de un sábado que casi los mata. Pero hay una pregunta que sigue flotando en el aire de Huauchinango: ¿dónde está la persona que preparó esos tamales? El reporte no menciona detenciones, no habla de un vendedor identificado, no dice nada sobre quién estaba operando el puesto. Solo sabemos que siete niños comieron, se intoxicaron, y una niña de 10 años tiene fentanilo en la sangre. El resto es silencio oficial y preguntas sin respuesta. Y así, mientras debatimos responsabilidades burocráticas, alguien que puso fentanilo en tamales sigue suelto. Eso sí que da más miedo que cualquier convulsión.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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